«SUSTITUCIONES» CON MANUEL BLANCO (TROMPETISTA) Y LA O.S.N. EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

“Sustituciones”

Jueves, 11 de abril de 2024. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Manuel Blanco, trompeta. Orquesta Sinfónica de Navarra. Delyana Lazarova, directora. Ludwig van Beethoven: Egmont, música incidental Op. 84: Obertura, (1810). Franz Joseph Haydn: Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol mayor, Hob. VII E número 1, (1796). Antonin Dvorák: Sinfonía número 9 en MI menor, Op. 95, (Desde el Nuevo Mundo), (1893). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2023-2024.

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Cuando se anunció la temporada 2023-2024 de la Orquesta Sinfónica de Navarra, no era seguramente éste el concierto que más inmediatamente llamaba la atención para el gran público. Sin embargo, no ocurría lo mismo entre los más próximos al mundo de la trompeta. Se anunciaba la presencia de la noruega Tine Thing Helseth, la mejor trompetista del mundo y una gran defensora de la literatura escrita para ese instrumento en el siglo XX. No habría sido su primera presencia en Pamplona con la OSN, pero sí una gran oportunidad para haberle observado en acción en el Concierto para trompeta y orquesta de Aleksandra Pakhmutova, una obra que le habría permitido lucir su calidad de fraseo y su capacidad virtuosística. El concierto de Pakhmutova tiene la facilidad melódica y el encanto que se observan en algunos de sus contemporáneos soviéticos, a la cabeza de ellos Aram Khatchaturian, de manera que buena parte del público habría disfrutado de la audición y fue una pena que no pudiera ofrecerse en Pamplona…

Sin embargo, la capacidad para responder a estos imprevistos es uno de los aspectos que demuestran la calidad de una organización de conciertos. Fue un lujo contar con la presencia de Manuel Blanco, actual solista de la Orquesta Nacional de España y otro de los mejores trompetistas del mundo. El Concierto para trompeta y orquesta de Joseph Haydn, que nos ofreció, es uno de los dos más conocidos del repertorio, (el otro es el de Humel, que pronto se escuchará en Barañáin con la propia OSN), y escuchamos una versión técnicamente muy lograda de principio a fin. Fue especialmente notable la redondez del sonido, siempre igual en todo el registro y de gran profundidad y volumen, pero no fue menos impresionante la limpieza de articulación y de realización de las agilidades. En el segundo movimiento, las ornamentaciones que planteó a partir de la melodía realmente escrita por Haydn fueron más que adecuadas y el tempo propuesto por la directora Delyana Lazarova, más bien rápido y mostrando claramente el aire de siciliana, le favoreció claramente. El acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de Navarra fue muy incisivo en los movimientos extremos, con timbales muy marcados propios de las interpretaciones historicistas y tempi también rápidos. Tras el gran triunfo de público, Manuel Blanco recordó sus vínculos con la orquesta, con la que tocó durante años, y ofreció como propina el Ave Maria de Schubert.

El concierto se había abierto con la obertura de Egmont de Beethoven, compuesta como introducción de la música incidental para la obra de teatro de Goethe sobre el líder independentista flamenco del siglo XVI. Eso suponía otro cambio a última hora del programa inicialmente previsto, y Lazarova la dirigió con tempi moderados y en una interpretación muy detallista, destacando las aportaciones de las maderas. Pero donde la directora demostró más claramente su calidad fue en la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonin Dvorák, la obra más importante que el autor checo compuso durante su estancia en Estados Unidos. Fue una interpretación volcánica, sobre todo en un primer movimiento de gran empuje donde Lazarova permitió que muchos detalles orquestales habitualmente ocultos salieran a la luz y dio sentido a la repetición de la exposición, tantas veces omitida. En el famoso Largo, el tempo fue más bien lento y pudimos disfrutar así adecuadamente de la celebrada melodía del corno inglés, con toda su poesía. El Scherzo fue una verdadera revelación; el ritmo característico del Furiante, la danza tradicional checa, fue más perceptible que nunca. El cuarto movimiento terminó con el mismo empuje que caracterizó al resto de la interpretación, pero de nuevo sin olvidarse de los detalles, como ese último acorde de las maderas que termina la obra de manera algo anticlimática, como creando cierta expectación…

En conjunto, fue un concierto de gran nivel, con una sustitución que se resolvió de manera más que satisfactoria con la presencia de Manuel Blanco y donde descubrimos a una directora a la que queremos escuchar más en los próximos años.

Autor entrada: xabier armendariz

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