Richard Strauss Bruckner Orquesta Philharmonia Christoph von Dohnányi Salzburgo 06/08/2014

 

En la ciudad de la música

 

Jueves, 6 de Agosto de 2014. Gran Teatro de Festivales de Salzburgo. Camilla Tilling, soprano. Orquesta Philharmonia de Londres. Christoph von Dohnányi, director. Richard Strauss: Cuatro últimos lieder, (1948). Anton Bruckner: Sinfonía número 9 en Re menor, (1894, edición de Leopold Nowak publicada en 1951). Concierto inscrito en el Festival de Salzburgo 2014.

 

En verano, más aún que en todo el resto del año, Salzburgo vive para la música. La ciudad en la que nació en 1756 Wolfgang Amadeus Mozart, por lo demás pequeña y tranquila, se vuelca en una inmensa actividad musical. No sólo se celebran los conciertos del Festival, una cita sin duda importante, sino también otros eventos paralelos, como proyecciones al aire libre de producciones del Festival (incluyendo ópera, conciertos sinfónicos y espectáculos destinados a los niños), conciertos en las iglesias y lugares simbólicos, simposios y cursos de verano organizados por el Mozarteum, etc. Por consiguiente, un viaje ideal para quienes amamos la música, incluso aunque no se  disponga de entradas para entrar en el Grösses Festpielhaus para escuchar conciertos como el que nos ocupa, que reunía todos los ingredientes de una velada importante: dos obras de gran contenido simbólico que formaban un programa concebido con gran coherencia, una orquesta de gran calidad y un director muy experimentado que, si bien desde hace años está algo apartado del panorama de grabaciones, se mostró como un gran maestro, absolutamente dominador de todos los secretos de la música.

Abrían la velada los Cuatro últimos lieder de Richard Strauss, ese testamento que nos legara el compositor bávaro como una suerte de epílogo no sólo de su propia obra, sino de la estética romántica que la había hecho posible. La Orquesta Philharmonia, que fue en su día la que estrenó la obra, se mostró como un conjunto magnífico, que a los tempi más bien lentos de Dohnányi, pudo lucir un sonido de gran riqueza y una transparencia orquestal envidiable. El director húngaro supo también transmitir el ambiente intimista, otoñal y melancólico de los lieder, especialmente en “Beim Schlafengehen” e “Im Abendroth”. Sólo faltó un ingrediente final para completar el milagro: Camilla Tilling, una soprano de gran musicalidad, no posee una voz con suficiente cuerpo para hacer justicia a estas canciones. Especialmente en la zona grave del registro la voz se apagaba y se volvía opaca, algo no explicable por el cuidadosísimo acompañamiento orquestal. En todo caso, una muy buena interpretación, aplaudida con merecimiento por el público.

Lo que llegó en la segunda parte con la Novena Sinfonía de Bruckner estuvo, sin embargo, a otro nivel. Ya desde ese primer crescendo que surgió desde la nada y terminó en un fortissimo colosal, se presumía que iba a ser una interpretación extraordinaria. La razón fundamental, al margen de un trabajo orquestal de primer orden, hay que buscarla en la clarísima concepción de la obra por parte del director. En Bruckner, más aún que en ningún otro compositor, se hace necesaria la presencia de un maestro que sea consciente de las dimensiones estructurales de la obra, y que otorgue a cada fraseo, a cada clímax, la dimensión adecuada. Toda la sinfonía se construyó con inmensa paciencia, prácticamente digna de un Furtwängler, hasta el susurro de los compases finales. Dejando de lado un Scherzo quizá algo más convencional, fue una interpretación de gran nivel, concluida por un silencio que se prolongó durante algunos segundos hasta que surgieron los primeros aplausos. Así tocada, esta sinfonía no necesita ser completada por un cuarto movimiento que Bruckner no pudo terminar en su día. Los tres movimientos completos conservados hablaron por sí mismos, prueba del nivel de la interpretación.

Fue, en conjunto, una velada de gran nivel, en el que recuperamos a un director algo apartado del panorama discográfico, como lo es hoy Christoph von Dohnányi, pero que aún tiene muchas cosas que decir. Nuestra estancia en la que puede considerarse como la capital de la música en verano no podía empezar mejor.

 

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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