Música Xabier Armendáriz
“Regreso de un clásico”
Jueves, 5 de junio de 2025. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Miren Urbieta Vega, soprano. Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano. Matteo Lippi, tenor. Gerard Farreras, bajo. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Perry So, director. Giuseppe Verdi: Misa de requiem, (1874). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2024-2025.
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El propio comienzo de la Misa de requiem de Giuseppe Verdi marca, mejor que cualquier otro fragmento de la obra, la tensión entre la vertiente espiritual y dramática de la composición. El Introito se inicia con un momento de gran intimismo, en el que el coro musita las primeras palabras del texto mientras se va presentando una melodía a la vez lamentosa y suspirante. Sólo la palabra “lux” (luz) parece aportar un giro inquietante y turbador. Cuando llega el versículo del salmo, irrumpen las voces masculinas del coro con gran fuerza expresiva, en un arranque que, según los casos, puede ser monumental o de una gran urgencia, pero la vuelta del texto inicial supone el regreso del ambiente intimista que comenzaba la secuencia. Entonces, sin pausa, se une la sección con el Kyrie, donde los cuatro solistas vocales entran sucesivamente en un momento de gran expansión lírica y expresiva, netamente operístico, donde los directores deben decidir hasta qué punto permiten a los cuatro solistas lucir su potencia en los agudos o si, en su defecto, prefieren buscar un carácter más urgente. De una manera o de otra, el episodio alcanza un clímax de gran fuerza expresiva, hasta que todo se disuelve en un momento de máxima expectación.
Así comienza una de las obras sinfónico-corales más fascinantes del siglo XIX, precisamente por la riqueza de interpretaciones que puede permitir. Hablamos de una partitura muy querida por amplios sectores del público pamplonés y que ya hacía varios años que no se escuchaba en Baluarte, tras otra racha de años donde esta obra fue una presencia constante. En esta ocasión, Perry So cerraba con esta partitura la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra en un repertorio que no es su dominio natural. El director hongkonés ofreció una interpretación muy obvia de la obra, destacando a conveniencia los aspectos más dramáticos o espirituales de la partitura pero sin que se percibiera una lectura unitaria del conjunto. Algunos de los momentos más espectaculares se resolvieron con la tensión deseable, (sobre todo un excelente “Dies irae”), pero los momentos más espirituales perdían parte de la tensión y, a cambio, no adquirían necesariamente un carácter monumental o la intensidad expresiva deseable.
Así pues, lo más interesante de la interpretación resultó ser el equipo vocal. Miren Urbieta Vega demostró poseer la voz ideal para cantar la parte de soprano de la obra; fraseó con gran atención a los detalles y se permitió incluso apianar con clase en el comprometidísimo agudo justo antes de comenzar la fuga del Libera me. El tenor Matteo Lippi mostró una voz lírica y brillante, además de gran calidad de fraseo en su célebre Ingemisco; en la sección central del Ofertorio, sin embargo, le perjudicó el tempo relativamente lento propuesto por el director y no pudo materializar su idea de forma exacta. Ketevan Kemoklidze mostró una voz amplia pero también muy vibrada, como ocurre en tantos cantantes de Europa del Este. Como ella, el bajo Gerard Farrés mostró una voz rotunda y firme, pero le costó mantener la línea de canto en momentos decisivos, como el comienzo del Lacrimosa. Por último, el Orfeón Pamplonés ofreció una actuación muy destacada, siempre empastados y bien trabajados en los momentos más espectaculares y en los más íntimos, pero de nuevo, fue una lástima que no le pidieran una mayor matización del texto, ya desde el mismo comienzo de la obra, (escúchese al Coro de La Scala en la segunda grabación comercial de Barenboim, por ejemplo).
En conjunto, fue una interpretación de la obra con momentos de gran interés, donde destacaron la soprano y el tenor por encima del resto, además por supuesto de un Orfeón Pamplonés que en esta obra luce sus mejores cualidades.

