Cuarteto Kopelman Elisabeth Leonskaja Ravel Debussy Szymanowski Franck 21/05/2013

Un gran placer

 

Martes, 21 de Mayo de 2013. Teatro Gayarre de Pamplona. Cuarteto Kopelman, (Mikhail Kopelman y Boris Kuschmir, violines; Igor Suliga, viola; Mikhail Milman, violonchelo). Elisabet Leonskaja, piano. Maurice Ravel: Valses nobles y sentimentales, (1911). Claude Debussy: Preludios para piano, libro I: El viento en la llanura y La chica de los cabellos de lino, (1910). Preludios para piano, Libro II: Fuegos de artificio, (1913). Karol Szymanowski: Nueve preludios, Op. 1: Selección, (1900). Cuarteto de cuerdas número 1, Op. 37, (1917). César Franck: Quinteto para dos violines, viola, violonchelo y piano en Fa menor, (1881). Concierto inscrito en el Ciclo de Grandes Intérpretes organizado por la Fundación Municipal Teatro Gayarre.

 

El Teatro Gayarre es un escenario muy particular. Sus dimensiones, tan propias de los teatros del siglo XIX, nos recuerdan su solera y tradición, como también lo hace la particular disposición de las plateas del primer piso, que permiten un recogimiento mayor que, pongamos por caso, en Baluarte. Por otra parte, la acústica es realmente espléndida, y se adapta muy bien a los conciertos de cámara.

Viene esto a cuento porque, cuando Elisabet Leonskaja comenzó a interpretar los Valses nobles y sentimentales de Ravel, el autor de este texto se imaginaba esta música en aquellos salones burgueses de esa misma época, frecuentados por familias acomodadas que aderezaban su reunión con entretenimientos musicales. El ensoñado homenaje schubertiano de Ravel, servido con una concentración tan extrema, fue ciertamente un regalo para los oídos, propiciado por el intimismo de la acústica de la sala.

A los valses ravelianos siguió una selección de los Preludios para piano de Debussy. Tratándose de una música tan evocadora, Leonskaja acertó en la caracterización de las situaciones, cuidando especialmente la calidad de sonido, como es regla fundamental del estilo debussiano. Sólo La chica de los cabellos de lino pareció un poco apresurado, como si Leonskaja temiese una excesiva languidez. En todo caso, el preludio de Szymanowski con el que concluyó su actuación en solitario le redimió con creces.

Entonces entró en escena el Cuarteto Kopelman, una formación veterana que cuenta con un sonido propio especialmente penetrante, en buena medida gracias a la destacada personalidad musical de su primarius, Mikhail Kopelman, cuyos golpes con el pie en el suelo eran claramente audibles. No obstante ese sonido tan brillante, el cuarteto encontró un lugar para el intimismo y el misterio de la música de Szymanowski, a la que supo emparentar con la música de Debussy y Ravel. El resultado fue inequívocamente francés, por el contenido lirismo del conjunto. La compenetración fue absoluta, alcanzándose una versión de alto nivel muy premiada por el público.

El Quinteto con piano de Franck es una de las obras más importantes del autor belga, y era una lástima que no se hubiese escuchado más frecuentemente en Pamplona. Su forma cíclica, con la reutilización de temas en diferentes movimientos, y el misterioso acontecer armónico en muchos momentos diseminados a lo largo de la obra, señalan la firma de Franck y, para hacerle justicia, hay que compaginar un sabio distanciamiento francés con la profundidad wagneriana en el piano. Esto último estaba garantizado por Elisabet Leonskaja, absolutamente segura en la articulación de los bajos. Pero la pianista no se contentó con buscar un protagonismo personal, sino que se compenetró de manera extraordinaria con el resto del grupo. El lirismo del tiempo central fue uno de los grandes momentos de la noche. Al final, fuertes aplausos recompensados con el Intermezzo del Quinteto con piano de Shostakovich, con toda su atmósfera opresiva y amenazante.

En conjunto, fue una velada muy agradable y otoñal, que casi nos trasladó a otro tiempo, el de la música de los salones. Una época que ya no existe, que quizá nunca existió, pero de la que el Teatro Gayarre es en buena parte reflejo. Fue ciertamente un gran placer, probablemente el mejor concierto en conjunto de todo el ciclo.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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