Valery Sokolov Michal Nesterowicz Beethoven Fauré Sibelius 13/12/2013

Bienvenidos al Norte

 

Viernes, 13 de Diciembre de 2013. Valery Sokolov, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. Michal Nesterowicz, director. Ludwig van Beethoven: Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op. 61, (1806). Gabriel Fauré: Peléas et Mélisande, Op. 80: Suite, (1898). Jean Sibelius: Sinfonía número 7 en Do mayor, Op. 105, (1924). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2013-2014 realizado a beneficio de UNICEF.

 

Llegaba el último concierto del año de la Orquesta Sinfónica de Navarra, y se notaba. En la primera página del programa, se nos recordaba que el concierto estaba dedicado a UNICEF, y se nos animaba a ser generosos en estas fechas especialmente propicias para ello. Después de la página en la que se anunciaban las obras, la Orquesta Sinfónica de Navarra felicitaba la Navidad a los asistentes. Pero el programa musical poco tenía de navideño, y con la excepción a medias del Beethoven, apenas transmitía la luminosidad propia de estas fechas, como bien se encargó de recordarnos Michal Nesterowicz.

En la primera parte, decíamos, se ofrecía el Concierto para violín y orquesta de Beethoven. Para la ocasión, se contó con un solista que se unía a una nómina de violinistas excepcionales que están pasando por el ciclo de la orquesta en esta temporada. Valery Sokolov realizó una lectura madura y muy meditada del concierto, llena de sabiduría musical, atenta a la medida de las tensiones. En particular, la habitual cadencia de Joseph Joachim que cerró el primer movimiento destacó por la manera en que Sokolov administró los silencios. A todo esto había que añadir un dominio técnico excepcional. Por su parte, Nesterowicz realizó un acompañamiento ortodoxo, contrastado, atento a las necesidades del solista pero contundente y dramático en los pasajes donde se requería potencia. El gran triunfo de Sokolov animó al violinista a interpretar, fuera de programa, un fragmento de la Chacona de la Partita para violín solo en Re menor de Bach.

El contenido de la segunda parte emparejaba a dos autores que, a priori, poco tienen que ver entre sí, como son Fauré y Sibelius. Sin embargo, hay que recordar que ambos compositores, como buena parte de los autores que vivieron a comienzos del siglo XX, se sintieron especialmente atraídos por la obra teatral Peleas y Melisenda de Maurice Maeterlinck y escribieron música escénica para representaciones de este drama de argumento especialmente truculento. De hecho la visión particular del francés estaba incluida en el programa. Significativamente, Nesterowicz tendió a acentuar el aspecto más oscuro de esta música, muy especialmente en el Preludio, donde la sección de cuerdas fraseó con espontaneidad y naturalidad. Todo esto sin descuidar el sonido fundamentalmente francés de esta obra, sobre todo en la célebre Siciliana.

La interpretación de la Séptima sinfonía de Sibelius fue sencillamente ejemplar. Lo primero que llamaba la atención era, por supuesto, el exquisito cuidado del sonido orquestal, en lo que fue una interpretación sombría y dramática, aunque con fogonazos puntuales de brillantez allá donde era necesario. Fue de destacar el arranque expresionista previo a la coda de la obra y la inmersión completa de Nesterowicz en la música, manifestada en los cantos audibles en algunos momentos de la interpretación.

En conjunto, fue una magnífica velada, impulsada por la presencia de un extraordinario violinista y por un director que supo leer a Fauré desde una perspectiva distinta, destacando su vertiente más brumosa que nos recuerda el ambiente nórdico. La Orquesta Sinfónica de Navarra ha despedido el año con muy buen pie.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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