Gregory Kunde Orfeón Pamplonés Sinfónica Navarra 06/10/2016

Tenor verdiano

 

Jueves, 6 de Octubre de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Gregory Kunde, tenor. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Ramón Tebar, director. Oberturas, coros, arias y escenas de I Vespri Siciliani, Aída, Luisa Miller, Il Trovatore, La forza del destino, Nabucco y Otello de Verdi, Tosca y Manon Lescaut de Puccini e I Pagliacci de Leoncavallo. Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2016-Febrero 2017.

 

Los años centrales del siglo XX fueron una época dorada para el canto verdiano. En particular, florecieron los tenores dedicados a este repertorio. La lista nos parece hoy de ciencia ficción: por citar sólo algunos, Jussi Björling, Richard Tucker, Ramón Vinay, Carlo Bergonzi, Franco Corelli y Mario del Monaco llegaron a coexistir en la escena lírica durante algunos años. Ampliando un poco más el espectro temporal, podríamos incluir también a Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti. La variedad de registros disponible era considerable, desde un Alfredo Kraus que cultivaba el repertorio más ligero hasta un Ramón Vinay, que era un barítono con una extraordinaria capacidad en los agudos y que hizo carrera de tenor.

Por comparación, el paisaje de los tenores verdianos de hoy es bastante desolador. En general, suelen ser voces de poco peso, pero carentes en muchos casos de la expresividad que podría compensar las posibles inadecuaciones vocales. Por supuesto, hay excepciones a esta norma, (la más notable de ellas es Jonas Kaufmann), pero los tenores que pueden afrontar el repertorio verdiano con garantía se cuentan con los dedos de una mano. Gregory Kunde, el protagonista del concierto que nos ocupa, es uno de ellos.

Lo primero que llama la atención de la voz de Gregory Kunde es su tamaño y su espesor. Ya desde el comienzo de su interpretación del aria de Radamés de Aída de Verdi, se pudo escuchar una voz de tinte heroico, capaz de imponerse con claridad sobre la orquesta, y de emisión oscura, leñosa. Eso nos recordó la vocalidad de Ramón Vinay, igual que los relativos problemas para apianar en la mencionada aria de Radamés. Pero poco a poco el cantante fue entrando en el concierto. Si en el aria de Cavaradossi todavía faltaba un fraseo algo más perfeccionado, eso lo consiguió en el aria de Manrico del tercer acto de Il trovatore, cantada con extraordinaria sensibilidad.

Pero lo mejor llegó en la segunda parte, con el repertorio di forza que tanta fama le ha otorgado al tenor estadounidense. Ya hubo un anticipo en el aria de La forza del destino, fraseada con gran intención, pero los mejores resultados se dieron en sus dos últimas intervenciones como solista en el concierto: una conmovedora aria de Canio de I Pagliacci y un desgarrador monólogo de Otello de Verdi. Fue una ocasión de escuchar cómo el canto se sometía con toda naturalidad y sin excesos al discurso dramático, algo fundamental en este repertorio. La propina se esperó con una expectación y un silencio inhabituales en Baluarte, y el “Ne sum dorma” del tercer acto de Turandot de Puccini encendió al público como pocas veces ocurre en Pamplona.

Gregory Kunde se vio magníficamente acompañado por un Orfeón Pamplonés en muy buena forma y una Orquesta Sinfónica de Navarra que dio lo mejor de sí. Pero el otro gran protagonista del concierto fue Ramón Tebar. Siempre eficaz como acompañante de Kunde, ofreció interpretaciones magníficas de las oberturas e interludios orquestales. En particular, la calidez extraordinaria del fraseo del interludio de Manon Lescaut de Puccini nos hace desear escucharle una función completa de La Bohéme.

En conjunto, fue una demostración de un cantante extraordinario, cuya vocalidad es hoy especialmente difícil de encontrar. Y es que ahora escasean los verdaderos tenores verdianos.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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