Peter Matzka Christian Schmidt Coral Cámara Pamplona Schubert Janácek Mendelssohn Strauss 21/08/2013

Pasión y entusiasmo

 

Miércoles, 21 de Agosto de 2013. Casa de Cultura de Cizur Mayor. Peter Matzka, violín. Christian Schmidt, piano. Coral de Cámara de Pamplona. Marta Mármol, directora. Franz Schubert: Sonata para violín y piano número 3 en Sol menor, Op. 137, D. 408, (1816). Leos Janácek: Sonata para violín y piano, (1914). Felix Mendelssohn: Seis lieder In Freien zu Singen para coro a cuatro voces, Op. 48. Richard Strauss: Sonata para violín y piano en Mi bemol mayor, Op. 18, (1888). Concierto presentado por la Coral de Cámara de Pamplona.

 

El año 2013 trajo consigo importantes novedades para la Coral de Cámara de Pamplona. A finales de 2012 abandonó la titularidad del conjunto Josep Cabré, y fue sustituido por David Gálvez Pintado, lo que suponía confiar la formación a un músico menos centrado en el mundo de la música antigua, y con una preferencia mayor por el repertorio contemporáneo. Por otra parte, el mismo concierto sanferminero cambió de formato, y la Coral abandonó el Teatro Gayarre para intervenir en un experimento de fusión entre Bach y la percusión africana.

Con todo, hay otras iniciativas que siguen adelante. De la misma forma que el año pasado la formación contó con la presencia de la pianista Florence Millet, el concierto que nos ocupa suponía la intervención de dos músicos establecidos en Austria, como son Peter Matzka y Christian Schmidt, y lo hicieron con un repertorio atractivo, y en un lugar ideal para esta música.

Peter Matzka y Christian Schmidt forman un dúo muy compenetrado y tocan con gran dominio de sus instrumentos. La principal característica de sus interpretaciones es la enorme pasión presente en todo lo que hacen, un entusiasmo que pocas veces se encuentra en intérpretes más consagrados.

En teoría, no parecía eso lo más adecuado para una sonata de Schubert tan clásica y equilibrada como la que abrió programa, pero ambos músicos consiguieron combinar ese impulso con la elegancia necesaria. En el caso de la sonata de Janácek, esa pasión se tradujo en una interpretación expresionista, de altísimo voltaje. En ambas obras habría sido de desear una mayor dosis  de serenidad y maduración, pero el mensaje de la música se transmitía muy bien al público.

Fue en la sonata de Richard Strauss cuando ambos intérpretes dieron lo mejor de sí mismos. En una obra de claras resonancias schumannianas y brahmsianas, el apasionamiento y el arrebato romántico no sólo son deseables, sino incluso indispensables para hacer justicia a esta música. La interpretación fue muy viva, pero no olvidando los claroscuros que la obra demanda, con una transición entre los dos últimos movimientos magnífica. De propina, ambos intérpretes tocaron con mucha sencillez y gusto la canción de Marieta de La ciudad muerta de Korngold.

Y entre medio, intervino la Coral en una obra a capella. El desafío no era nada fácil, habida cuenta de todo lo mucho y bueno del resto del concierto y teniendo en cuenta que la directora invitada posiblemente no dispuso de demasiado tiempo de ensayos. No obstante, la actuación fue acorde con el resto del concierto. La obra de Mendelssohn fue interpretada con convicción, fraseo muy bien delineado y tiempos ligeros, pero nunca en exceso. La acústica de la sala, recogida y seca, favorecía este acercamiento tan fresco y juvenil, y la directora supo entenderlo y llevar la obra con eficacia y buen hacer.

En conjunto, asistimos a una velada muy agradable, en donde los intervinientes lograron el éxito que merecían. La Coral de Cámara de Pamplona sigue ofreciendo un muy buen nivel, uniendo en sus conciertos en ocasiones a otros intérpretes, si no muy conocidos, sí muy competentes y musicales. ¿Qué más se puede pedir?

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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