Egea Stravinsky Beethoven Orfeón Pamplonés Valery Gergiev 19/03/2015

Estreno y confirmación

 

Jueves, 19 de Marzo de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Alexander Toradze, piano. Viktoria Yasrebova, soprano. Yulia Matochkina, mezzosoprano. Sergei Semishkur, tenor. Mikhail Petrenko, bajo. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Valery Gergiev, director. Josep Vicent Egea: Tempus vernum, (2015, estreno absoluto). Igor Stravinsky: Concierto para piano e instrumentos de viento, (1924). Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 9 en Re menor, Op. 125, (Coral), (1824). Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Febrero-Mayo 2015.

 

Con el concierto que nos ocupa, llegamos al acto central de las celebraciones del sesquicentenario de la fundación del Orfeón Pamplonés, puesto que fue el 19 de Marzo de 1865 cuando se redactó el acta fundacional de la institución. Así pues, coincidiendo con la fecha exacta, se ha podido contar con uno de los directores más mediáticos y ocupados de hoy. Valery Gergiev mantiene actividad constante en San Petersburgo, Londres, Múnich y Nueva York, además de actuar en otras ciudades como director invitado. Su presencia en los medios es prácticamente constante, no sólo por razones musicales, (sus afinidades políticas han hecho de Gergiev objeto de protestas en determinados lugares), y allá donde va, sus actuaciones son auténticos acontecimientos. En esta ocasión, Gergiev se hacía cargo de un larguísimo programa, en el que demostró con creces las razones de su fama, pero también ofreció algunos momentos discutibles.

El concierto se abría con Tempus vernum, una obra de Josep Vicent Egea encargada por el Orfeón Pamplonés para esta ocasión. Se basa en unos textos en latín procedentes del Cancionero de Ripoll, que por temática y época emparentan con los de los celebérrimos Carmina Burana que Orff puso en música. La obra cumple perfectamente la función para la que fue concebida, porque resulta muy brillante y se pasa en un suspiro. No asistimos a un trabajo del ritmo tan abundante como en otras obras del autor; la atención se centra en la elaboración de los motivos y el trabajo de las voces. Confiamos en que esta obra se interprete más a menudo que otros encargos similares.

El Concierto para piano e instrumentos de viento de Igor Stravinsky quedaba algo alejado del contexto festivo y jubiloso del resto del concierto. La obra responde al estilo característico de la música del autor ruso compuesta tras la Primera Guerra Mundial, y refleja una escritura sobria, arcaica, que no hace concesión al sentimentalismo ni a la emotividad. Gergiev supo entender esto y ofreció una interpretación sombría y distante, contando con un pianista como Alexander Toradze, que posiblemente no es el más sensible intérprete, pero que aquí destacó por su variedad y precisión de ataque.

En la segunda parte, se anunciaba la Novena Sinfonía de Beethoven, uno de los puntales del repertorio del Orfeón Pamplonés. Valery Gergiev no es especialmente conocido por sus interpretaciones beethovenianas, pero se esperaba una buena versión de los movimientos instrumentales, como de hecho ocurrió. El primer movimiento, dejando al margen algunas caídas de tempo, resultó contundente y dramático; el Scherzo tuvo asimismo tensión, aunque un poco más de control del tempo habría sido deseable; el tiempo lento, delicadísimo y muy bien fraseado, fue de los mejores que el firmante ha escuchado. Pero el cuarto movimiento parecía pertenecer a otra obra, porque fue tomado generalmente a tiempos muy rápidos. A destacar las dos primeras exposiciones del Himno a la alegría, tomadas con una precipitación que llevó en la segunda a algunos desajustes entre solistas vocales y orquesta. Afortunadamente, el Orfeón Pamplonés conoce muy bien la obra y supo responder al reto con precisión matemática. Los cuatro solistas, a pesar del excesivo empuje de Gergiev, mantuvieron el tipo con gran dignidad, y en la sección alla turca Sergei Semishkur demostró que es un cantante a tener en cuenta.

En conjunto, fue un concierto de celebración, en el que el público disfrutó de un Orfeón Pamplonés que confirmó su fama muy bien merecida, hasta el punto de que el coro fue capaz de salvar una interpretación del Finale de la Novena beethoveniana que, en otras manos, podía haber terminado de una forma muy distinta. Por su parte, Gergiev se ha llevado un reconocimiento más, al recibir la distinción de director honorario del Orfeón Pamplonés. Un premio más, para el que es hoy uno de los directores más mediáticos del mundo.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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