Un requiem alemán Orfeón Donostiarra Orquesta Wdr Colonia 28/08/2015

Humano, demasiado humano

 

Viernes, 28 de Agosto de 2015. Auditorio del Palacio Kursaal de San Sebastián. Sophia Brommer, soprano. Tareq Nazmy, barítono. Orfeón Donostiarra. Jose Antonio Sainz Alfaro, director del coro. Orquesta Sinfónica de la Wdr de Colonia. Jukka-Pekka Saraste, director. Johannes Brahms: Un réquiem alemán, Op. 45, (1869). Concierto inscrito en la LXXVI Quincena Musical de San Sebastián 2015.

 

Siempre se ha dicho que Un réquiem alemán de Johannes Brahms no es un réquiem convencional, y hay buenas razones para ello. Al decidirse por un texto alternativo al Ordinario de la misa de difuntos católica, Brahms se apartaba conscientemente de cualquier tentación de hacer una obra en exceso tremendista y dramática. Según sus palabras, se trataba de “ein menschliches Requiem” (un réquiem humano), que pensara más en los que debemos seguir viviendo en el más acá que en los dramas del más allá. Los pasajes más dramáticos hay que entenderlos, pues, como una reflexión sobre el poder inevitable de la muerte y el destino sobre el género humano, pero no como un drama inmediato, excesivamente terreno.

Sin embargo, Jukka-Pekka Saraste no pareció entender la obra de esta manera. Ya desde el comienzo de la primera secuencia, el tempo daba a entender una visión más dramática. No hubo espiritualidad en esta secuencia, y en la segunda el drama resultó algo exterior, excesivamente operístico. No se sentía tanto el final de una vida o los golpes de un destino fatal irrevocable al que hemos de resignarnos, sino una humanidad excesivamente temerosa de la muerte. Los tempi eran en general muy apresurados, lo que impedía disfrutar de esta música en toda su plenitud. En la tercera secuencia, al llegar a la sección contrastante del barítono solista, (“Ach, wie gar nichts”), la aceleración del tempo era claramente innecesaria. Sólo las fugas, presentadas con claridad prístina aunque asimismo con excesiva presteza, otorgaron interés a un conjunto que, salvo por la actuación vocal, coral y orquestal, no terminaba de despegar.

Fue a partir de la cuarta secuencia cuando Jukka-Pekka Saraste finalmente terminó de situarse en la obra. Por fin, los tempi elegidos resultaban convenientes y acertados y el fraseo resultaba asimismo más natural por parte de todos. Seguramente el movimiento con una dirección más lograda fue el sexto, en el que el clímax resultó adecuadamente dramático, imponente. Finalmente, al séptimo movimiento no le faltó la espiritualidad, como había ocurrido con el primero, y el final de la obra fue recibido con varios segundos de imponente silencio, sólo interrumpidos por alguna tos inoportuna.

Los mimbres vocales fueron excelentes. Sophia Brommer resultó muy adecuada para la parte de soprano, que supo interpretar con la sencillez y la naturalidad que se requerían. El barítono Tareq Smazny también supo frasear con gran intención y efecto, creando siempre la atmósfera conveniente; el papel no es largo ni difícil, pero requiere a un cantante que sepa dotar de profundidad al dramatismo del texto. El Orfeón Donostiarra realizó una buena labor, pero especialmente a la cuerda masculina se le han escuchado interpretaciones más cuajadas en las que mostraban mayor calidez, sin ir más lejos en el Requiem de Verdi del año pasado. La Orquesta Sinfónica de la Wdr de Colonia obedeció con flexibilidad a las demandas del maestro, pero tampoco mostró su mejor nivel como conjunto.

En resumen, Jukka-Pekka Saraste no ofreció una interpretación de Un réquiem alemán de Brahms sustancialmente distinta a la que Ernest Martínez-Izquierdo había realizado en Baluarte hace algunos años, pero su mayor competencia musical hizo que, al menos a partir del cuarto movimiento, el interés fuese algo mayor. De todas formas, el firmante reconoce que no comparte esta visión de Un réquiem alemán de Brahms, que así resulta humano, demasiado humano.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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