Boris Godunov Mussorgsky Tugan Sokhiev 08/02/2014

Velada histórica

 

Sábado, 8 de Febrero de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Boris Godunov: Drama lírico en siete escenas con libreto y música de Modest Mussorgsky, estrenado en versión revisada el 27 de Enero de 1874 en el Teatro Mariinskyh de San Petersburgo; versión original de 1870. Ferruccio Furlanetto (Boris Godunov), Helene Delalande (Xenia Godunova), Svetlana Lifar (Fiodor Godunov), Sara Jouffroy (Doncella de Xenia), John Graham Hall (Príncipe Shuisky), Garry Magee (Andrei Chelkalov), Ain Anger (Pimen), Marian Talaba (Grigory), Alexander Teliga (Varlaam), Vasily Efimov (Missail), Helene Delalande (Posadera), Stanislav Mostoboy (El Loco). Orfeón Donostiarra. Jose Antonio Sainz Alfaro, director del coro. Orquesta Sinfónica del Capitolio de Toulouse. Tugan Sokhiev, director. Producción en versión de concierto. Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Febrero-Mayo 2014.

 

La que nos ocupa era una velada histórica. Para la mayor parte del público, Boris Godunov era una ópera desconocida, como corresponde a la obra de un autor cuya música dramática hemos escuchado mucho menos que la de Verdi o Puccini. No obstante, sin lugar a dudas, Boris Godunov es una obra maestra. Además de la actualidad del tema de la lucha por el poder,  mucho más presente si completamos el argumento con las ampliaciones introducidas para la versión de 1874, se añade una música extraordinaria, llena de claroscuros, y de emotividad a flor de piel. Por otra parte, en Pamplona se presentaba la obra en la versión original de Mussorgsky que habitualmente se escucha en casi todo el mundo, y no en las ediciones de Rimsky-Korsakov o Shostakovitch tan en boga en otros tiempos, y que son las que aún hoy siguen escuchándose en Rusia.

Pero por si estos atractivos no fueran suficientes, pronto pudo comprobarse que las actuaciones vocales serían de máximo nivel. El bajo italiano Ferruccio Furlanetto es hoy uno de los mejores cantantes de su cuerda del mundo, y aunque en teoría su afinidad con el repertorio eslavo podría parecer dudosa, desde la primera intervención se despejaron los posibles reparos. Furlanetto compuso un retrato del personaje de Boris Godunov ejemplar, dándole toda la variedad de matices que demanda, conciliando la dignidad de su cargo como zar con los remordimientos por participar en la muerte del heredero al trono Dimitry. Una actuación extraordinaria, que fue premiada adecuadamente por el público.

El otro gran triunfador vocal de la velada fue Ain Anger como Pimen, el monje-historiador que alienta a Grigory a hacerse pasar por el difunto Dimitry para reclamar el trono zarista. Anger, que ya ha cantado papeles como Fafner de El anillo del nibelungo en Bayreuth, supo dar al personaje la dignidad y solemnidad requeridas por la escritura, sin que su hieratismo le impidiera matizar su parte.

En una función de Boris Godunov, es difícil destacar otras intervenciones solistas. Más aún en esta versión primitiva de la obra, estamos ante una ópera eminentemente coral, donde sólo los mentados Boris y Pimen tienen intervenciones verdaderamente de peso. Lo que hace falta, por consiguiente, es un equipo de cantantes secundarios homogéneo, algo que en este caso se consiguió con creces.

El director Tugan Sokhiev realizó una muy buena labor, pero  no al nivel de lo que el firmante le recordaba en otros conciertos. Fue la suya una versión  en exceso brillante, como si Sokhiev quisiera leer la partitura desde el prisma de Rimsky-Korsakov, renunciando a los tonos ocres característicos de la orquestación original de Mussorgsky. Después de interpretar con bastante acierto las dos primeras escenas, dejó caer la tensión en la tercera escena, clave para el desarrollo argumental de la obra, para luego ir a más a partir de la cuarta hasta un final de inmenso dramatismo.

Finalmente, el otro gran protagonista de la función fue el Orfeón Donostiarra. Mussorgsky hace del coro la representación palpable del pueblo ruso oprimido, y su intervención es especialmente compleja, sobre todo para las voces masculinas. Desde ese punto de vista, el Orfeón Donostiarra tiene muy pocos rivales, considerando además su experiencia con el repertorio eslavo. Con toda razón, fue especialmente aplaudido.

Presentar una obra como Boris Godunov en Pamplona es un reto más que considerable, teniendo en cuenta la escasez de voces para afrontar este repertorio, la complejidad de la escritura para el oyente y la necesidad de contar con una orquesta y un coro bien entrenados. Sin embargo, respetando la versión original de Mussorgsky y contando con efectivos adecuados, esta obra absolutamente central en la Historia de la Ópera obtuvo el éxito que merecía.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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