Schubert Betford Bruckner BBC Philharmonic Orfeón Pamplonés Juanjo Mena 01/08/2015

Triunfo del Orfeón y de Bruckner

 

(La crítica de este concierto fue publicada en el Diario de Navarra el día 3 de Agosto de 2015. En aquella ocasión, no incluimos el nombre del bajo solista, Derek Welton, que sí hemos añadido ahora para completar la ficha).

 

Sábado, 1 de Agosto de 2015. Royal Albert Hall de Londres. Ljuba Orgonasova, soprano. Jenifer Johnstone, mezzosoprano. Robert Dean Smith, tenor. Derek Welton. bajo. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta BBC Philharmonic de Manchester. Juanjo Mena, director. Franz Schubert: Sinfonía número 4 en Do menor, D. 417, (Trágica), (1816). Luc Betford: Inestabilidad, (2015, estreno absoluto, encargo de la BBC). Anton Bruckner: Misa número 3 en Fa menor, WAB 28, (1868). Prom 20 de la BBC.

 

El público de los Proms es muy particular. Sabe apreciar mejor que casi cualquier otro el esfuerzo necesario para preparar correctamente una interpretación y valora a los artistas con largueza en proporción a sus logros. También sabe reaccionar respetando  la esencia propia de cada obra. Si el final de una obra invita naturalmente al aplauso inmediato, el público de la arena será el primero en iniciarlo; si en cambio el final de la obra es más contenido, los aplausos tomarán fuerza más tarde. Fue esta última reacción la que experimentó el Royal Albert Hall al final del concierto que nos ocupa, al terminar la interpretación de la Misa en Fa menor de Bruckner.

Y es que ciertamente, habíamos asistido a una interpretación muy lograda de la obra, empezando por uno de sus componentes fundamentales: el coro. El Orfeón Pamplonés, en su primera aparición en los Proms, realizó una actuación muy completa. La misa de Bruckner es una obra de fuertes contrastes y el coro supo realizarlos de la manera adecuada, pronunciando el texto latino con gran claridad y distinción. Además de en algunas secciones más líricas (la parte final del Kyrie) ,  el Orfeón Pamplonés destacó especialmente en aquellos momentos de la obra que exigen una mayor contundencia, como toda la sección final del Credo. El resultado sonoro sorprendió al público británico, como bien demostraron las ovaciones que la arena tributó a Igor Ijurra.

Pero esta misa bruckneriana tampoco puede funcionar si no se cuenta con un gran director. Juanjo Mena también realizó una interpretación muy medida de la obra, tomando tempi muy contrastados. El Kyrie, el Benedictus y, sobre todo, el Agnus Dei se tomaron a tempi muy reposados, para permitir al público deleitarse en las largas frases melódicas. Sin embargo, el Gloria y el Credo se tomaron a tempi más ligeros, que permitieron a la obra fluir con gran naturalidad. En todo momento, hubo transparencia en el resultado sonoro, algo que no es fácil de conseguir en una sala tan resonante como el Royal Albert Hall. Por supuesto, la Orquesta BBC Philharmonic también realizó un gran trabajo, al igual que el muy homogéneo equipo de solistas, aunque el tenor Robert Dean Smith, habitual en papeles más dramáticos como Tristán de Tristán e Isolda y Siegmund de La Walkyria de Wagner, tenía una voz demasiado oscura para su intervención. Al final de la misa, se hizo un silencio que duró varios interminables segundos, antes de que los primeros aplausos rompieran el hechizo de la interpretación que se acababa de escuchar.

La primera parte del concierto había tenido un interés comparativamente menor. Juanjo Mena había ofrecido una versión de la Cuarta Sinfonía de Schubert muy bien construida formalmente pero algo ligera de tempo, lo que seguramente impidió apreciar algunos detalles en las localidades más alejadas del escenario. Además, se había estrenado Inestabilidad de Luc Betford, una obra interesante por sus efectos tímbricos y por su clima expresionista, pero que posiblemente resultaba algo reiterativa por momentos.

En conjunto, fue la Misa en Fa menor de Bruckner la gran atracción del concierto. Fue un triunfo sin duda para el Orfeón Pamplonés presentarse con esta obra tan extraordinaria en una plaza especialmente complicada, (los británicos tienen una tradición coral propia muy desarrollada), y también un triunfo para Bruckner, al que no sólo deberíamos conocer por sus sinfonías.

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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