clásica Xabier Armendáriz
«Redescubriendo tesoros«
‘falstaff’
Miércoles, 2 de abril de 2025. Teatro del Museo de la Universidad de Navarra. Falstaff: comedia lírica en tres actos con libreto de Arrigo Boito y música de Giuseppe Verdi, estrenada en el Teatro de la Scala de Milán el 9 de Febrero de 1893. Omar Kamata (Sir John Falstaff), Nomachi Tomohiro (Ford), Julen Jiménez (Fenton), Enrique Ferrer (Doctor Cajus), Guiomar Cantó (Alice Ford), Carolina Bardas (Meg Page), María Luisa Corbacho (Mistress Quickly), Aída Turganbayeva (Nanetta), Jose Miguel Baena (Bardolfo), Armando del Hoyo (Pistola). Coro de la Universidad de Navarra. Ekhi Ocaña, director del coro. Orquesta Sinfónica de la Universidad de Navarra. Liuba Cid, directora de escena. Borja Quintas, director musical. Producción organizada en colaboración con la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera.
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Cuando se estrenó Otello en 1887, la comunidad operística internacional creía que la carrera teatral de Giuseppe Verdi había terminado. Era bien sabido que a su editor Giulio Ricordi y a su libretista Arrigo Boito les había resultado muy complicado convencerle para componer Otello y la perspectiva de una posible ópera posterior parecía altamente improbable. Pero Arrigo Boito recurrió de nuevo a Shakespeare, un autor que siempre despertó el interés de Verdi, y planteó un nuevo libreto en torno a la figura de John Falstaff, el celebrado vividor y aprovechado retratado por el bardo en dos de sus obras más célebres. Seis años después, Verdi estrenaba la que, esta vez sí, sería su última ópera, una obra llena de vitalidad, tejida en lo dramático con gran habilidad y llena de golpes de efecto de todo tipo. Musicalmente, Verdi ofreció una de sus creaciones más complejas, con una orquesta refinada y detallista, sobre todo en una escena final exquisita. Críticos y musicólogos siempre han valorado Falstaff como una de las cumbres de la creación verdiana, pero la ópera no ofrece oportunidades de lucimiento a los cantantes, así que ningún fragmento de esta ópera pasa a los recopilatorios discográficos de arias famosas. Así, los aficionados a la ópera la conocen menos que otras obras del Verdi final.
Por eso, resulta especialmente estimulante que el Museo de la Universidad de Navarra haya programado este título para su proyecto escénico de 2025. Como siempre, han contado con la Orquesta de la Universidad de Navarra, un conjunto bien trabajado por Borja Quintas, que ofreció una dirección muy teatral, siempre pendiente de las necesidades de los cantantes. A veces resulta inevitable que algunos de los concertantes de esta ópera no salgan del todo ordenados, pero en general Borja Quintas sorteó ese peligro y manejó la obra con soltura.
Una de las ventajas fundamentales de abordar una ópera como Falstaff en un proyecto como el que realiza el Museo de la Universidad de Navarra es que, en general, este título no requiere grandes voces, sino más bien un equipo de cantantes que funcione de manera equilibrada. La excepción es justamente el personaje de Falstaff, que tiene un papel más extenso y necesita un barítono con personalidad como cantante y actor, que ofrezca el timbre característicamente poderoso de las voces verdianas y matice con atención.
En este sentido, Omar Kamata ofreció un timbre algo apagado y, aunque cantó bien, el carácter expansivo de Falstaff quedó en lo vocal algo diluido, aunque a juzgar por las reacciones del público, la caracterización teatral sí fue muy convincente. Por lo demás, el reparto funcionó con gran eficacia, con algunas actuaciones sobresalientes, en particular la pareja formada por Julen Jiménez y Aída Turganbayeva como Fenton y Nanetta, respectivamente. Fue también destacable la Mistress Quickly de María Luisa Corbacho, que desplegó la vena más sarcástica del personaje, y el complemento vocal bien logrado entre la Alice Ford de Guiomar Cantó y la Meg Page de Carolina Bardas, esta última en la frontera entre las voces de soprano y las de mezzosoprano.
Aunque los cantantes masculinos del reparto no rindieron exactamente al mismo nivel que sus compañeras, sí resultó el conjunto muy equilibrado, teniendo en cuenta que la acústica y las dimensiones del Teatro del Museo de la Universidad de Navarra ayudan bastante a las voces. Siempre es estimulante observar a un conjunto de estudiantes jóvenes participar en un montaje de este tipo y el Coro de la Universidad de Navarra ofreció buen rendimiento en su breve actuación.
En conjunto, la función se saldó con un éxito de público resonante y muy merecido. Poner en pie una obra como Falstaff es un riesgo que no todas las instituciones que programan ópera están dispuestas a afrontar y el resultado permitió disfrutar de uno de los tesoros relativamente olvidados de la producción de Verdi.
Todo en el mundo es burla
escena Fernando Hernández
F ALSTAFF es, en competencia con Las bodas de Fígaro y El barbero de Sevilla, la ópera más divertida, y la representación del miércoles en el Teatro Museo Universidad de Navarra hizo honor a la comedia de Giussepe Verdi.
Liuba Cid ofreció una puesta en escena actualizada y razonablemente pícara que subrayó todos los elementos cómicos que vienen de Las alegres comadres de Windsor, la obra de Shakespeare en la que se basó esencialmente Arrigo Boito, el libretista de Verdi, para componer la ópera.
Falstaff es una opera coral (los números de conjunto, incluidos varios octetos son abundantes) y necesita un reparto parejo en dotes escénicas y vis cómica. El elenco, encabezado por Omar Kamata, respondió a las exigencias de sus partes y transmitió al patio de butacas que también se estaban divirtiendo.
Quizás el principal reproche que se le puede hacer a la puesta en escena es que no mantiene la coherencia (o este espectador no se la vio) durante toda la representación. Aunque se supone que estamos viendo un programa de televisión (ese Falstaff Show que se proyectaba contra el telón), el público está arrinconado y no es evidente, y las cámaras no se ven hasta el comienzo del tercer acto. Los cambios de escenario de la primera parte de la representación los amenizaba, con bastante gracia, por cierto, un programa de radio. Y cuando llega el final en el bosque de Windsor, la idea ha desaparecido.
Aunque el crítico americano Harold Bloom creyera que Falstaff no se merecía el tratamiento que recibe en Las alegre comadres de Windsor por parte de Shakespeare, en la ópera de Verdi es un personaje complejo, aunque no quiera aceptar que el paso del tiempo ha acabado con sus dotes de seductor.
“Todo en el mundo es burla” y “quien ríe el último ríe mejor”, dice toda la compañía en el último número. El mensaje no deja de ser un poco nihilista, pero vivimos en un momento en que reírse de todo es casi una estrategia de supervivencia.

