El holandés errante Ópera Brno 23/11/2013

Haciendo Historia

 

Sábado, 23 de Noviembre de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. El holandés errante: Ópera romántica en tres actos con libreto y música de Richard Wagner, estrenada el 2 de Enero de 1843 en el Teatro de la Corte de Dresde; versión revisada en 1860 por el compositor. Johannes Schwärsky (El Holandés), Maida Hundeling (Senta), Jevhen Shokalo (Daland), Ivan Choupenitch (Erik), Jitka Zerhauova (Mary), Petr Levicek (El Timonel). Coro de la Ópera de Brno. Josef Pancik, director de coro. Orquesta de la Ópera de Brno. Jakub Klecker, dirección musical. Interpretación en versión de concierto, realizada en coproducción de la Fundación Baluarte con la Fundación Kursaal de San Sebastián. Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2013-Enero 2014.

 

La tradición operística pamplonesa se ha desarrollado ampliamente en los últimos años, gracias a la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera, la Ópera de Cámara de Navarra y la Fundación Baluarte. Sin embargo, un compositor tan importante como Richard Wagner había sido relegado, en parte por el recelo de muchos aficionados y en parte por la carencia de cantantes adecuados para interpretar las obras del mago de Bayreuth.

Coincidiendo con los fastos del bicentenario del nacimiento de Wagner, la Fundación Baluarte se ha decidido a programar El holandés errante, primera de las óperas importantes del compositor, en versión de concierto. Es una elección acertada, teniendo en cuenta que en esta obra abundan aún elementos de la tradición belcantista, que los aficionados a la ópera pueden reconocer y disfrutar.

Para la ocasión, se contó con un reparto notable encabezado por una Senta excepcional. Maida Humdeling tiene todos los ingredientes necesarios para hacer el personaje: volumen, fuerza dramática, musicalidad… Ya desde su primera entrada, en donde canturrea lo que luego será su balada, se advertía que estábamos ante una gran actuación, y efectivamente la soprano tunecina fue a más durante la obra, hasta culminar con fuerza extraordinaria un papel nada complaciente.

Asimismo, el Holandés de Johannes Schwärsky fue muy logrado. La parte requiere un bajo barítono de verdad, capaz de matizar un personaje muy complejo y de superar una escritura que no le deja tregua en ningún momento. Sin llegar a los magníficos niveles de su compañera, Schwärsky supo realizar un buen análisis de personaje, alternando la desesperación con la esperanza al conocer a Senta, y nuevamente con la decepción al sentirse engañado al final.

Con respecto a los otros dos personajes masculinos importantes, el nivel fue más discreto. El Daland de Yevhin Shokalo  tendió a ser demasiado directo en su expresividad. El Erik de Ivan Choupinitch resultó menos convincente aún, porque tendía a gritar y a resultar inexpresivo en su canto. Los personajes restantes tienen menos relevancia vocal, y fueron muy bien servidos.

Fue una sorpresa muy agradable la dirección de Jakub Klecker. Tras una académica interpretación de la obertura lastrada por una orquesta que no había entrado en acción, el director compuso un Holandés de tempi fluidos, en un concepto que miraba más hacia la tradición weberiana que al Wagner posterior, mucho más sombrío. Pese a la juventud de Klecker, su interpretación mostró un profundo conocimiento de la obra. Dejando al margen las referidas dudas iniciales, la orquesta se mostró como un conjunto de buena calidad y el coro realizó una excelente actuación.

La versión escogida fue la revisión parisina de 1860, en la que se ofrecen dos opciones: interpretar los tres actos sin pausa y unidos a través de interludios orquestales, o separar los tres actos con los finales previstos en la versión primitiva de la partitura. Como al parecer había que introducir un intermedio al final del primer acto, éste sonó separado del segundo; sin embargo, los actos segundo y tercero fueron unidos a través del interludio correspondiente, lo que produjo un híbrido de dudosa coherencia musical que podía haberse evitado perfectamente.

En todo caso, fue la primera función wagneriana celebrada en Pamplona en muchos años. Como tal, y más aún teniendo en cuenta el dignísimo nivel musical general, es un hecho histórico que debe ser motivo de celebración.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *