LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA Y FUMIAKI MIURA «MÚSICOS INSEPARABLES» EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«Músicos inseparables»

Jueves, 25 de noviembre de 2021. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Fumiaki Miura, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. Jose Miguel Pérez Sierra, director. Camille Saint-Saëns: Sinfonía número 3 en Do menor, Op. 78, (Sinfonía con órgano), (1886). Pablo Sarasate: Introducción y tarantela, Op. 43, (1899). Camille Saint-Saëns: Habanera, Op. 83, (1888). Introducción y rondó caprichoso, Op. 28, (1863). Pablo Sarasate: Aires gitanos, Op. 20, (1877). Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte 2021-2022.

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El año 2021 llevaba asociados en el mundo clásico dos aniversarios de gran calado: la conmemoración del quinto centenario del fallecimiento de Josquin des Prez y el centenario de la muerte de Camille Saint-Saëns, uno de los grandes bullidores del panorama musical francés del siglo XIX y quizá el mayor prodigio de su época en todas las facetas que cultivó. Camille Saint-Saëns ha pasado a la Historia por una fracción mínima de su extensísima producción.

En el caso de Pamplona, parece claro que un homenaje a Camille Saint-Saëns conllevaba una referencia a Pablo Sarasate. Ambos compositores mantuvieron un estrecho contacto a lo largo de muchos años y el francés dedicó algunas de sus principales obras para violín al intérprete navarro. Nada parecía más apropiado que ofrecer un programa donde tuvieran cabida ambos autores y sus obras para violín.

El violinista elegido fue Fumiaki Miura, un joven músico japonés que demostró en Baluarte que conoce bien el estilo y supera los retos técnicos con gran suficiencia. Se enfrentaba a cuatro partituras importantes, de las cuales tres plantean serias dificultades a cualquier violinista. Fumiaki Miura mostró sus principales armas como intérprete en la Habanera de Saint-Saëns, la composición más salonesca de las cuatro y la que más abunda en elementos líricos, que el japonés sabe desgranar con finura y atención a los detalles. Pero Miura ofreció destellos de gran espectacularidad en las dos obras que cerraron el concierto. En la Introducción y rondó caprichoso, supo ofrecer la brillantez virtuosística necesaria sin olvidar el abandono que necesitan las secciones contrastantes. En los Aires gitanos, la gran obra de Pablo Sarasate, Miura destacó más en la introducción lenta, donde supo recrearse en las variaciones de estilo improvisatorio, que en la brillante sección final, donde se mostró muy musical y maduro pero a cambio de no arriesgar especialmente en lo técnico. Jose Miguel Pérez Sierra realizó un gran acompañamiento y nos permitió escuchar muchas sutilezas de la orquestación de ambos autores que habitualmente quedan ocultas, algo que en el caso del autor navarro desafía tópicos muy extendidos. De propina, Fumiaki Miura ofreció el célebre Zapateado, con la misma facilidad técnica y la misma sensibilidad que primaron en el resto de su labor.

Antes, se había escuchado en la primera parte la Sinfonía número 3 de Camille Saint-Saëns, la obra más lograda del francés. Hablamos de una composición imponente, cargada de meandros, donde conviven homenajes a Liszt, Bach e incluso Wagner. El tiempo lento de esta composición es, seguramente, uno de los mejores del sinfonismo del siglo XIX y el Finale ofrece gran espectacularidad. Jose Miguel Pérez Sierra dirigió toda la obra con buen pulso y sentido del color, tomando tempi lentos y procurando equilibrar de la mejor manera la escritura orquestal. No obstante, relativizó en exceso algunos puntos culminantes importantes, como la gran sorpresa que debería haber causado la entrada en fortissimo del órgano en el Finale. Por otra parte, a pesar de las soluciones tecnológicas que puedan inventarse, (y Pérez Sierra encontró una no carente de ingenio), nunca se podrá sacar el máximo partido de esta obra si no se dispone de un verdadero órgano.

En conjunto, fue un homenaje a Camille Saint-Saëns bien resuelto, sobre todo gracias a la intervención de Fumiaki Miura, que ofreció versiones plenamente convincentes de las obras de Saint-Saëns y Sarasate, dos músicos inseparables entre sí incluso tantos años después.

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Autor entrada: xabier armendariz

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