«EN CONTEXTO» AGUSTÍN GONZÁLEZ ACILU EN EL MUSEO UNIVERSIDAD DE NAVARRA CON O.S.N.

MÚSICA Xabier Armendáriz

“En contexto”

Viernes, 15 de Marzo de 2024. Teatro del Museo de la Universidad de Navarra. Orquesta Sinfónica de Navarra. Borja Quintas, director. Julio Gómez: Suite en La: Preludio, (1915). Fernando Remacha: Cartel de fiestas, (1947). Teresa Catalán: La victoria vacía, (2022). Agustín González-Acilu: Sinfonía número 3, (estreno absoluto). Concierto inscrito en el Ciclo Cartografías de la Música 2024.

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Una vez que terminó de afinar la Orquesta Sinfónica de Navarra, y sin que saliera el director, empezó a escucharse la música. Era el primer movimiento del Concierto de Brandemburgo número 1 de Bach. Como el hecho no estaba anunciado en el programa de mano ni en la web del Museo de la Universidad de Navarra, (sí en la de la Sinfónica de Navarra), esta “propina previa” se vivió como un gesto espontáneo, una sorpresa que la agrupación regalaba a sus oyentes en un homenaje a un autor como Agustín González-Acilu.

Y fue sin duda un acierto considerable empezar este acto con música de Johann Sebastian Bach. El compositor alsasuarra, miembro de la Generación del 51 y uno de los popes de la vanguardia musical española, era una persona generalmente iconoclasta, pero siempre percibió en Bach al músico capaz de conciliar ciencia y arte y superar otras variables musicales, como la atención por el color orquestal. Incluso escuchar el fragmento con instrumentos modernos fue un recordatorio de ese rasgo de la escritura bachiana, perfecta en su sobriedad y en su diseño formal. A continuación, Teresa Catalán, distinguida alumna de González-Acilu, presentó la sesión y situó muy acertadamente al alsasuarra en contexto, así como el programa que se iba a escuchar.

Se abrió la sesión con el Preludio de la Suite en La de Julio Gómez, profesor de González-Acilu en Madrid y autor que, aunque vivió hasta bien entrado el siglo XX, siempre se consideró a sí mismo heredero de la estética del siglo XIX. Bien se demuestra precisamente en esa obra, con su escritura entre debussysta e hispanizante. Esta Suite en La es la composición más característica del autor y ha pasado demasiado tiempo desde que la Sinfónica de Navarra la ofreció entera por última vez. Borja Quintas interpretó el Preludio con todo su sabor y dejó ganas de escuchar la obra íntegra.

Siguió la velada con Cartel de fiestas de Fernando Remacha, una de las obras que resituó al compositor tudelano en el panorama musical navarro tras la Guerra Civil. La obra es una suerte de collage neoclásico construido a partir de melodías muy reconocibles y de carácter festivo, lo que ofrece por momentos resultados algo abigarrados y de gran animación que alentaron aplausos al final de algunos movimientos. Quintas dirigió la obra con entrega y dedicación.

Se cerró la primera parte con La victoria vacía de Teresa Catalán, encargo de la Euskadiko Orkestra con ocasión del Proyecto Elcano con el que la agrupación vasca celebraba el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Hablamos de una obra altamente evocadora, cuyo comienzo retrata la soledad del mar y cuya continuación ofrece un paisaje agreste, sin que haya casi espacio para el lirismo. Eso sí, la paleta orquestal de Catalán es muy completa y la Sinfónica de Navarra ofreció una gran interpretación de la que, seguramente, es una de las mejores obras del Proyecto Elcano.

Ya en la segunda parte, se escuchó la Sinfonía número 3 del propio Agustín González-Acilu, cuya edición ha sido posible gracias a que la familia ha entregado los materiales necesarios. Hablamos de una partitura en un movimiento donde apenas se intuye relación con lo que se puede entender como sinfonía en un contexto tradicional. La escritura orquestal de González-Acilu se presenta con total sobriedad, deudora de la ausencia de gestos del Stravinsky neoclásico y generando una estructura que apenas da respiro al oyente. Los aplausos del público surgieron de manera inmediata, respondiendo al final tan poderoso de la obra y dejando apenas tiempo para asimilar su mensaje. Pero Borja Quintas sí que lo hizo y ofreció una lectura bien cohesionada, a pesar de la pluralidad de secciones de la obra.

En conjunto, fue un homenaje muy apropiado a Agustín González-Acilu, donde no faltaron ninguno de sus referentes ni tampoco la que ha sido su discípula más distinguida. Todo ello además ofrecido con gran atención musical a los detalles. Lo siguiente sería reproducir un concierto como éste en temporada de abono…

Autor entrada: xabier armendariz

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