Música Xabier Armendáriz
“Menos es más”
Jueves, 23 de abril de 2026. Teatro Gayarre de Pamplona. Cuarteto Quiroga (Aitor Hevia y Cibrán Sierra, violines; Josep Puchades, viola; Helena Poggio, violonchelo). Joseph Haydn: Cuarteto de cuerdas en Mi bemol mayor, Op. 20 número 1, (1772). Dimitri Shostakovich: Cuarteto de cuerdas número 8 en Do menor, Op. 110, (1960). Ludwig van Beethoven: Cuarteto de cuerdas número 12 en Mi bemol mayor, Op. 127, (1825). Concierto inscrito en la temporada 2025-2026 del Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Municipal Teatro Gayarre.
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El Cuarteto de cuerdas número 8 de Dimitri Shostakovich es, con toda seguridad, el más célebre de todos los compuestos durante el siglo XX. Hablamos de una composición que refleja algunos de los sucesos más trágicos de la Historia del siglo. Aunque la obra está dedicada nominalmente “a la memoria de las víctimas del fascismo”, una y otra vez escuchamos, desde las primeras cuatro notas, (Re-Mi bemol-Do-Si), el anagrama musical que, en la nomenclatura alemana, refleja la expresión D-S-C-H; es decir, el nombre y apellido del propio compositor. Todo ello sugiere, junto a las citas de otras composiciones del autor como el Trío con piano número 2 o el Concierto para violonchelo y orquesta número 1, una lectura mucho más personal e intimista, quizá acaso autobiográfica.
Esta obra de Dimitri Shostakovich fue el eje central del concierto que ofreció en el Teatro Gayarre el Cuarteto Quiroga, sin duda la segunda agrupación de cámara española más importante, sólo por detrás del Cuarteto Casals. Los cuatro componentes del Quiroga ofrecieron una interpretación muy eficaz, y curiosamente muy apartada de lo que históricamente se espera en esta obra. Ya desde el comienzo, la escritura de Shostakovich muestra una tensión dramática constante y disonancias evidentes que pocas veces resuelven, lo que invita a interpretaciones muy cargadas en lo retórico, con acentos expresivos evidentes desde el principio; los cuartetos Beethoven o Borodin, compuestos por músicos que conocieron directamente al compositor, apuestan evidentemente por esta tendencia. Sin embargo, el Cuarteto Quiroga adoptó una actitud muy ahorrativa con el vibrato, evitando toda exageración en los acentos y musitando el discurso, reservando sus energías para los movimientos rápidos, que sonaron con toda su crudeza. El resultado fue una interpretación excepcional, que mantuvo el interés del público en todo lo alto de forma constante. Pocas veces se consigue más de medio minuto de silencio después de terminar la interpretación de una obra, y pocas veces ese silencio está tan justificado.
La sesión se había abierto con el Cuarteto de cuerdas Op. 20 número 1 de Haydn, una obra de primera madurez del compositor de Rohrau en la que los cuatro componentes demostraron que se combinan de manera muy equilibrada, sin que de forma aparente ninguna de sus cuatro personalidades destaque sobre los demás. También mostraron que los cuartetos de Haydn pueden tener contenido y que no deben ser sólo obras de calentamiento para introducir después otros autores. Pero quizá lo más esperado era su interpretación del Cuarteto Op. 127 de Beethoven, primera en el catálogo de las composiciones finales en este género del compositor de Bonn. Como sus hermanos dentro de este grupo, este cuarteto nos muestra a un Beethoven experimental, que centra nuestra atención en un expandido tema con variaciones que hace las funciones de movimiento lento. El Cuarteto Quiroga no temió a las posibles dificultades de esta obra; planteó el primer movimiento sin dudas y de un solo trazo, para luego extenderse en el segundo movimiento sin permitir que la música se arrastrara en ningún momento. Fue muy destacable la pujante rítmica del Minueto, bien subrayada en todo momento, que provocó un inmediato aplauso del público abortado por el comienzo, sin pausa, de un cuarto movimiento lleno de energía. En buena lógica, un cuarteto de estas características no admite propinas, pero el Cuarteto Quiroga encontró una alternativa posible: la sonata con la que se abre la Cantata BWV 106 de Bach.
En conjunto, el Ciclo de Grandes Intérpretes se ha apuntado un gran tanto a su favor. El Cuarteto Quiroga ha respondido plenamente a las expectativas y ha ofrecido, junto con el recital de Grigori Sokolov, una de las cimas de la temporada pamplonesa 2025-2026.


