Música Xabier Armendáriz
“Intimidad salonesca”
Martes, 13 de mayo de 2025. Teatro Gayarre de Pamplona. Midori, violín. Özgür Aydin, piano. Robert Schumann: Tres romanzas para violín y piano, Op. 94, (1849). Clara Schumann: Tres romanzas para violín y piano, Op. 22, (1853). Johannes Brahms: Sonata para violín y piano número 2 en La mayor, Op. 100, (1886). Francis Poulenc: Sonata para violín y piano, FP 119, (1949). Robert Schumann: Cinco piezas al estilo popular, Op. 102, (1849). Maurice Ravel: Tzigane, rapsodia para violín y piano, (1924). Concierto inscrito en el Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2024-2025
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Tzigane ha sido, durante muchos años, la obra camerística más apreciada por el público de Maurice Ravel. Se inicia con una extensa cadencia del violín, que presenta a modo de rapsodia una serie de motivos breves en una secuencia muy ornamentada e insinuante, con constantes giros orientalizantes, en realidad basados en las técnicas de improvisación de los violinistas gitanos húngaros, fuente de inspiración de la obra. Pero es al final de la cadencia cuando llega el verdadero golpe de genio del compositor. Aunque habitualmente se toque con acompañamiento de piano, (existe también versión orquestal), la obra estaba concebida para ser interpretada con acompañamiento de luthéal, un instrumento de teclado cuyo sonido recuerda al del cymbalon húngaro, de manera que la primera entrada del instrumento acompañante debería ser insinuante y muy recogida.
Fue Tzigane de Maurice Ravel la obra que cerró el concierto de clausura del Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Municipal Teatro Gayarre, y también la interpretación más definitoria de la sesión. Midori, violinista japonesa que alcanzó sus años de mayor notoriedad en los años 1990 y primeros 2000, ofreció una interpretación intimista de la cadencia, muy lejos de la pasión y arrebato con la que muchos intérpretes afrontan la obra, incluyendo ella misma cuando la grabó en su juventud. En ese contexto, la entrada del pianista Özgür Aydin resultó ideal por su carácter recogido e intimista, mucho más cercano a las influencias folklóricas de lo que estamos acostumbrados y del carácter salonesco, más que concertante, que inspiró la obra.
Durante toda la sesión, Midori había adoptado una aproximación similar, pero sólo en Tzigane consiguieron ella y su pianista acompañante el efecto pretendido. Midori ofreció en todo momento un sonido delicado, de volumen reducido, que obligó a Aydin a ajustar las dinámicas en consecuencia. En ese sentido, resultó especialmente interesante comparar este concierto con lo que escuchamos en el recital de Janine Jansen y Denis Kozhukin en Baluarte, más aún considerando que había dos obras comunes. En la primera parte, ambos dúos interpretaron la Sonata para violín y piano número 2 de Brahms, que en manos de Midori y Özgür Aydin resultó más íntima pero menos intensa y concentrada, asimismo más contrastada en las dos secciones que se alternan en el movimiento lento. A cambio, en la segunda parte ambos dúos interpretaron la Sonata para violín y piano de Poulenc, que en manos de Midori y Ögür Aydin resultó más ortodoxa en su carácter neoclásico, más ligera en concepto y cercana a lo que se supone que representa el espíritu de Poulenc, también menos dramática y contrastada.
En conjunto, fue un concierto de interés, con dos artistas dispuestos a llevar un concepto intimista y recogido hasta las últimas consecuencias. Ambos intérpretes tardaron en entrar en materia, (el pianista nunca se situó en la versión de las Romanzas Op. 94 de Robert Schumann), pero cuando los dos sintonizaron se consiguieron resultados de gran nivel, sobre todo en esa versión tan personal de la Tzigane de Ravel.

