Música Xabier Armendáriz
Escena Fernando Hernández
«Tosca se impone»
Una puesta en escena clásica

‘tosca’
Viernes, 30 de Enero de 2026. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Tosca: Drama lírico en tres actos con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa y música de Giacomo Puccini, estrenado en el Teatro Constanzi de Roma el 14 de Enero de 1900. Vanessa Goikoetxea (Floria Tosca), Arturo Chacón-Cruz (Mario Cavaradossi), Carlos Álvarez (Barón Scarpia), David Lagares (Cesare Angelotti), Fernando Latorre (Sacristán), Manuel de Diego (Spoletta), Juan Laborería (Sciarrone / Un carcelero), Pepa Santamaría (Un pastor). Coro Lírico de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Javier Echarri, director del coro. Coro Joven del Orfeón Pamplonés. Juan Gaínza, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Mario Pontiggia, director de escena. Francesco Zito, escenografía y vestuario. Santiago Mañasco, iluminación. Iván López Reynoso, director musical. Producción del Teatro Máximo de Palermo. Función inscrita en la temporada de espectáculos de Fundación Baluarte 2025-2026.
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No es Pamplona una ciudad en donde se representen muchas óperas, pero es verdad que algunas se repiten con bastante frecuencia. Apenas han pasado dos años desde la última vez que se pudo escuchar Tosca de Puccini en el Teatro del Museo de la Universidad de Navarra. Fue aquella una producción muy trabajada, que lógicamente no contaba con solistas vocales destacados, pero que en relación con los medios disponibles, funcionó muy bien. Por tanto, repetir la ópera en Baluarte con tan poca separación temporal exigía un incremento evidente de calidad musical, en consonancia también con los recursos disponibles. Desde ese punto de vista, esta función de Tosca de Puccini satisfizo buena parte de las expectativas que podían esperarse, incluso en términos vocales.
Con todo, estas representaciones de Tosca han tenido una protagonista básica. La soprano estadounidense Vanessa Goikoetxea era antes de la función que nos ocupa una incógnita, porque hasta ahora no era conocida por cantar papeles que requirieran una voz del calibre de la que exige este personaje. Sin embargo, esta función ha demostrado que su voz ha madurado idealmente para la parte. Ya desde el principio Goikoetxea ofreció una lección de canto y musicalidad, además de saber hacer dramático. De todos los cantantes, ella fue la que mejor dominó el texto y quien lo pronunció con mayor claridad. En su célebre aria del segundo acto, “Vissi d’arte”, utilizó todos los recursos a su disposición, incluyendo los sollozos, pero siempre cuidando la línea de canto y la musicalidad. Su escena final del segundo acto con Carlos Álvarez fue el momento de mayor voltaje de toda la función.
El barítono malagueño era, sin duda, el principal atractivo a priori del espectáculo y lo cierto es que Carlos Álvarez ofreció un Scarpia maligno y poderoso, aunque quizá algo escaso de matices cuando esto último se requería, sobre todo en el primer acto. Por su parte, la actuación de Arturo Chacón-Cruz fue más irregular. La voz es ideal para el personaje por brillo y volumen y sus momentos de mayor esplendor fueron los más esperados: su desafío a Scarpia al conocerse la victoria de Napoleón en Marengo y su célebre aria del tercer acto. Anteriormente, había demostrado un canto algo plano, sobre todo en su aria del primer acto. Los personajes secundarios estuvieron bien servidos.
El otro protagonista de la función, junto a Vanessa Goikoetxea, fue Iván López Reynoso desde el foso. Su interpretación de la partitura pucciniana fue modélica de principio a fin, destacando cada detalle de la escritura orquestal y su encaje en la trama dramática de la obra. Podrían destacarse muchísimos detalles, pero quizá el más ilustrativo fue la manera en que acompañó, en el tercer acto, la narración por Tosca de la muerte de Scarpia; cada alusión musical a la citada escena pudo escucharse con total claridad, plenamente reconocible. El Coro de la AGAO y el Coro Joven del Orfeón Pamplonés ofrecieron actuaciones muy completas, como también la Orquesta Sinfónica de Navarra, cuyos solistas de las maderas ofrecieron su mejor nivel.
En conjunto, fue una función de Tosca de gran intensidad dramática, en gran medida gracias a una protagonista estelar.
C UANDO el turista aficionado a la ópera visita la iglesia romana de Sant’Andrea Della Valle intenta encontrar alguna referencia al hecho de que el templo es el escenario en el que transcurre el primer acto de ‘Tosca’. Cuando vuelve a ver la ópera, queda clara la incomodidad de esta iglesia con la trama. Al comienzo, Tosca y Cavaradossi tiene un momento de tensión sexual que solo queda sin resolverse por la presencia de la imagen de la Virgen; el tercer protagonista es el jefe de policía de la Roma papal, devoto y lujurioso; no solo se suicida la titular de la obra, sino también un partiquino; Cavaradossi rechaza la asistencia de un sacerdote antes de su fusilamiento. Desde luego, ‘Tosca’ es una ópera descreída y a ratos casi sacrílega.
La soprano vizcaína Vanessa Goikoetxea (Tosca), el tenor mexicano Arturo Chacón-Cruz (Cavaradossi) y el bajobarítono malagueño Carlos Álvarez (Scarpia) cumplieron con creces las expectativas escénicas de ‘Tosca’, que siempre tienden a ser exageradas, sin caer en la caricatura de sus personajes. El resto de los personajes y el coro les apoyaron con solvencia.
Los espectadores a los que les gustan las puestas en escena clásicas disfrutaron. El primer acto reproducía la cúpula de la Iglesia romana, aunque no la imagen de San Andrés que domina el altar; el despacho de Scarpia en el segundo tenía un aire suficientemente farnesiano; la terraza del castillo de Sant Angelo, con el escudo del papa Pablo III (también un papa Farnesio), estaba suficientemente reproducida.
El vestuario también conducía sin dudas a esa jornada del 17 de junio de 1800, cuando llegan a Roma las confusas noticias de la batalla de Marengo, disputada tres días antes.
Lo único que se salió del guion fue la entrada al final del Te Deum de un revolucionario con la bandera francesa mientras se lanzaban unas octavillas de color rojo.
Todo funcionó como un reloj, y el público lo agradeció el domingo con una ovación entusiasta, sobre todo cuando Goikoetxea se puso un pañuelo rojo al cuello y lanzó un irrintzi, olvidando a la diva que había interpretado hasta hacía unos instantes.

