Verdi Requiem Orquesta BBC Escocia Donald Runnicles 02/08/2015

Verdi de verdad

 

Domingo, 2 de Agosto de 2015. Royal Albert Hall de Londres. Angela Meade, soprano. Karen Kargill, mezzosoprano. Yosep Kang, tenor. Raymond Aceto, bajo. Coro de la Deutsche Oper de Berlín. Orquesta Sinfónica Nacional de la BBC de Escocia. Donald Runnicles, director. Giuseppe Verdi: Misa de réquiem, (1874). Prom 23 de la BBc 2015.

 

La Misa de Requiem de Giuseppe Verdi es la única obra del compositor italiano que se interpreta con cierta frecuencia en conciertos sinfónicos. No es de extrañar: las óperas de Verdi, con su teatralidad tan explícita, piden a gritos ser representadas, y parecen resistirse con todas sus fuerzas a las versiones concertantes. Los preludios y oberturas son asimismo importantes, pero muchos de ellos no alcanzan la densidad sinfónica de los de otros compositores y, en general, parecen más adecuados para ser intercalados en recitales vocales y no para iniciar conciertos de abono de una orquesta.

Por eso, es relativamente infrecuente que los directores no habituados a dirigir ópera se encuentren con música de Verdi, y muchas veces se notan los resultados en las interpretaciones de este Requiem. Por citar a los dos directores que han interpretado la obra más recientemente en Pamplona, Antoni Wit no es un director conocido por sus interpretaciones operísticas y Vladimir Jurovski, que sí tiene más experiencia al respecto, destaca más por sus versiones de óperas de Wagner o Zemlinsky.

No ha sido el caso este año en los Proms londinenses. La organización del festival ha preferido encargar la interpretación de esta obra a Donald Runnicles, actual titular de la Deutsche Oper de Berlín y de la Orquesta Sinfónica Nacional de la BBC de Escocia. El director reunió a su orquesta escocesa con el coro de la compañía alemana para ofrecer una interpretación del Requiem de Verdi muy equilibrada y medida, por momentos modélica. Los aspectos sacros y los más teatrales de la partitura se mezclaron con absoluta precisión; el acompañamiento tapaba muy pocas veces a los cantantes; las instrucciones al coro resultaron de una eficacia asombrosa. Es posible que algunas soluciones en momentos concretos resultaran discutibles (las trompetas del Tuba mirum podían haberse repartido mejor en el amplio espacio del Royal Albert Hall), pero ciertamente se trató de una interpretación de primera calidad cuyo principal mérito fue que sonó a Verdi por los cuatro costados. Un logro muy difícil de escuchar a los directores de hoy.

El equipo de solistas funcionó asimismo a buen nivel general. Angela Meade tiene una voz prácticamente ideal para su parte y frasea con gran musicalidad; en su solo del Libera me inmediatamente previo a la fuga final, se esforzó por cantar el agudo en piano y obtuvo un resultado digno, ya que no extraordinario. Karen Kargill, con su voz algo estrangulada, no parecería la mejor elección para la parte de mezzo, pero la cantante escocesa supo convencer a base de fraseo y recursos belcantistas. El tenor Yosep Kahn tiene la voz adecuada para el papel y demostró un fraseo efusivo y fácil, aunque en algunos momentos puntuales temblara de manera inexplicable. Por último, el bajo Raymond Aceto supo realizar una interpretación convincente, sin excesos melodramáticos. Posiblemente haya sido éste uno de los mejores cuartetos que este comentarista ha podido escuchar en directo en esta obra.

Finalmente, hay que destacar el trabajo de la orquesta y del coro. Este último tuvo una participación especialmente destacada, sobre todo gracias a la intención que insuflaba a cada palabra del texto. El Requiem aeternam inicial resultó acongojante, como también la prestación de la sección masculina en toda la obra. Con todo, en momentos puntuales como el clímax del Tuba mirum, aún se habría agradecido un coro más numeroso.

Al final de esta interpretación del Requiem de Verdi, el silencio no fue tan largo ni tan intenso como el sucedido el día anterior al final del concierto de Juanjo Mena en el que participó el Orfeón Pamplonés, pero el éxito que consiguió la interpretación fue merecido. Pocas veces se puede disfrutar de un Requiem de Verdi que suene a Verdi de verdad.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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