Vinko Globokar Laboratorium Teatro Gayarre 17/11/2015

Diecinueve maneras de hacer música

 

Martes, 17 de Noviembre de 2015. Teatro Gayarre de Pamplona. Pilar Fontalba, oboe. Ludwig Carrasco, violín. Patrick Crossland, trombón. Jonathan Shapiro, percusión. Juan José Eslava, electrónica. Vinko Globokar: Laboratorio: Selección, (1985). Concierto correspondiente al Ciclo de Música Contemporánea organizado por el Colectivo E7.2.

 

Muchas veces no nos damos cuenta de ello, pero estamos rodeados de objetos con los que potencialmente podemos hacer música. Si entendemos el hecho musical en su sentido más amplio, incluso en el momento en el que el firmante está escribiendo esta crítica en el ordenador está haciendo música. Los instrumentos musicales hacen música, y no sólo cuando tocan de la manera convencional. También existe la música electrónica, utilizada con profusión a lo largo del siglo XX, y por supuesto, nuestro propio cuerpo es un objeto intrínsecamente musical, como bien saben los seres humanos desde hace milenios.

En el último concierto de su ciclo, el Colectivo E7.2 nos ha ofrecido una obra que explota en toda su intensidad el fenómeno de la generación del sonido. Laboratorio, de Vinko Globokar, es una obra originalmente compuesta de 55 movimientos, de los cuales la plantilla disponible sólo permitía realizar 19, en la que pueden encontrarse todo tipo de sonoridades. Escuchamos al oboe, al violín, al trombón y a los instrumentos de percusión con sus sonidos habituales, pero al violinista se le piden todo tipo de efectos especiales, (incluyendo un sonido similar al de la sintonización de una radio), al oboe y al trombón se les piden multifónicos e incluso se les indica a sus intérpretes que intenten articular palabras mientras tocan. El percusionista tiene que manejarse con un amplio conjunto, en cooperación con sus compañeros. Todos ellos tienen que realizar asimismo efectos vocales de todo género, que incluyen respiraciones pausadas, graznidos, partes habladas, canto o el más desagradable de los gritos. También han de actuar y desenvolverse en un escenario lleno de instrumentos, flanqueados por un público que presenciaba desde la propia escena todo lo que ocurría. Por último, otra persona hacía las funciones de director y coordinador con los efectos electrónicos.

El resultado musical, naturalmente, es muy variopinto. Para el público general, los movimientos más fáciles de comprender fueron aquellos con un mayor componente de percusión corporal. Pero más allá de esos efectos familiares, se percibe en la obra un sentido de la experimentación y un intento por explorar todas las formas de escritura presentes en el siglo XX. En la obra están presentes, por momentos, Webern, Boulez, Cage, Reich, Stravinsky, etc.; es decir, desde el más ortodoxo serialismo hasta el fenómeno del minimalismo repetitivo. Considerado en su totalidad, era tal vez demasiada información de vez para los no iniciados.

En todo caso, la interpretación fue extraordinaria. Los cuatro músicos y su coordinador, Juan José Eslava, demostraron un convencimiento intensísimo frente a su labor, y la desempeñaron con gran rigor y sentido del espectáculo. Todos ellos demostraron dominio de los instrumentos y sus voces, algo indispensable para llevar la obra a término. Por supuesto, la sección final, con el percusionista graznando el texto de “La dona è mobile” tratándose de imponer frente a sus compañeros, fue quizá la más cómica de todo el conjunto, pero quien pudiera tomar cierta distancia seguramente encontró más momentos de humor oculto en la obra.

Después de la interpretación, Pablo Ramos dedicó algún tiempo a fomentar el intercambio de opiniones entre artistas y público. Sin duda, una iniciativa muy importante para que el público pudiera asimilar, y con el tiempo tal vez entender, una obra que muestra diecinueve formas de hacer música que a nadie dejaron indiferente.

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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