Weber Mozart Schumann Michael Zilm 12/03/2015

El carácter de la música

 

Jueves, 12 de Marzo de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Michael Zilm, director. Carl Maria von Weber: Euryanthe: Obertura, (1823). Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía número 39 en Mi bemol mayor, KV 543, (1788). Robert Schumann: Sinfonía número 3 en Mi bemol mayor, Op. 97, (Renana), (1850). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2014-2015.

 

Muchos profesores de instrumento comparan, en sus clases, el trabajo de un intérprete clásico con el de un actor. En efecto, esta metáfora es bastante pertinente. Los actores tienen que interpretar un texto, dramático o cómico, y tendrán que ajustar su actuación escénica, bien al contenido de las palabras o a la intención que quiera obtener del texto el director de escena, que puede ser perfectamente contraria a lo que el texto dice. El temperamento del actor no debería contar para nada, y supuestamente un buen actor tendría que saber adaptarse a todo tipo de situaciones, aunque de hecho ningún actor puede llegar a ser tan versátil como para abarcarlo todo. Lo mismo ocurre entre los intérpretes clásicos, y las limitaciones de unos u otros marcan diferencias entre un buen intérprete y un intérprete extraordinario.

Michael Zilm abrió el concierto que nos ocupa con el explosivo arranque de la obertura de Euryanthe de Weber, apoyado en unos metales y unos timbales de gran rusticidad, y tomando tempi muy ligeros, que extendió a buena parte de la obertura. Sin embargo, la sección central, de carácter más calmado, tendió a perder tensión. El hecho de que las cuerdas tocaran con poco vibrato, al modo de las orquestas de instrumentos de época, no ayudó a dotar al pasaje de la calidez necesaria, y fue un anuncio de lo que llegaría en la sinfonía mozartiana que siguió.

Y es que la música de Mozart, siempre lo hemos dicho, supone una dificultad mucho mayor de la que suele admitirse. Hay que escapar de la pesantez, pero no hay que pasarse de ligereza y, sobre todo, hay que dotar de carácter y de personalidad propia a cada uno de los temas. Zilm tomó la obra con gran corrección, y no perdió en ningún momento la arquitectura. También experimentó con los efectos sonoros de la escritura de los clarinetes, con muy buen resultado por momentos. Pero en general faltó tensión y drama, algo que en Mozart nunca debe ocurrir. Michael Zilm debió haber tomado más riesgos, especialmente para dotar de dramatismo a un segundo movimiento que, tal como escuchamos aquí, resultó poco interesante.

Las sinfonías de Schumann son obras de planteamiento complicado, por muchas razones que incluyen su construcción formal peculiar, su discutida  orquestación y la variedad de caracteres que hay que transmitir en poco tiempo. A este respecto, la Renana tiene menos complicaciones que la Segunda, y Zilm supo llevarla bastante bien. En el primer movimiento, se acentuó en exceso la vertiente más bucólica de la música, (el firmante prefiere versiones más épicas y grandiosas), y al tercer movimiento le faltó poesía. Pero como era de esperar, Zilm se sintió cómodo con el carácter desenfadado y rústico del segundo movimiento y, en contra de lo que hacen muchos directores modernos, Zilm tomó el quinto movimiento con solemnidad, tal como Schumann indica en la partitura. Por último, el Finale resultó optimista y brillante, con el coral particularmente grandioso pero sin exageraciones. El aplauso final del público respondió a una reacción inmediata perfectamente justificable.

En conjunto, Michael Zilm mostró que es un director que, a su mejor nivel, puede ofrecer cosas interesantes, pero a tenor de lo que pudo escucharse, aún le falta explorar algo más en el mensaje expresivo de las obras. Los detalles de escritura instrumental, forma y estructura son muy importantes, pero incluso en las obras más despojadas de interpretaciones extramusicales, como las de Mozart, hay que saber mostrar capacidad de adaptación a los distintos caracteres de los temas. Es la única manera de transmitir algo al público.

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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