Nikolai Lugansky Orquesta Radio Finlandia Hannu Lintu Sibelius Tchaikovsky 12/05/2013

Historias de la radio

 

Domingo, 12 de Mayo de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Nikolai Lugansky, piano. Orquesta Sinfónica de la Radio de Finlandia. Hannu Lintu, director. Jean Sibelius: La hija de Pojola, poema sinfónico Op. 49, (1906). Piotr Illyich Tchaikovsky: Concierto para piano y orquesta número 1 en Si bemol menor, Op. 23, (1875). Jean Sibelius: Sinfonía número 2 en Re mayor, Op. 43, (1902). Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Febrero-Mayo 2013.

 

Desde hace muchos años,  Radio Clásica  retransmite  en directo todos los viernes  las actuaciones de la Orquesta Sinfónica de RTVE. Yo empecé a escucharlas cuando el comentarista era  Rafael Taibo y seguí haciéndolo en la época de José Iges. Así, fuí descubriendo poco a poco el repertorio sinfónico.

Hace unos meses, el ente público anunciaba una reestructuración en la Orquesta de RTVE. En los próximos años, la orquesta se convertirá en un conjunto de temporada, que limitará sus actuaciones al ciclo de abono, quedándose fuera las grabaciones, giras y otras actividades complementarias. Los músicos de la orquesta respondieron con un comunicado en el que manifestaban que esta decisión supondría, en la práctica, la desaparición del conjunto.

En este contexto, llegó el domingo  a Pamplona un conjunto igualmente de origen radiofónico, procedente de una región tan musical como el norte de Europa. La Orquesta de la Radio de Finlandia se mostró espléndida en todos los aspectos. Es difícil destacar una sección en particular, si la profundidad de la cuerda grave, el sonido acre de las maderas o la brillantez de los metales. Guiados por un músico competente, el resultado había de ser por fuerza magnífico.

El gran atractivo de la velada era la actuación de Nikolai Lugansky en el Primer concierto de Tchaikovsky. Como era de esperar, el ruso exhibió su portentosa técnica haciendo gala de virtuosismo incontestable, en un tercer movimiento especialmente brillante. Pero hubo mucho más: el lirismo del segundo movimiento o la manera en la que dialogó con las maderas en el primero, sabiendo quedarse en un segundo plano en los momentos precisos, fueron  admirables. Es difícil imaginar que se pueda tocar mejor este concierto, y un músico inteligente como Hannu Lintu cooperó con él y realizó un muy buen trabajo, a despecho de algunas transiciones de tempo artificiosas en el Finale. Éxito considerable, que el solista respondió con una propina.

En la segunda parte, se escuchó una obra muy habitual en los últimos tiempos en Pamplona, como es la Segunda sinfonía de Sibelius. Ya al comienzo del concierto, Lintu había conducido una interpretación oscura y opresiva de La hija de Pojola del mismo autor. Desde luego, la sinfonía no se quedó atrás. Después del luminoso primer movimiento, en el segundo se respiró el drama y el anhelo, contrastando con el misterioso tema religioso; Lintu demostró que sabe manejar muy bien los silencios. En el brillante Scherzo, destacó la intervención del oboe solista en el Trío. Por último, el Finale resultó de energía y brillantez asombrosas, hasta concluir en una coda impresionante, alargada por las retenciones de tempo del director. Fuertes aplausos, correspondidos con dos fragmentos de Kuolema de Sibelius, uno de ellos el famoso Vals triste, en los que los pianissimi de las cuerdas helaban la sangre.

Y entonces volví a acordarme de aquellas tardes de radio con la Orquesta de RTVE, con las que tanto aprendí, y recordé las razones que hicieron surgir a las grandes orquestas de radio: la difusión de las obras maestras del repertorio y el patrimonio musical nacional dirigida a un público amplio. Los finlandeses, que lo saben, lo han aplicado hasta el día de hoy, y además lo exportan. Nosotros deberíamos tomar ejemplo.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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