Toldrá Ravel Tchaikovsky Kun Woo Paik Antoni Wit 12/09/2014

La sabiduría de los elegidos

 

Viernes, 12 de Septiembre de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Kun Woo Paik, piano. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Eduardo Toldrá: Vistas al mar, (arreglo para orquesta de cuerdas realizado por el propio compositor), (1921). Maurice Ravel: Concierto para piano y orquesta en Sol, (1931). Piotr Illyich Tchaikovsky: Sinfonía número 5 en Mi menor, Op. 64, (1888). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2014-2015.

 

No es fácil decir en qué consiste la interpretación musical. Algunos directores de orquesta han intentado hacerlo, pero muy pocos saben explicarlo de forma convincente; ni siquiera saben describir la manera en la que los directores logran determinados efectos, como bien reconocía especialmente Arthur Nikisch, el segundo director titular de la Orquesta Filarmónica de Berlín. En el concierto que nos ocupa, quedó de manifiesto la presencia de dos grandes músicos, que si bien no siempre consiguieron interpretaciones de gran personalidad, demostraron su capacidad y buen hacer.

El concierto se abría con Vistas al mar, una deliciosa obra compuesta originalmente por Eduardo Toldrá para cuarteto de cuerda, y que refleja en sus tres movimientos la frescura y la luminosidad propias del clima mediterráneo, sobre todo en verano. El acercamiento de Antoni Wit a la obra fue curioso, pues su visión tan expansiva y romántica situó la obra de Toldrá junto con las serenatas, escritas años antes, por Tchaikovsky y Hugo Wolf. Teniendo en cuenta que Toldrá buscaba una música más simple, más “francesa” frente al wagnerianismo imperante en la Barcelona de su tiempo, esta visión era potencialmente arriesgada, pero Wit supo hacerla funcionar con sorprendente eficacia.

El Concierto para piano en Sol de Ravel es un divertimento, una pieza alegre y brillante en sus movimientos extremos, llena de buen humor y del refinamiento habitual en el compositor francés. Kun Woo Paik es un pianista magníficamente dotado para llevarlo a buen puerto, por su técnica de seguridad extraordinaria y sus ataques, de sorprendente variedad desde la precisión percutiva al sonido perlado más conseguido. Su mejor momento fue, sin duda, ese milagroso solo inicial del tiempo lento, tocado con todo su lirismo pero sin el menor asomo de expresión romántica. Si la interpretación no terminó de despegar fue porque, aunque Wit acompañó con la destreza en él habitual, faltó algo más de animación en los movimientos extremos; en el caso del tercer movimiento, quienes escucharon atentamente pudieron comprobar que Paik habría preferido un tiempo sensiblemente más rápido. Después de mucho insistir, el público consiguió que Paik tocara una propina, A la manera de Chabrier del propio Ravel, con delectación y extremo cuidado.

Lo que Antoni Wit hizo con la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky fue, sencillamente, una lección de interpretación musical. Ya desde la primera exposición del tema del destino, en la introducción, quedó claro que la interpretación prometía mucho; Wit supo reservar la fuerza expresiva de esa melodía para cuando realmente hacía falta. Un primer movimiento dramático fue el perfecto prólogo a un Adagio de una pasión intensísima, en el que toda la orquesta rindió al máximo, empezando por el fundamental solista de trompa. El tercer movimiento resultó tal vez algo apresurado, pero el cuarto fue expuesto con envidiable claridad de ideas hasta terminar en una brillante vuelta del tema del destino, presentado triunfalmente en la coda. Los aplausos del público fueron más que elocuentes.

En conjunto, fue un muy buen comienzo de temporada, particularmente con una Quinta de Tchaikovsky espléndida. Tanto Kun Woo Paik como Antoni Wit son dos de esos pocos elegidos que, gracias a esa mezcla de conocimiento, mucho trabajo e intuición, saben cómo hacer funcionar cualquier partitura, para deleite de todos.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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