“PRIMA LA MÚSICA” CON LA BOHÈME EN LA DESPEDIDA DE SALESIANOS

“Prima la música”

‘LA BOHÈME VERSIÓN GARAJE’

Jueves, 5 de Marzo de 2020. Taller de Mecánica del Instituto de los Salesianos de Pamplona. La Bohème: Drama lírico en cuatro actos con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa y música de Giacomo Puccini, estrenado el 1 de Febrero de 1896 en el Teatro Regio de Turín. Mariola Cantarero (Mimí), Pancho Corujo (Rodolfo), Ruth Terán (Musetta), Borja Quiza (Marcello), Gerardo Bullón (Schaunart), Jose Antonio García (Colline), Pedro Quitalte (Benoit). Emiliano Suarez, director de escena. Carola Baleztena, vestuario. Carlos Alzueta, iluminación. Borja Mariño, piano y director musical. Producción de la Compañía Ópera Garaje Producciones S. L.

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Desde hace bastantes años, es habitual que cada cierto tiempo se realicen representaciones de ópera en lugares teóricamente no destinados al género. Todos tenemos en mente los festivales de ópera al aire libre celebrados en la Arena de Verona o el Teatro Romano de Orange. Otras veces, se representan óperas en “marcos incomparables”; es decir, en lugares que parecen especialmente adecuados para subir a escena ciertas obras, como habría sido aquella Carmen de Bizet que se iba a representar hace algunos años en Sevilla en escenarios “naturales”, incluyendo un cuarto acto apoteósico en la Plaza de Toros de la Maestranza.

Lo que propone la Compañía Ópera Garaje no rompe con la tradición por sacar la ópera fuera de los teatros, sino por apartarse de los escenarios externos más evocadores para el género. Es verdad que la Staatsoper de Colonia realizó sus actividades durante varios años en un pabellón construido ad hoc durante un proceso de reformas en su sede habitual, pero sigue resultando complicado evitar pensar en las comodidades de las que dispone el público en un gran teatro., sobre todo en una ciudad como Pamplona donde sí existe una tradición operística. Si se trata de crear afición al género, la ausencia de sobretítulos es un factor importante, (buena parte de los asistentes no conocían bien el texto), y el Taller del Instituto de los Salesianos ofrecía una temperatura bastante fría que hacía que nos solidarizáramos todos especialmente con las tribulaciones de los bohemios parisinos a costa de la comodidad de la audiencia. Eso sí, a esta función de La Bohème de Puccini acudió un público distinto que vivió en primera línea la experiencia de la ópera y confiamos en que, tal y como afirman los organizadores, propuestas como ésta contribuyan a crear afición.

En este caso, la obra más popular de Puccini se ofreció con un corte importante en extensión. Del segundo acto, sólo se escuchó el vals de Musetta, incluyendo las intervenciones de los demás personajes, como actuación de intermedio, remedando el ambiente de café del segundo acto. Se entienden las razones del corte, (habría sido necesario un coro para hacer la obra completa y la calidad de la música que se pierde es bastante relativa), pero la relación Musetta-Marcello se desdibuja considerablemente, lo que hace más difícil entender el enfado de Marcello en el tercer acto.

Donde la función adquirió su verdadero interés fue en la vertiente musical. Mariola Cantarero era teóricamente una elección arriesgada como Mimí, porque cuando realizó su carrera más importante poseía una voz demasiado ligera para el papel; sin embargo, a pesar de un comienzo poco prometedor donde mostró un vibrato excesivo, poco a poco entró en la función hasta ofrecer un cuarto acto espléndido, presentando al personaje con todo su candor. Francisco Corujo anunció que no se encontraba en plenitud vocal y su primer acto fue simplemente bueno, pero él también se creció al final e incluso en el registro agudo no pareció tener problemas; su matización en los momentos que exigen bel canto fue siempre muy cuidada. Fue muy eficaz en todos los aspectos la Musetta de Ruth Terán, pero lo más interesante de la función fue Borja Quiza, que se mostró como un Marcello ideal por voz y caracterización del personaje. Todos los secundarios estuvieron muy bien servidos y el acompañamiento al piano de Borja Mariño fue dramáticamente muy conseguido, aunque es verdad que en el acto primero tendió a acompañar a los cantantes con demasiada fuerza.

En conjunto, fue un experimento que como pretendía acercó la ópera a otro tipo de público. Pero fue la música de Puccini y el hecho de contar con un reparto de calidad lo que hizo que, a la postre, el público disfrutara de la representación.

Autor entrada: xabier armendariz

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