«EL FUTURO DE LA ZARZUELA»: LA PÍCARA DEL BAZTAN DE ÍÑIGO CASALÍ EN EL GAYARRE

MÚSICA Xabier Armendáriz

El futuro de la zarzuela

«LA PÍCARA DEL BAZTAN«

Sábado, 18 de noviembre de 2023. Teatro Gayarre de Pamplona. Zarzuela en un acto con libreto de Carlos Crook y música de Íñigo Casalí, estrenada el 18 de Noviembre de 2023 en el Teatro Gayarre de Pamplona. Itxaso Moriones (Itxaso), Igor Peral (Mikel), Carolina Moncada (Mari), Darío Maya (Antxon). Coro de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera (AGAO). Orquesta. Íñigo Casalí, director. Producción de la AGAO y la Asociación de Txistularis de Navarra.

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Una de las noticias de actualidad que han alimentado la discusión en torno a la música clásica es que, hace unos meses, el Gobierno de España decidió impulsar la candidatura para que la zarzuela sea declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, igual que ya lo es el flamenco. La decisión ha producido una cierta polémica, incluso hasta extremos sorprendentes. Por una parte, están quienes defienden que el repertorio de la zarzuela constituye un corpus de obras de gran valor y que necesita sin duda de la protección que le podría dar la UNESCO. Por otra parte, hay quienes consideran que la zarzuela se ha convertido en un repertorio estanco, con un puñado de títulos que se programan una y otra vez y sin un verdadero futuro, incluso aunque instituciones como el Teatro de la Zarzuela sigan encargando obras como Policías y ladrones de Tomás Marco o, más mediáticamente, Trato de favor de Lucas Vidal, con texto de Boris Izaguirre.

La recepción de estas dos obras concretas en el Teatro de la Zarzuela fue, de hecho, bastante dispar, pero el teatro gestionado por el INAEM no es el único que, en los últimos tiempos, alimenta el repertorio nuevo de la zarzuela. En este caso, la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera presentaba en el Teatro Gayarre La pícara del Baztán, primera obra en el género de Íñigo Casalí, más conocido hasta ahora por sus óperas destinadas al público infantil. Junto al libretista Carlos Crook, han diseñado una obra cuyo argumento se desarrolla en el Valle del Baztán en el siglo XIX y que se hace eco del conflicto entre el grueso de la población y los llamados agotes, obligados a vivir en las afueras del pueblo, a dedicarse a oficios muy concretos y a subsistir en la pobreza. Compositor y libretista han configurado un libreto inteligente y con buenos golpes humorísticos, básicamente en español pero con algunas frases en euskera, (lo que también aplica a los cantables), con una historia atractiva y cuya lección moral es particularmente procedente en nuestro tiempo. En cuanto a la música, Íñigo Casalí no ha necesitado cambiar especialmente de lenguaje a partir del estilo caracterísstico de sus óperas infantiles; el modelo de El caserío de Guridi, con sus guiños al folklore vasco, era ineludible, y el compositor navarro ha sabido aprovecharlo sin quedarse en la pura imitación, ofreciendo su característica eficacia técnica y contando con una particularidad muy interesante: de la veintena de músicos que configuran la orquesta, la mitad son txistularis. Sería interesante poder escuchar una versión de esta zarzuela con orquesta completa.

El reparto funcionó de manera satisfactoria. Itxaso Moriones ofreció una buena actuación en el papel principal femenino, que tiene una escritura bastante exigente en agilidades y agudos. En principio, se supone que se necesitaría una voz de mayor entidad para el personaje y hubo momentos en que se le percibió con cierta tensión, pero sacó adelante la parte sin mayor problema. Igor Peral mostró su habitual valentía y disposición; no es un cantante dado a grandes sutilezas, pero afrontó su parte con arrojo y buen hacer. Carolina Moncada se adueñó del espectáculo en las partes habladas, actuando con desparpajo y haciendo reír al público; en lo vocal, supo hacer frente a una escritura que tampoco es sencilla. Darío Maya realizó también un papel destacable como Antxon, incluyendo partes vocales destacadas en el Brindis que tan importante es para el desenlace de la acción.

Fue el propio Íñigo Casalí quien se hizo cargo de la dirección de la función, lo que hizo demostrando eficacia y atención a la concertación entre foso y escena. El propio Coro de la AGAO ofreció una muy buena actuación, con una interpretación decidida y bien empastada en conjunto, algo importante teniendo en cuenta que hablamos de un personaje colectivo que es el quinto gran protagonista de la obra. En conjunto, hablamos de una zarzuela que convenció al público, que aplaudió con fuerza sobre todo a Casalí cuando salió a saludar. Sin ponernos estupendos ni buscarle tres pies al gato, este tipo de obras son las que pueden configurar el futuro de la zarzuela.

Autor entrada: xabier armendariz

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