CLÁSICA Xabier Armendáriz
“En ascenso”
Miércoles, 22 de abril de 2026. Auditorio Barañain. Orquesta Sinfónica de Navarra. Sebastián Zinca, director. Felix Mendelssohn: Las Hébridas, obertura de concierto Op. 26 (1830). Amy Beach: Invocación para violín, violonchelo y piano, Op. 55 (versión para orquesta realizada por Sebastián Zinca). Franz Schubert: Sinfonía número 3 en Re mayor, D. 200 (1815). Wojciech Kilar: Orawa (1986). Concierto inscrito en la serie Andante de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2025-2026.
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Como viene siendo habitual en las últimas temporadas, la Orquesta Sinfónica de Navarra sigue presentando su serie Andante, una temporada de conciertos paralela al ciclo de abono que permite que aquellas personas que habitualmente no pueden acudir a Baluarte, al Centro Cultural de Tafalla o al Teatro Gaztambide de Tudela tengan oportunidad de escuchar al conjunto navarro. En general, son conciertos breves, con cierto espíritu pedagógico, pero casi siempre se incluyen, junto a las obras relativamente conocidas, algunas propuestas interesantes o que, como mínimo, pueden hacer pensar al público.
El concierto que nos ocupa en esta ocasión es la visita que, en los últimos años, la Orquesta Sinfónica de Navarra ofrece en la que es, desde hace algún tiempo, su lugar habitual de ensayos. En esta ocasión, se presentaba junto a ella el director estadounidense Sebastián Zinca, una figura emergente y bien conocida en España gracias a su actividad reciente con la Real Filarmonía de Galicia. Su propuesta ofrecía un programa apto para mostrar sus características como director, con las obligadas incursiones en el gran repertorio y también su curiosidad por territorios más recientes o menos explorados.
La sesión se abría con la obertura de concierto Las Hébridas de Felix Mendelssohn, una obra que, como recientemente comentamos, surgió como respuesta emocional por parte del compositor alemán tras la visita al archipiélago situado en el norte de Escocia. Sebastián Zinca ofreció una interpretación de calentamiento, poco flexible en el fraseo y en el manejo del tempo, sin atender a los variados ambientes que propone la obra en sus diferentes secciones.
Fue más interesante escuchar la Invocación de Amy Beach, una obra de estilo relativamente salonesco que Zinca plasma en su arreglo de manera muy acertada, ligándola a la escritura de los movimientos lentos de las sinfonías de Schumann y Mendelssohn. En lo puramente interpretativo, fue también la obra en la que tanto orquesta como director se mostraron más cómodos.
La composición más ambiciosa del programa en términos de duración era la Tercera Sinfonía de Franz Schubert, obra de primera madurez del compositor austríaco, aunque parezca extraño decir esto sobre una partitura compuesta por un chico de dieciocho años. Sebastián Zinca inició la introducción con una aproximación directa y contundente, sin pretender realzar la solemnidad de ese momento; en proporción, el tempo del primer movimiento resultó más bien prudente, y a partir de entonces todo sonó bien ajustado pero sin que llegara a percibirse ese carácter agridulce que tan acertadamente retrataba Zinca en su presentación.
Eso sí, se agradeció la búsqueda del rubato en el Trío del Scherzo, aunque ocasionalmente hubiera algún desacuerdo entre el oboe y el fagot. La sesión se cerró con Orawa de Wojciech Kilar, en el que el compositor polaco se hacía eco del folclore de las regiones montañosas de su país. La obra es un producto tardío del estilo minimalista y debería haber sonado mucho más mecánica y con un ritmo más implacable de lo que se escuchó en Barañáin; eso sí, el éxito de público fue importante y demuestra que, si las obras actuales se presentan de manera adecuada, se puede triunfar con ese repertorio.
Quizá lo más interesante, a día de hoy, de Sebastián zinca, es su espíritu pedagógico, la comunicación constante que mantiene con el público, al que quiere mantener involucrado durante todo el concierto; así lo demostraron sus acertadas presentaciones, que contaron para la obra de Kilar con la igualmente destacada aportación de Anna Radomska, que explicó los pormenores locales de esa obra concreta. Por lo demás, Sebastián Zinca es un director en ascenso, que puede ofrecer interpretaciones muy interesantes en años próximos.

