Orquesta Cámara Teatro Reggio Parma 17/11/2013

En pequeño formato

 

Domingo, 17 de Noviembre de 2013. Teatro Gayarre de Pamplona. Orquesta de Cámara del Teatro Reggio de Parma. Vincenzo Bellini: Norma: Obertura, (1831). Gioachino Rossini: La Cenerentola: Obertura, (1817). Giacomo Puccini: Manon Lescaut: Intermezzo entre los actos II y III, (1893). Pietro Mascagni: Cavalleria rusticana: Intermezzo, (1890). Giuseppe Verdi: Juana de Arco: Obertura, (1845). La Traviata: Preludio al acto I, (1853). Aída: Preludio al acto I, (1871). Atila: Preludio al acto I, (1846). Nino Rota: El gatopardo: Vals, (1963). Concierto inscrito en el Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2013-2014.

 

En el diálogo más conocido de El pequeño príncipe, el protagonista se encuentra con el narrador de la historia y le encarga que le dibuje un cordero. Eso sí, el misterioso personaje precisa que el cordero en cuestión tiene que ser muy pequeño, porque tal como él dice, “en mi casa todo es pequeño”. En el mundo simbólico de esta historia, que en modo alguno es para niños, las dimensiones tan reducidas del mundo del pequeño príncipe reflejan la carencia de experiencia de la vida en los primeros años.

El responsable de la programación de este concierto también podría haber dicho aquello de que “en mi casa todo es pequeño”, aunque eso sí, en el sentido real de la expresión. La velada se celebró en un recinto relativamente reducido como el Teatro Gayarre, contaba con el concurso de una orquesta de cámara bastante limitada, que no llevaba percusión, y estaba conformada por dos partes de duración muy reducida, apenas media hora cada una.

Un repaso a las obras del programa es ilustrativo. La primera parte incluía las dos oberturas más desarrolladas, como eran las de Rossini y Bellini, y dos intermezzi de óperas veristas, de importante contenido musical pero escasa duración. Con respecto a la segunda parte, es suficiente advertir que la obra más larga era la obertura de Juana de Arco y, sin negar la extraordinaria factura de algunas de las otras obras incorporadas, la unión de todas ellas no alcanzaba el peso de un concierto habitual en este ciclo. El público, que en su mayoría simplemente disfrutó de la indudable belleza del repertorio, se quedó con sensación de escasez. Estas mismas obras sin descanso y con el orden cambiado, tal vez con la obertura de Cenerentola al final, habrían funcionado mejor.

En materia interpretativa, la orquesta no dio tampoco el nivel habitual del Ciclo de Grandes Intérpretes. El conjunto se comportó como un ensemble cohesionado, pero algunos pasajes mostraron que su calidad era netamente superior a la suma de las de sus miembros, individualmente consideradas. A este respecto, había irregularidades manifiestas. Mientras los solistas de viento funcionaron muy bien, con intervenciones especialmente logradas de flauta, oboe y clarinete en la obertura de Juana de Arco, obras como el intermezzo de Manon Lescaut mostraron a una cuerda de afinación dudosa.

La labor del concertino-director, cuya identidad quedó oculta al conocimiento del público por el programa de mano, no careció de momentos de interés. En particular, resultó muy lograda en la obertura de Rossini, que sonó con brío y gracia, y alcanzó cotas importantes de emoción en la de Juana de Arco, gracias a la mencionada musicalidad de los solistas de viento. En las demás obras, se escucharon lecturas expresivas, llenas de oficio y saber hacer, pero pocas veces llegó a alcanzarse verdadera emoción. Las dos propinas fueron a este respecto de lo mejor, especialmente una interpretación del tema central de La misión bien delineada, donde el oboe solista tuvo ocasión de cantar con libertad de tempo y magnífico fraseo. Pero la entusiasta recepción de ambas propinas fue en parte también producto de la propia escasez del programa oficial, que animaba al público a pedir más música.

En conjunto, fue un concierto que agradó al público, pero que se quedó corto de aspiraciones. En un contexto de menor escala la propuesta habría funcionado mejor, pero en este ciclo, en el que se dan cita algunos de los mejores solistas del mundo, resultó insuficiente.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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