La Traviata Verdi 23/01/2014

Verdi eficiente

 

Jueves, 23 de Enero de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. La Traviata: Drama lírico en tres actos con libreto de Francesco Maria Piave y música de Giuseppe Verdi, estrenado en el Teatro de la Fenice de Venecia el 6 de Marzo de 1853. Aurelia Florian (Violeta Valéry), José Bros (Alfredo Germont), José Antonio López (Giorgio Germont), María José Suárez (Flora Bervoix), Dorota Grzeskoviak )(Anina), Jon Plazaola (Gastone de Letoriéres), Fernando Latorre (Barón Doupol), Jose Manuel Díaz (Marqués de Ovigny), David Sánchez (Doctor Grenville), Joseba Garde (Giuseppe), Chicho Sanz (Un siervo), Mikel Berraondo (Un comisionario). Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Susana Gómez, dirección de escena. Antonio López Fraga, escenografía. Alfonso Malanda, diseño de iluminación. Santiago Mañasco, asistente de iluminación. Gabriela Salaberri, vestuario. Ferrán Carvajal, coreografía. Pablo Mielgo, director musical. Producción de Fundación Baluarte, Festival de Verano de San Lorenzo del Escorial, Quincena Musical Donostiarra, Gran Teatro de Córdoba y Ópera de Oviedo. Función inscrita en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2013-Enero 2014.

 

Programar un título como La Traviata de Verdi es una empresa muy arriesgada. Al margen de que se cuente de antemano con el favor del público, reunir repartos adecuados para una obra como ésta se está haciendo cada vez más difícil. En la reciente apertura de temporada de la Scala, por ejemplo, se contó con una Violeta como Diana Damrau, una soprano demasiado ligera para la parte que resolvió la papeleta con profesionalidad, pero que evidentemente no podía estar a la altura de lo que se había escuchado en ese mismo teatro a las grandes voces del pasado. En este caso, En la producción de la obra que hemos visto en Baluarte, asistimos a una función bastante conseguida en lo vocal, merced a un buen equipo de secundarios y a unos cantantes protagonistas que, aunque no siempre tenían voces óptimas para sus partes, funcionaron de manera homogénea.

Como siempre, la elección más delicada era la de la cantante que representaría a Violeta. Es éste un papel complejísimo en lo vocal por la gran variedad de registros que exige. Las Violetas habituales suelen destacar bien en las brillantes coloraturas del primer acto, en el lírico y belcantista segundo acto, o en el drama de la Violeta terminal del tercero. Como buena lírica, el acto en el que Aurelia Florian estaba destinada a despuntar era el segundo, y allí realizó una magnífica actuación, destacando su conmovedora despedida de Alfredo antes de ir a la fiesta. Gracias a su inteligencia musical y dramática, sin embargo, consiguió hacer un tercer acto asimismo admirable, con inmensa riqueza de matices psicológicos y magnífico fraseo. Su mejor intervención fue sin duda su dúo con Alfredo en el tercer acto, una demostración de belcantismo de verdad. El hecho de que al final del primer acto no quisiera arriesgar en las coloraturas, es una cuestión menor.

José Bros tiene una voz muy adecuada para su papel de Alfredo. El timbre es potente y tiene el squillo necesario. Sin embargo, durante buena parte de la función no acertó a retratar bien a su personaje. A veces regateando en finales de frase demasiado cortados, a veces afeando su emisión en los momentos de histeria. Extraño en un cantante que destaca por  su capacidad para el canto ligado y romántico. En el tercer acto, sin embargo, también dio lo mejor de sí y ofreció un dúo con Violeta sensacional, que a la postre resultó lo mejor de la función.

El tercero en discordia, el Germont de Jose Antonio López, fue más regular. López posee una voz más rotunda que sus compañeros de reparto, y supo hacerse con el auditorio desde su primera intervención. Compuso un Germont dominador, pero no obstante matizado hasta el más mínimo detalle; su “Di Provensa” fue, precisamente por eso, lo mejor que se había escuchado hasta ese momento.

Las demás partes son comparativamente menores, y fueron servidas con la corrección esperable. En particular, es de destacar la Anina de Dorota Grzeskoviak, cuyo color vocal, especialmente en el segundo acto, se confundía en algunos diálogos con el de Florian.

Pablo Mielgo concertó en general con eficacia a lo largo de la función. Fue muy obsequioso con los cantantes, no siempre con razón, (caballeta de Alfredo en el segundo acto), y en los coros de gitanas y matadores perdió precisión por querer correr en exceso. Pero su dirección tuvo pulso teatral, dramatismo y todos los ingredientes necesarios para un buen Verdi, incluida la sutilidad de los preludios de los actos extremos. En particular, el intrincado concertante final del segundo acto y el tercero fueron muy logrados, y coronaron una labor meritoria.

La Orquesta Sinfónica de Navarra rindió a buen nivel, siguiendo las importantes exigencias de la batuta de manera eficiente. El Orfeón Pamplonés realizó una buena labor, pero la errática dirección de Mielgo en sus principales intervenciones le impidió lucir en todo su esplendor.

En conjunto, fue una función más que digna, en la que el tercer acto resultó muy emocionante. Los aplausos del público premiaron con justicia la música de una de las óperas más extraordinarias escritas por Verdi.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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