Música Xabier Armendáriz
«Más allá de ‘Mi patria’»
Miércoles, 5 de febrero de 2025. Teatro Gayarre de Pamplona. Cuarteto Bennewitz . Joseph Haydn: Cuarteto de cuerdas en Fa mayor, Op. 77 número 2, Hob. III:82 (1799). Viktor Ullmann: Cuarteto de cuerdas número 3, Op. 46 (1943). Bedrich Smetana: Cuarteto de cuerdas número 1 en Mi menor, JB 1:105 (De mi vida), (1876). Concierto inscrito en el Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2024-2025.
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El compositor checo Bedrich Smetana (1824-1884) es, seguramente, una de las figuras musicales más injustamente olvidadas del siglo XIX. El bicentenario de su nacimiento se conmemoró en 2024 pero, al contrario de lo que ocurrió con Anton Bruckner, apenas recibió atención. Las únicas novedades relevantes fueron una grabación, algo decepcionante, del ciclo de poemas sinfónicos Mi patria con la Filarmónica Checa y su titular Semyon Bychkov y, sobre todo, una fundamental reedición de las óperas completas del compositor que ha publicado el sello nacional checo Supraphon. Así que, para el común de los melómanos, Smetana seguirá siendo el compositor del Moldava, segundo de los seis poemas sinfónicos que componen el citado Mi patria, y, si acaso, de un conjunto de danzas instrumentales extraídas de La novia vendida, su ópera más conocida.
Pero Bedrich Smetana también demostró su capacidad en la música de cámara. Lo comprobamos en el primer concierto del Ciclo de Grandes Intérpretes del Teatro Gayarre, donde el Cuarteto Bennewitz ofreció su interpretación del Cuarteto de cuerdas número 1. Hablamos de una obra en cierto sentido autobiográfica, aunque ninguno de sus cuatro movimientos tenga un título descriptivo explícito, y de gran potencial sinfónico, como demostró el director húngaro Georges Szell cuando transcribió la obra para orquesta completa. La música posee sin duda un considerable aliento dramático, sobre todo patente en sus dos movimientos extremos, aunque el color checo aparezca de forma más evidente en los temas de contenido más lírico o en la Polka que cumple el papel de scherzo.
Sin duda, los miembros del Cuarteto Bennewitz demostraron plena identificación con la música y que constituyen una formación sólida, bien equilibrada, sin fisuras y donde los cuatro instrumentistas muestran un nivel técnico impecable, sin que la personalidad de ninguno de ellos prime sobre los demás. Su interpretación de la obra fue especialmente flexible en el manejo del tempo, algo particularmente importante en el primer movimiento. El cierre del último movimiento, que retrata musicalmente los acúfenos que percibía el compositor conforme iba perdiendo la audición, fue especialmente intenso.
La sesión se había iniciado con el Cuarteto de cuerda Op. 77 número 2 de Joseph Haydn, el último compuesto por el autor austríaco que, aunque no fuera exactamente el creador del género, sí contribuyó decisivamente a establecer sus características más distintivas. El Cuarteto Bennewitz ofreció una interpretación técnicamente muy perfecta y equilibrada, que destacó por la agudeza rítmica del Scherzo, pero donde se percibió un afán demasiado marcado por separar las secciones de cada movimiento, a veces con silencios demasiado largo o cambios de tempo demasiado marcados.
Sí resultó francamente iluminadora la interpretación del Cuarteto de cuerdas número 3 de Viktor Ullmann, compositor asesinado en los campos de extermino nazi. Hablamos de una obra de perfil eminentemente neoclásico, deudora del espíritu de Paul Hindemith pero donde también se percibe un puntual aliento expresionista. Los miembros del Cuarteto Bennewitz ofrecieron su mejor nivel y demostraron plena convicción y entrega.
De propina, los miembros del Cuarteto Bennewitz presentaron en muy correcto español el Tango-Milonga, tercera de las Cinco piezas para cuarteto de cuerda de Erwin Schulhoff, otro autor que padeció el horror de la persecución nazi. Pocos rastros quedan de los aires de tango en esta obra, que ha alcanzado hoy mayor difusión por la versión para orquesta de cuerdas que grabó recientemente Manfred Honeck. Pero al final, todos nos quedamos con la interpretación del Primer Cuarteto de Smetana, que es mucho más que el compositor de un ciclo de poemas sinfónicos llamado Mi patria.

