El juramento Joaquín Gaztmambide10/05/2013

Vuelta a la vida

 

Viernes, 10 de Mayo de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. El juramento: Zarzuela grande en tres actos, con libreto de Luis de Olona y música de Joaquín Gaztambide, estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 20 de Diciembre de 1858. Sabina Puértolas (María), Carmen González (La Baronesa), Gabriel Bermúdez (El Marqués), David Menéndez (Don Carlos), Xavier Ribera-Vall (El Conde), Javier Galán (Peralta), Alexandre Guerrero (Sebastián), Ariel Carmona, David Martín, Jose Carlos Quirós, Luis González, Eduardo Carranza, Joseba Pinela, Sergio Herrero y Javier Crespo (Figurantes). Coro Premier Ensemble de la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Sinfónica Barbieri. Emilio Sagi, director de escena. Gerardo Trotti, escenógrafo. Eduardo Bravo, iluminación. Jesús del Pozo, figurinista. Oliver Díaz, director musical. Producción del Teatro de la Zarzuela de Madrid presentada en Pamplona por la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera.

 

El redescubrimiento de obras y autores poco transitados siempre es una buena noticia. La recuperación de Joaquín Gaztambide en Navarra, su tierra natal, era  una deuda pendiente, que la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera se ha esforzado por saldar. El juramento, el título más popular de Gaztambide en su tiempo, llevaba muchas décadas olvidado  hasta su recuperación para las programaciones en el año 2000, precisamente gracias a esta producción escénica de Emilio Sagi.

Con El juramento, estamos ante una zarzuela de primera época, contemporánea  a la primera versión de Marina de Arrieta. Es una obra de factura característicamente italiana, con influencias  perceptibles de la ópera belcantista de Bellini. En el preludio al tercer acto, hay una cita de Luisa Miller de Verdi, una ópera que se había estrenado menos de diez años antes. Los aires castizos que empezarán a aflorar poco después en toda su magnitud, pensemos en Pan y toros de Barbieri, aún no están presentes. Los momentos de máximo interés de la obra son, además del coro de la murmuración del segundo acto, las intervenciones, a solo o a dúo, de los dos protagonistas. Al final de la función ninguna melodía se queda especialmente impresa en la memoria del público, precisamente porque  hay muchos  momentos de melodías agradables.

Teniendo como marco la alabada producción de Emilio Sagi, historicista como suele ser habitual en él, se reunió para esta ocasión un reparto en el  que destacaron  sin duda los dos grandes protagonistas. Sabina Puértolas, con su timbre carnoso y su magnífico legato, es la cantante ideal para el personaje de María, y resultó igualmente convincente al matizar en toda su magnitud las largas intervenciones habladas. Gabriel Bermúdez se mostró como el típico barítono de zarzuela, de voz poderosa pero capaz de matizar adecuadamente el texto. Su experiencia cantando lieder le ayuda sin duda en ese empeño. Las voces de ambos coordinaron perfectamente en los dúos, y en particular su escena del piano en el segundo acto fue un lujo en todos los aspectos.

El resto de personajes fueron servidos con eficacia. De todos ellos, el más complicado es el de la Baronesa, que tiene importantes pasajes de coloratura en el primer acto que Carmen González supo resolver. En los demás casos, lo importante es reunir un reparto de cantantes que, además de poseer la voz adecuada para sus papeles, resulten convincentes en las  partes habladas, algo que se consiguió. En lo puramente vocal, destacó el Peralta de Javier Galán, que sirvió perfectamente de contrapeso a Bermúdez en su intervención conjunta del primer acto.

Oliver Díaz es un director joven pero experimentado en los fosos de ópera y zarzuela. Dejando de lado un comienzo en donde se constató la dificultad de  coordinar con la escena desde el foso, acompañó de manera diligente y comedida. Quizá no sacó de la partitura todo el partido que ésta ofrece, por carecer la dirección  del pulso dramático adecuado. La orquesta se mostró como un instrumento eficaz, y el coro realizó una labor compacta.

En todo caso, el mérito de la AGAO es traer a Pamplona la música de un importante compositor navarro, que conquistó para sí fama y gloria en la escena musical madrileña. Esperamos que estas recuperaciones continúen y sirvan para devolver a la vida otras obras igualmente olvidadas del género lírico español.

 

 

 

 

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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