Ainhoa Arteta Orquesta Sinfónica Bilbao 27/09/2014

Éxito predecible

 

Sábado, 27 de Septiembre de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Ainhoa Arteta, soprano. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Emmanuel Joel-Hornak, director. Arias e interludios orquestales de L’amico Fritz, Le maschere y Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni, Turandot, La Bohéme, Manon Lescaut y Tosca de Giacomo Puccini, I Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo, La Wally de Alfredo Catalani y de Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea. Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2014-Febrero 2015.

 

Dentro de los conciertos clásicos, los recitales de arias de ópera son un mundo aparte. Los conciertos en los que el divo de turno interpreta una selección de arias de ópera son muy habituales, y resultan especialmente atractivos para muchas personas que, por diferentes razones, no acudirían a una  ópera completa de Mozart o Puccini. En estas ocasiones, los  cantantes   tienden a ofrecer conciertos con programas preparados al gusto del público, para garantizarse así el éxito. No obstante, ese éxito se puede conseguir de diferentes formas, acudiendo a repertorios más o menos variados y de mayor o menor compromiso para el que actúa.

En el caso del concierto que nos ocupa, Ainhoa Arteta no se buscó complicaciones. Recurrió a las arias de un ramillete de óperas de compositores como Puccini, Mascagni y Cilea, todas ellas arias de melodías muy reconocibles y de escritura agradable para el público. Son autores que pertenecieron a la misma generación, y que por tanto escribían música que, reunida en un mismo programa, produce un resultado estilísticamente poco variado. Además, son arias especialmente cortas, de expresión muy concentrada para el cantante. Tres arias en cada una de las dos partes fueron lo único que cantó Arteta en el concierto, y buena parte del recital lo constituían interludios de ópera a cargo de la orquesta en solitario. Así, el cansancio se reduce al mínimo y se maximiza el efecto de cada intervención, potenciándose el éxito de público.

Por lo demás, Ainhoa Arteta demostró que está en un buen momento vocal. Como pudo escucharse, la voz sigue siendo atractiva y mantiene cuerpo y brillo en la zona aguda, aunque en determinados personajes algo menos de vibrato habría sido deseable. Dejando al margen algunos problemas de fiato en determinadas arias, como el aria de Tosca, Arteta mostró que su técnica de canto sigue siendo magnífica, y logró interpretaciones muy matizadas en el aria de Mimí en el tercer acto de La Bohéme y, sobre todo, en el aria de La Wally de Catalani. Salvo por una Liú  poco inocente, la caracterización de cada personaje fue en general convincente, y especialmente destacable en los personajes que admiten una actitud más melodramática, como en el caso del aria de Manon Lescaut. En conjunto, fueron interpretaciones notables, aunque los bravos que se escucharon al final de algunas arias nos parezcan en conjunto bastante generosos.

Como decíamos, la Orquesta Sinfónica de Bilbao tuvo un papel importante en el recital. Acompañó en general con gran eficacia a Ainhoa Arteta, e interpretó la selección de interludios de ópera con empaste y oficio. Les guiaba el director Emmanuel Joel-Hornak, un músico competente y buen conocedor del repertorio, que condujo la orquesta con pulso dramático y eficacia. Hubo momentos especialmente emocionantes en el Preludio sinfónico de Puccini y en el intermedio de I Pagliacci, que resultaron ser lo mejor de la velada. Sería interesante volver a escuchar a Joel-Hornak en una ópera italiana completa.

En conjunto, fue un concierto característico de lo que suelen ser los recitales de cantantes de ópera célebres: un concierto en el que el cantante, en este caso Ainhoa Arteta, busca y consigue un éxito importante de público. Es lo mejor para contentar a todos. El público tiene derecho a disfrutar de arias de ópera agradables de escuchar, y los cantantes tienen derecho a disfrutar del éxito sin tener que correr riesgos.

 

 

 

Éxito predecible

 

Sábado, 27 de Septiembre de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Ainhoa Arteta, soprano. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Emmanuel Joel-Hornak, director. Arias e interludios orquestales de L’amico Fritz, Le maschere y Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni, Turandot, La Bohéme, Manon Lescaut y Tosca de Giacomo Puccini, I Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo, La Wally de Alfredo Catalani y de Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea. Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2014-Febrero 2015.

 

Dentro de los conciertos clásicos, los recitales de arias de ópera son un mundo aparte. Los conciertos en los que el divo de turno interpreta una selección de arias de ópera son muy habituales, y resultan especialmente atractivos para muchas personas que, por diferentes razones, no acudirían a una  ópera completa de Mozart o Puccini. En estas ocasiones, los  cantantes   tienden a ofrecer conciertos con programas preparados al gusto del público, para garantizarse así el éxito. No obstante, ese éxito se puede conseguir de diferentes formas, acudiendo a repertorios más o menos variados y de mayor o menor compromiso para el que actúa.

En el caso del concierto que nos ocupa, Ainhoa Arteta no se buscó complicaciones. Recurrió a las arias de un ramillete de óperas de compositores como Puccini, Mascagni y Cilea, todas ellas arias de melodías muy reconocibles y de escritura agradable para el público. Son autores que pertenecieron a la misma generación, y que por tanto escribían música que, reunida en un mismo programa, produce un resultado estilísticamente poco variado. Además, son arias especialmente cortas, de expresión muy concentrada para el cantante. Tres arias en cada una de las dos partes fueron lo único que cantó Arteta en el concierto, y buena parte del recital lo constituían interludios de ópera a cargo de la orquesta en solitario. Así, el cansancio se reduce al mínimo y se maximiza el efecto de cada intervención, potenciándose el éxito de público.

Por lo demás, Ainhoa Arteta demostró que está en un buen momento vocal. Como pudo escucharse, la voz sigue siendo atractiva y mantiene cuerpo y brillo en la zona aguda, aunque en determinados personajes algo menos de vibrato habría sido deseable. Dejando al margen algunos problemas de fiato en determinadas arias, como el aria de Tosca, Arteta mostró que su técnica de canto sigue siendo magnífica, y logró interpretaciones muy matizadas en el aria de Mimí en el tercer acto de La Bohéme y, sobre todo, en el aria de La Wally de Catalani. Salvo por una Liú  poco inocente, la caracterización de cada personaje fue en general convincente, y especialmente destacable en los personajes que admiten una actitud más melodramática, como en el caso del aria de Manon Lescaut. En conjunto, fueron interpretaciones notables, aunque los bravos que se escucharon al final de algunas arias nos parezcan en conjunto bastante generosos.

Como decíamos, la Orquesta Sinfónica de Bilbao tuvo un papel importante en el recital. Acompañó en general con gran eficacia a Ainhoa Arteta, e interpretó la selección de interludios de ópera con empaste y oficio. Les guiaba el director Emmanuel Joel-Hornak, un músico competente y buen conocedor del repertorio, que condujo la orquesta con pulso dramático y eficacia. Hubo momentos especialmente emocionantes en el Preludio sinfónico de Puccini y en el intermedio de I Pagliacci, que resultaron ser lo mejor de la velada. Sería interesante volver a escuchar a Joel-Hornak en una ópera italiana completa.

En conjunto, fue un concierto característico de lo que suelen ser los recitales de cantantes de ópera célebres: un concierto en el que el cantante, en este caso Ainhoa Arteta, busca y consigue un éxito importante de público. Es lo mejor para contentar a todos. El público tiene derecho a disfrutar de arias de ópera agradables de escuchar, y los cantantes tienen derecho a disfrutar del éxito sin tener que correr riesgos.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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