Rachmaninov Rimsky-Korsakov Olga Kern Antoni Wit 27/03/2014

Reestreno … 125 años después

 

Viernes, 28 de Marzo de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Olga Kern, piano. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Sergei Rachmaninov: Concierto para piano y orquesta número 3 en Re menor, Op. 30, (1909). Nikolai Rimsky-Korsakov: Scherezade, suite sinfónica Op. 35, (1888). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2013-2014.

 

Cuentan que, en cierta ocasión, el director rumano Sergiu Celibidache fue invitado por la Orquesta Nacional de Francia a interpretar un concierto en donde figuraba en programa, entre otras obras, la Suite número 2 de Dafnis y Cloe de Ravel, una obra muy habitual en conciertos y que la agrupación había tocado muchas veces. El director rumano, como era su costumbre, pidió realizar una cantidad de ensayos que a la gerencia de la orquesta le pareció excesiva, pero Celibidache adujo que, precisamente por haber tocado la obra tantas veces con otros directores, era necesaria una cantidad de ensayos mayor que la habitual, aceptándose finalmente las condiciones de Celi. En el concierto, Celibidache desplegó esa inmensa gama de colores orquestales de la que sólo él era capaz, y la crítica francesa alabó unánimemente la interpretación, considerando que lo que Celibidache había ofrecido, más que una interpretación, era un reestreno de la partitura; tal era la cantidad de detalles que habían salido a la luz.

Cuando se desvaneció el último acorde de Scherezade de Nikolai Rimsky-Korsakov en el concierto que ahora nos ocupa, el firmante no pudo dejar de recordar esta anécdota, porque lo que Antoni Wit realizó con la obra del autor ruso fue una interpretación muy singular. Scherezade es una obra muy habitual en las salas de conciertos, también en Pamplona, que además es querida por el público porque ofrece muchas oportunidades de lucimiento a la orquesta, pero normalmente es tratada como una obra menor, cuya principal virtud es precisamente la brillantísima orquestación. Antoni Wit, sin embargo, no olvidando este aspecto, resaltó todo el lirismo de la partitura, realizando una recreación atmosférica y juvenil, por momentos dramática, exactamente con el carácter y el tempo adecuado para cada momento; siendo una obra tan conocida, parecía como si la estuviésemos oyendo por primera vez. A esto añádase que muchos de los solistas de la orquesta realizaron muy buenas actuaciones, en particular el concertino y la solista de arpa. El entusiasmo del público fue más que elocuente.

En la primera parte, se había escuchado una asimismo muy buena interpretación del Concierto para piano número 3 de Rachmaninov, una obra que pasa por ser el concierto más difícil del repertorio. Es una obra de complejidad técnica mayúscula, larga, que exige una tensión constante del intérprete. Olga Kern demostró cumplir esos requisitos, gracias a su sonido sólido, rocoso y contundente. Pero asimismo el concierto no puede ser tratado como una simple obra de exhibición, y Kern tampoco cayó en ese error. Las numerosas secciones líricas fueron muy bien tratadas, dando la pianista continuidad a las melodías y dotando a la obra del romanticismo que pide. Antoni Wit le acompañó con su oficio habitual, logrando algunos momentos extraordinarios, como el comienzo del tiempo lento, de una turbadora belleza. De propina, un Vuelo del moscardón de Rimsky tocado con máxima perfección técnica…, y a un tempo asombrosamente veloz.

Fue, por consiguiente, un gran concierto, pero en conjunto se puede decir que Kern no tuvo buena suerte. Su versión del concierto de Rachmaninov fue muy buena, pero al final de la velada sólo se hablaba de la interpretación que Wit realizó de Scherezade. Es lógico: no todos los días se asiste a un reestreno de una obra tan habitual en las salas de conciertos 125 años después de su composición.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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