Vivaldi Gli Incogniti Amandine Beyer Semana Música Antigua Estella 13/09/2014

Vivaldi redescubierto

 

Sábado, 13 de Septiembre de 2014. Iglesia de San Miguel de Estella. Gli Incogniti. Amandine Beyer, violín y directora. Antonio Vivaldi: L’Olimpiade, RV 725: Sinfonía, (1734). Concierto para violonchelo en La menor, RV 420. Concierto para violín y teclado en Do mayor, RV 808. Concierto para violín, cuerda y continuo en Mi mayor, Op. 8 número 1, RV 268, (La primavera), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Sol menor, Op. 8 número 2, RV 315, (El verano), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Fa mayor, Op. 8 número 3, RV 293, (El otoño), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Fa menor, Op. 8 número 4, RV 297, (El invierno), (1725). Concierto inscrito en la XLV Semana de Música Antigua de Estella 2014.

 

El compositor franco-suizo-ruso-estadounidense Igor Stravinsky fue uno de los grandes polemistas musicales del siglo XX. Sus escritos son casi tan interesantes como sus obras, estemos más o menos de acuerdo con las opiniones que reflejan, desde luego muy particulares. Uno de los mayores ejemplos del sentido del humor stravinskiano lo refleja esta frase, que es una de sus citas más célebres: “Antonio  Vivaldi es ese enojoso señor que escribió seiscientas veces el mismo concierto”.

A quienes aprecian especialmente la música de Vivaldi, probablemente esta frase les parecerá exagerada, pero de hecho tiene buena parte de verdad. Lo que Stravinsky refleja aquí es que, en sus más de quinientos conciertos, Vivaldi usó siempre unos recursos armónicos bastante limitados, lo que puede hacer en un momento determinado que la música resulte excesivamente predecible. Cuando un conjunto especializado decide hacer un concierto dedicado a Vivaldi, ha de procurar minimizar esta sensación, y dotar de los contrastes que necesita a un repertorio que se presta especialmente a ellos.

Los miembros de Gli Incogniti saben bien cómo hacerlo, y en el concierto que nos ocupa ofrecieron una lección al respecto. Ya desde el comienzo de la obertura de L’Olimpiade, quedó claro que apostaban por un Vivaldi de tempi movidos, enérgico en los movimientos rápidos y de gran expresividad en los lentos. El conjunto está formado además por músicos de magnífica técnica, y comandado por una violinista de exquisita sensibilidad y gusto en la ornamentación. Combinando las enseñanzas de todo tipo de grupos, más o menos académicos o rupturistas con la tradición, lograron un Vivaldi modélico.

Pero lo más interesante llegó en la segunda parte, con Las cuatro estaciones de Vivaldi. Frente a una obra como ésta, que todos hemos oído muchas veces y creemos conocer casi de memoria, es hoy prácticamente imposible decir nada nuevo, pero parece claro que cualquier buena interpretación actual de la obra pasa por resaltar, incluso exagerar, el naturalismo de la partitura. A ese respecto, Amandine Beyer se encargó de hacerlo ya desde su primera intervención solista, imitando las libertades rítmicas del canto de los pájaros en la naturaleza. Hubo muchos más ejemplos de ese naturalismo, como una tormenta llena de aparato eléctrico y, sobre todo, unos movimientos extremos del Invierno en los que el frío casi parecía contagiarse a los espectadores.

No obstante, lo más interesante de la interpretación fueron los tiempos lentos. En manos de Beyer, no resultaron excesivamente meditados, pero la violinista francesa supo frasear con mucha inteligencia, ornamentando con acierto sus melodías, que sonaban con una libertad rítmica que no recordamos en ninguna interpretación de esta obra. Sólo en el movimiento lento del Invierno un tempo más relajado habría sido más deseable para recrearnos más en la melodía del violín, pero fue un defecto menor en una interpretación por lo demás magnífica. De propina, otro movimiento de un concierto de Vivaldi, tocado con la misma mezcla de rigor y espontaneidad.

En conjunto, fue un concierto de nivel interpretativo extraordinario, coronado por una interpretación de Las cuatro estaciones de Vivaldi que difícilmente olvidaremos los que la pudimos escuchar. No todos los días se redescubre una obra tan conocida.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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