Tomás Luis de Victoria Coral Cámara Navarra David Guindano 08/09/2014

Victoria manierista

 

Lunes, 8 de Septiembre de 2014. Iglesia de San Miguel de Estella. Daniel Ollarzábal, órgano positivo. Capilla Renacentista Miguel Navarro de la Coral de Cámara de Navarra. David Guindano, director. Tomás Luis de Victoria: Quam pulchri sunt gressus tui, (motete a 4 voces), (1572). Misa Quam pulchri sunt gressus tui, (a 4 voces), (1583). Vidi speciosam, (motete a 6 voces), (1572). Nigra sum sed fermosa, (motete a 6 voces), (1576). Trahe me post te, (motete a 6 voces), (1583). Vadam et circuibo civitatem, (motete a 6 voces), (1572). Ave Maria, (motete a 8 voces), (1572). Concierto inscrito en la XLV Semana de Música Antigua de Estella 2014.

 

Para los historiadores de la Música, el último cuarto del siglo XVI es problemático. En las obras de los compositores que ejercían en aquel momento, empezaban a asomar algunos rasgos que derivaron en las novedades del Barroco: agudos contrastes, preferencia de la melodía acompañada, más protagonismo de la música instrumental y mayor sentido teatral. Sin embargo, en la música religiosa los compositores se servían de los medios de la polifonía tradicional y debían atender los dictámenes, en teoría restrictivos, del Concilio de Trento. A los  compositores cercanos a las estéticas más renovadoras se les llamó Manieristas.

El de Tomás Luis de Victoria es un caso conflictivo. Victoria fue un compositor caracterizado por la atención al sentido de los textos, su expresividad y su sentido lúdico, algo acentuado más aún en los motetes y las misas sobre motetes que parten de textos del Cantar de los Cantares. Pero a pesar de todo, tanto Victoria como Palestrina vivieron la etapa inmediatamente posterior al Concilio de Trento, un Concilio que precisamente intentó eliminar lo que de profano había en la música religiosa.

David Guindano se  presentó en Estella con la misa sobre el motete Quam pulchri sunt más una selección de motetes sobre textos del Cantar de los Cantares. En esta ocasión adoptó una visión de la misa mucho más barroca de la que presentó en su momento con la Misa Vidi speciosam. El uso de órgano positivo para doblar algunas voces no fue más que un signo externo de una profunda revisión interpretativa, muy evidente en el manejo de los tempi, ahora más variables. Así, después del motete Quam pulchri sunt, tomado a un tempo bastante vivo, siguió el Kyrie de la misa construido sobre la misma música, que por comparación resultó demasiado lento para parecer coherente. En algunas secciones de la misa hubo contrastes de tiempo igualmente discutibles, como la transición entre el tempo inicial del Gloria y la sección del “Domine Deus”. ¿Eran  habituales estos cambios de tempo en el siglo XVI? De hecho, muy probablemente lo eran, pero ¿en qué medida?

Por lo demás, continuó siendo apreciable un gran cuidado en la claridad contrapuntística y en la dicción de los textos, cualidades ambas imprescindibles para hacer justicia a esta música. Por último, Guindano tiende ahora a una expresión de los textos más exaltada, más sensual, que en otros tiempos, algo que sin duda aporta luz a esta música pero que llevado al extremo, podría resultar discutible. En ese sentido, algunos motetes alcanzaron una expresividad que habitualmente asociamos más con Monteverdi que con Palestrina o Victoria.

Hubo una novedad importante en esta ocasión, como fue la inserción de las secciones gregorianas de la Misa de Angelis en el Kyrie y el Agnus Dei, tomadas como verdadero “canto llano” y siguiendo en esto la evidencia histórica a pies juntillas. Asimismo resultó muy adecuado volver a escuchar los versos del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, complemento ideal para esta música y los textos bíblicos que ésta ilustra.

Fue el que nos ocupa un concierto muy bien interpretado técnicamente, por un conjunto acostumbrado a manejar este repertorio, pero aunque buena parte de la evidencia histórica refrenda las tesis de David Guindano, es asimismo lícito preguntarse si no sería más conveniente volver a un justo medio al interpretar la polifonía de Tomás Luis de Victoria. Ignorar la vertiente expresiva de estas obras es un error, pero convertir al avulense en un compositor manierista también tiene sus riesgos.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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