«UN TRABAJO DE EQUIPO» GAYARRE AMIGOS ÓPERA Y ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA EN BALUARTE

Música Xabier Armendáriz

“Un trabajo de equipo”

‘la traviata’

Viernes, 31 de enero de 2025. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. La Traviata: Drama lírico en tres actos con libreto de Francesco Maria Piave y música de Giuseppe Verdi, estrenado en el Teatro de la Fenice de Venecia el 6 de Marzo de 1853. Nina Minasyan (Violeta Valèry), Santiago Ballerini (Alfredo Germont), Juan Jesús Rodríguez (Giorgio Germont), Andrea Jiménez (Anina), Nerea Berraondo (Flora Bervoix), Imanol Resano (Gastone), Jan Anthem (Barón Douphol), Juan Laborería (Marqués de Obigny), Mikel Zabala (Doctor Grenvil), Felipe Martínez (Giuseppe), Pedro del Burgo (Criado). Coro Lírico de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Javier Echarri, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Henning Brockhaus, director de escena. Josef Svoboda, escenografía. Giancarlo Colis, vestuario. Valentina Escobar, coreografía. Henning Brockhaus y Fabrizio Gobbi, iluminación. Perry So, director musical. Concierto inscrito en la temporada de abono de la Fundación Baluarte 2024-2025.

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Poner en pie una ópera es un trabajo de equipo. Lo es, por supuesto, porque hay que contar con una gran cantidad de personas trabajando en distintos terrenos, empezando por los músicos de la orquesta y terminando por los responsables de todos los elementos de la escena. Pero también lo es en términos vocales. Incluso en óperas donde se supone que hace falta contar con grandes voces, como en La Traviata de Verdi, en muchos casos el éxito de una representación depende de que el conjunto sea superior a la suma de las partes implicadas; es decir, a falta de estrellas, se necesita un equipo.

Llegada la última semana de Enero, vuelve la ópera a Pamplona, como viene siendo habitual en los últimos años. En este caso, lo hace con esta Traviata, donde seguramente el reclamo principal a priori era la presencia de Juan Jesús Rodríguez, pero que en términos musicales ha sorprendido favorablemente, empezando por la propia protagonista.

Con mucha frecuencia se ha escrito que, idealmente, harían falta tres cantantes para hacer el personaje de Violeta de manera satisfactoria: una soprano ligera para resolver las agilidades y los agudos del primer acto, una soprano lírica para el fraseo a flor de labio del segundo y una soprano dramática para los momentos más desgarradores del tercero. Pero en la práctica, a falta de una fuerza de la naturaleza como Maria Callas, lo mejor es contar con una cantante como Nina Minasyan, que en el primer acto demostró manejarse con facilidad en las numerosas dificultades de su escena en solitario y luego creció hasta un aria del tercer acto especialmente emocionante, aunque sólo cantara la primera estrofa. Su único relativo problema estaba en los agudos más extremos, que tendían a sonar algo estridentes, y por eso decidió acertadamente no hacer el célebre Mi bemol sobreagudo final que corona el temible “Sempre libera”.

A su lado, Santiago Ballerini tiene una voz demasiado ligera para cantar el papel de Alfredo, pero demostró gran calidad de fraseo en los dos dúos con Violeta, lo mejor de su actuación. Curiosamente, su gran aria del comienzo del segundo acto pareció menos cuidada en ese aspecto y la cabaletta subsiguiente no fue nada espectacular, incluso aunque Ballerini sí intentara el agudo tradicional no escrito del final.

Por último, a Juan Jesús Rodríguez no pareció afectarle la gripe que había hecho comunicar al comienzo del espectáculo. Su poderosa voz es en principio ideal para el personaje y su mejor momento llegó en la fiesta del segundo acto, al detener a Alfredo para que éste no siga acusando a Violeta sin tener información completa. Su relativa limitación apareció en el célebre “Di Provenza”, que quedó algo falto de matización.

Todos los demás personajes tienen papeles esencialmente secundarios y estuvieron en general bien cubiertos, en una función presidida por el espíritu de equipo que comentábamos. El Coro de la AGAO rindió a gran nivel, sobre todo en el encadenamiento en el segundo acto de los coros de gitanas y toreros. Perry So dirigió con gran atención a los detalles, ya desde un gran preludio al acto primero, y siempre atendiendo a lo que Arturo Reverter llama el “ritmo-tempo verdiano”, ese pulso firme que permite mantener la tensión dramática, sobre todo en las escenas de conjunto. Si el acompañamiento a Ballerini en su aria hubiese sido algo más reposado, hablaríamos de una dirección modélica.

En conjunto, fue una interpretación de La Traviata donde, más allá del triunfo individual de Nina Minasyan, se impuso el trabajo en equipo y se creó la sinergia que puede lograr que, a falta de grandes voces, la ópera llegue a ser un gran espectáculo en lo musical.

Autor entrada: xabier armendariz

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