CON JOAQUÍN ACHÚCARRO «LA LEYENDA CONTINUA»EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«La leyenda continúa»

Sábado, 19 de noviembre de 2022. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Joaquín Achúcarro, piano. Obras de Fryderyk Chopin, Johannes Brahms, Ferenc Liszt, Sergei Rachmaninov y Alexander Scriabin. Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte 2022-2023.

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No es muy habitual, pero tampoco es insólito. Algunos de los pianistas más importantes del siglo XX han sido capaces de mantenerse en activo, incluso a edades muy tardías. Así, Arthur Rubinstein falleció a los 95 años y dio conciertos casi hasta el final de su vida; Vlado Perlemutter falleció a los 98 años y siguió ofreciendo conciertos hasta casi los noventa; Claudio Arrau falleció en el año en que cumplía noventa de vida, y seguía dando conciertos. Incluso todavía hoy, Menahem Pressler sigue en activo, a punto de llegar a su centenario, habiendo iniciado su trayectoria como pianista solista superados los 85 años, pues anteriormente fue durante cincuenta años el pianista del fundamental Trío Beaux Arts.

Son casos realmente asombrosos, entre los que se puede incluir perfectamente el de Joaquín Achúcarro. El pianista bilbaíno acaba de cumplir noventa años y sigue manteniendo una actividad extraordinaria por todo el mundo. Da recitales y toca con orquesta en los auditorios más importantes, y además mantiene una importante actividad docente y es llamado para participar en jurados de concursos internacionales de gran prestigio. Nada de todo esto sería posible si no mantuviera una forma física excelente, derivada no sólo de su estudio continuado, sino también al parecer de una sana práctica deportiva. Así que el concierto que nos ocupa era uno de los eventos musicales más importantes de la temporada pamplonesa.

La primera parte de la sesión fue algo irregular, pues Achúcarro tardó más de lo que en él es habitual en entrar en materia. La Fantasía-Impromptu de Chopin le encontró a medio gas, con dedos relativamente poco ágiles. Esas cuestiones técnicas fueron mejorando en la Tercera Sonata de Chopin que sonó inmediatamente después. Fue una interpretación bien planeada en su conjunto, con momentos de gran belleza como la primera exposición del tema lírico del primer movimiento, donde Achúcarro logró detener el tiempo. Sin embargo, el tercer movimiento no alcanzó la concentración que se esperaba; el tempo relativamente fluido que propuso Achúcarro no ofreció posibilidad para que pudiéramos rendirnos a la singular belleza de uno de los movimientos lentos más extraordinarios de la literatura pianística.

Todo cambió en la segunda parte, configurada a base de piezas breves muy habituales en el repertorio de Achúcarro. La señal principal del cambio fue el Intermezzo Op. 118 número 2 de Brahms, que sonó con el poso característico del pianista bilbaíno y concentrada emoción. Pero más significativamente, observamos una clara mejoría de soltura técnica, ya aparente en el Vals olvidado de Liszt y mucho más evidente aún en el Estudio Op. 8 de Scriabin con el que se cerró el programa oficial. Entre medio, hubo dos verdaderos milagros pianísticos, como fueron los dos preludios elegidos de la Op. 23 de Rachmaninov y, sobre todo, el Estudio del Op. 2 de Scriabin, tan divulgado en su día por ser propina habitual de Vladimir Horowitz.

Los aplausos fueron realmente intensos, y Achúcarro respondió con sólo tres propinas, pero de verdadera sustancia: el luminoso Nocturno de las Piezas líricas Op. 54 de Grieg, un despojado Nocturno Op. Póstumo número 2 de Chopin y, para mayor asombro de muchos, el Nocturno Op. 9 para mano izquierda de Scriabin. Las tres son clásicos del repertorio de un pianista que, a sus noventa años, siguió tocando de memoria y ofreciendo un rendimiento asombroso. La leyenda continúa.

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Autor entrada: xabier armendariz

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