Rodrigo Poulenc Gorecki Sibelius Mahan Sfahany Antoni Wit 18/09/2015

El clave, de actualidad

 

Viernes, 18 de Septiembre de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Mahan Sfahany, clave. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Joaquín Rodrigo: Zarabanda lejana y villancico, (1931). Francis Poulenc: Concierto campestre, (1928). Henrik Gorecki: Concierto para clave [o piano] y orquesta de cuerdas, (1980). Jean Sibelius: Sinfonía número 3 en Do mayor, Op. 52, (1907). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2015-2016.

 

Al hablar del clave, los aficionados tendemos a trasladarnos al siglo XVII y XVIII. Fue aquella la época de máximo esplendor de un instrumento para el que escribieron desde Frescobaldi a Rameau, pasando por Purcell, Händel y Bach, entre otros. No es tan conocido, sin embargo, que tras un siglo de olvido del instrumento, el clave volvió a la actualidad a partir de 1920, cuando algunos compositores empezaron a utilizarlo en sus obras. Dos de las obras incluidas en el concierto que nos ocupa procedían de esta segunda época de apreciación del clave, contando en esta velada con un intérprete de excepción.

El Concierto campestre es una obra arquetípica de Poulenc y de los autores franceses de su generación por  su claridad, su sentido del humor y, en el movimiento lento, la enorme tensión conseguida con medios muy económicos. Mahan Sfahany demostró por qué es uno de los clavecinistas más considerados de hoy. En ningún momento pareció preocupado por las dificultades técnicas del concierto y compuso una versión muy completa, atenta a cada detalle y a todos los estados de ánimo que debe transmitir la obra. Antoni Wit realizó un acompañamiento lleno de vitalidad y de tensión en los momentos apropiados, aunque no pudo evitar algunos desajustes a lo largo del primer movimiento, donde la orquesta tuvo dificultades para seguir a su solista.

El Concierto para clave y orquesta de cuerdas de Gorecki es comparativamente una obra menor. En ella, el autor polaco emplea los recursos minimalistas de una manera muy distinta a como lo hace en su famosa Sinfonía de las canciones tristes o en su celebrado motete Totus tuus dedicado a Juan Pablo II. En este concierto, todo resulta más mecánico e impersonal. En todo caso, Mahan Sfahany realizó una interpretación más que convincente de la obra, llevado por un Antoni Wit claramente convencido de la valía de esta música. De propina, Sfahany ofreció aún la famosa Gavota con variaciones de Rameau, en lo que fue un verdadero tratado práctico de ornamentación por la naturalidad y fantasía del fraseo, sin perder esa distinción tan francesa sin la cual este repertorio carece de sentido.

Antes de la intervención estelar de Sfahany, Antoni Wit había realizado una versión bien planteada de la Zarabanda lejana y villancico de Rodrigo. Como final de concierto, se ofrecía  la Sinfonía número 3 de Sibelius, un autor que, en oposición a su colega danés Karl Nielsen nacido asimismo en 1865, ha sido programado con profusión en Pamplona en este 2015 en el que se celebran los 150 años de ambos nacimientos. El director polaco supo mostrar adecuadamente la cuidadísima construcción formal de la obra. Sin embargo, faltó algo de oscuridad, de “frialdad nórdica”. En su intento de lograr una versión transparente de esta obra, Antoni Wit dejó algo de lado la vertiente más salvaje y atmosférica de Sibelius, sin la cual esta música pierde parte de su esencia. En todo caso, la interpretación fue muy bien recibida por un público entregado.

En conjunto, fue un concierto destacado sobre todo por la presencia de Mahan Sfahany, un solista de clave que no tiene miedo de romper barreras y de demostrar que el clave, lejos de ser un instrumento muerto desde que el piano y sus precedentes arrasaran con él, sigue estando de actualidad.

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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