Philipe Jaroussky Orquesta Barroca de Venecia Andrea Marcon 29/10/2013

Baluarte, diez años (II)

 

Martes, 29 de Octubre de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Philipe Jaroussky, contratenor. Orquesta Barroca de Venecia. Andrea Marcon, clave y director. Nicola Porpora: El germánico: Obertura, (1732). Ariadna y Teseo: Aria “Mira in cielo”, (1733). Semiramide reconocida: Aria “Si pietoso il tuo labbro”, (1729). Leonardo Leo: L’Olimpiade: Obertura, (1737). Nicola Porpora: Ifigenia in Aulide: Aria “Nel già bramoso peto”, (1735). Semiramide d’Asiria: Aria “Come nave in bria tempesta”, (1724). Giuseppe Sarti: Armida y Rinaldo: Tempestad, (1785). Nicola Porpora: Orfeo: Aria “Dall’amor più sventurato”, (1736). Ifigenia in Aulide: Aria “Le limpid’onde”, (1737). Francesco Geminiani: Concerto grosso en Re menor, Op. 5 número 12, (La folía), (basado en la Sonata para violín y continuo Op. 5 número 12 de Arcangelo Corelli), (1727). Nicola Porpora: Polifemo: Arias “Alto giove”, y “Nell’attendere il mio bene”, (1735). Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2013-Enero 2014.

 

Proseguía esta semana grande con importantes actuaciones en Baluarte en conmemoración del décimo aniversario, con la presencia de uno de los cantantes más reconocidos de hoy. El contratenor francés Philipe Jaroussky, el más reputado de la actualidad, se presentaba en Pamplona con un programa en el que rendía homenaje al castrado más célebre de la Historia, Carlo Broschi “Farinelli”, con arias de su maestro Nicola Porpora. Un repertorio de gran dificultad técnica, máxime cuando afortunadamente hoy no disponemos del tipo vocal para el que fue concebido.

Es conveniente recordar que los castrados eran cantantes masculinos a los que, antes de que cambiaran la voz, se les amputaba  los testículos para mantener la voz blanca original y a la vez aprovechar la capacidad pulmonar propia de los adultos. Muy pocos castrados llegaban a hacer fortuna, desde luego, pero los que podían trabajar al máximo nivel lograban resultados extraordinarios convirtiéndose, al menos a tenor de lo que los compositores escribieron para ellos, en auténticas fuerzas de la naturaleza.

Philipe Jaroussky no es una fuerza de la naturaleza. Es un hombre que, gracias a una técnica recuperada en tiempos relativamente recientes, como es la emisión en falsete, puede cantar en registro propio de una voz femenina. Pero la voz no es grande ni tiene especial atractivo, y la capacidad de Jaroussky para realizar frases largas en el canto spianato o lírico es limitada. Y era precisamente éste el aspecto en el que más destacaban los verdaderos castrados, a tenor de las fuentes contemporáneas.

Con estos medios, no parecería Jaroussky el cantante más apropiado para un repertorio como el que nos ocupa. La escritura vocal de Nicola Porpora en las arias más líricas es endiabladamente difícil, si se quiere sostener un fraseo adecuado. Pero Jaroussky también es cantante de aguda musicalidad, capaz de sutilísimos matices en la modulación del sonido, como demostró bien en los comienzos de los da capo de casi todas las arias. Y sobre todo, maneja muy bien la coloratura, las agilidades y todo tipò de adornos. Por eso, lo más interesante del concierto fueron las arias de bravura, resueltas con una facilidad impresionante, que el público premió con sonoros y merecidos aplausos. Al final del concierto, Jaroussky hubo de dar dos arias fuera de programa, que se contaron entre lo mejor de la velada.

Por lo demás, el francés venía acompañado por la Orquesta Barroca de Venecia, un conjunto de instrumentos originales de inmensa competencia técnica. De entre todos sus miembros, destacaron por la dificultad de los pasajes encomendados a ellos los intérpretes de trompa natural, que estuvieron sobresalientes. Desde el clave les dirigía Andrea Marcon, un músico en alza que supo acompañar con gran diligencia a Jaroussky en las arias. Pero donde más destacó el italiano fue en las oberturas y, en particular, en un concierto de Geminiani espléndido, festivo, cargado de contrastes en consonancia con las diferentes variaciones de las folías.

En conjunto, asistimos a un concierto en donde Philipe Jaroussky mostró su valía y las ventajas y limitaciones que un contratenor puede tener al abordar el repertorio escrito para los castrados. Siendo conscientes de que no estamos ante una voz ideal, hay que reconocer los importantes resultados de Jaroussky en este repertorio, que supone un desafío natural para quien es el máximo representante de su tipo vocal de su generación.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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