Coro Cámara RIAS Berlín Motetes Bach 10/03/2013

Lección coral

 

Domingo, 10 de Marzo de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Coro de Cámara de la RIAS de Berlín. Concerto Köln. Hans-Christoph Rademann, director. Johann Sebastian Bach: Der Geist hilft unser Schwacheit auf, BWV 226, (1729). Cantata BWV 21, “Ich hatte viel Bekümmerniss”: Sinfonía, (1714). Fürchte dich nicht, ich bin bei dir, BWV 228, (1726). Cantata BWV 42, “Am Abend aber desselbigen Sabbats”: Sinfonía, (1725). Jesu, meine Freude, BWV 227, (1723). Cantata BWV 156, “Ich stehe mit einem Fuss im Grabe”: Sinfonía, (1729). Kom, Jesu, kom, BWV 229, (1725). Cantata BWV 49, “Ich gehe und such emit Verlangen”: Sinfonía, (1726). Singet dem Herrn ein neues Lied, BWV 225, (1727). Concierto perteneciente a la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Febrero-Mayo 2013.

 

Se acercaba el final de la primera parte del concierto. Después de la sinfonía de la Cantata BWV 42, el órgano positivo sirvió un acorde de Mi menor de referencia. Y entonces empezó a sonar el coral que abre el motete Jesu, meine Freude. El tempo era relativamente rápido, pero en contra de lo que ocurre tan a menudo, todo reflejaba la humildad devota propia de la oración. Los calderones escritos por Bach al final de las frases tenían la duración exacta; todo estaba perfectamente medido y fluía con toda naturalidad, como si esta música no pudiera ser interpretada de otra forma. Pero el mayor espectáculo estaba aún por llegar: al comenzar las secciones más contrapuntísticas, la transparencia de las texturas y la claridad del conjunto fueron ejemplares, como también la manera en que afloraban las consonantes finales de las palabras, algo muy difícil de escuchar a los coros cuando cantan en alemán, y que otorga su sonoridad característica a la lengua de Goethe.

Naturalmente, esto era sólo una muestra de un concierto en general extraordinario. Ya lo era por las obras, porque evidentemente a estas alturas no descubrimos nada al ponderar la categoría de los motetes de Bach. Desde luego, el mencionado BWV 227 ya bastaría para alzar a su compositor a las más altas cimas de la Historia de la Música. Pero para poder traducirlos adecuadamente, hay que contar ya no con una buena orquesta, que también, sino sobre todo con un coro familiarizado con el estilo, capaz de hacer justicia y clarificar un contrapunto por momentos muy complejo…, y por supuesto, se hace necesario un director que conozca las obras al detalle y tenga claro qué hacer con ellas.

La mano que gobernó todo el programa fue el director alemán Hans-Christoph Rademann, un director habituado a este repertorio y a las orquestas de instrumentos originales. Su concepción de las obras es clara y firme. En este concierto, mostró una sobriedad muy característicamente luterana, como bien pudo percibirse en los corales que llenan los cinco motetes. No obstante, el tempo jamás fue complaciente, e incluso en ocasiones obligaba a todos a grandes esfuerzos, como en el milagrosamente rápido final del BWV 225. Consciente de las resonancias de danza de algunos metros ternarios, Rademann no las ignoró, pero tampoco dejó que eclipsaran el componente religioso de las obras. Fueron lecturas equilibradas y transparentes, de texturas ligeras, pero jamás superficiales ni vacías de contenido.

La disciplina de los conjuntos orquestal y coral fue realmente proverbial. La orquesta realizó un muy buen trabajo especialmente en los motetes; no tanto quizá en las sinfonías, donde algún tropiezo puntual en todo caso apenas empañó unas interpretaciones por lo demás muy musicales. Lo que resultó desde todos los puntos de vista admirable fue la intervención coral, siempre precisa, atenta a los detalles de pronunciación de los que hablábamos al comienzo y siempre con una afinación y empaste perfectos. Hay quien dice que es el coro más apropiado para esta música. Quizá eso es un tanto aventurado, contando aún con los conjuntos de Gardiner o Herreweghe, o incluso con el estado actual del Coro de Santo Tomás de Leipzig. Pero al salir del concierto, se hace difícil pensar que estas obras se puedan cantar mejor.

En conjunto, fue una velada de gran nivel, en donde el público disfrutó de la inmortal obra de Bach interpretada como pocas veces se pueda escuchar en nuestro tiempo. Al menos por lo que a la parte coral respecta, una lección para todos.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *