Pamplona Brass Coral Cámara Navarra NAC 10/09/2015

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Jueves, 10 de Septiembre de 2015. Patio del Palacio del Condestable de Pamplona. Pamplona Brass Quartet (Iosu Burguete Zoco e Íñigo Remírez de Ganuza, trompetas; Víctor de Andrés, trombón tenor; Eneko Azparren, trombón bajo). Coral de Cámara de Navarra. David Guindano, director. Carlos Etxeberría: Bi gauzatxo, (2015, estreno absoluto). Guillermo Lauzurika: Tantaka, (2015, estreno absoluto). Elan Higueras: Yeriho, (2015, estreno absoluto). J. Bidaurreta: Dunas, (2015, estreno absoluto). Fernando Remacha: Cuando te miré a los ojos. Jose María Goikoetxea: Arga, (2000). Pascual Aldave: Zer egin dizut. Agusstín González Acilu: Pater noster. Koldo Pastor: Kantatzera nauzu. Juan Carlos Múgica: Soneto, (1980). Carlos Etxeberría: Kyrie, (1987). Yolanda Campos: Zauriak, (2012, estreno en Navarra). Concierto perteneciente al Festival NAC 2015.

 

Organizar un festival de música contemporánea siempre es difícil, y más aún en una ciudad como Pamplona. La capital navarra ha mantenido en los últimos años una actividad musical muy desarrollada, pero el gusto del público y la ausencia general de acuerdo ha hecho que pocas personas y entidades hayan iniciado actividades relacionadas con la música contemporánea con visos de continuidad. El Centro de Música Contemporánea Garaikideak, ya por el hecho de  iniciar una propuesta de este tipo, merece nuestro apoyo y nuestros parabienes, más procedentes aún por su enfoque de difusión de los compositores e intérpretes de las nuevas generaciones.

El concierto que nos ocupa era uno de los más esperados de la cita, porque en él participaba la Coral de Cámara de Navarra bajo la dirección de David Guindano. Para empezar la velada, se contaba con la presencia de unos “teloneros” de lujo. Pamplona Brass Quartet se dio a conocer para el público general cuando presentó la música que Ignacio Fernández Galindo compuso para El acorazado Potemkin, la célebre cinta de Sergei Eisenstein. Como también demostraron en este concierto, se trata de un conjunto solvente y muy eficaz, que no rehúye las dificultades del repertorio más rabiosamente contemporáneo. En esta ocasión, presentaban cinco estrenos de estéticas totalmente diversas, desde la escritura tonal y relativamente convencional de Carlos Etxeberría hasta el montaje electroacústico de Dunas de Bidaurreta. Con todo, si hemos de destacar alguna obra en particular, nos quedaríamos con Yeriho de Helan Higueras. Basada en la célebre historia bíblica del derribo de las murallas de Jericó por los israelíes, la obra explora todo tipo de contrastes y de texturas de timbres entre las trompetas y los trombones, jugando igualmente con efectos espaciales de gran impacto.

La Coral de Cámara de Navarra realizó un somero recorrido por la música coral en nuestra región en el último medio siglo, empezando por Fernando Remacha y terminando por Yolanda Campos. Entre medio, encontramos desde la escritura diatónica y modal de Pascual Aldave hasta los experimentos fonéticos y las disonancias expresionistas del Pater noster de González Acilu, incluyendo estilos más eclécticos como los de Koldo Pastor y Carlos Etxeberría. La selección era, por tanto, muy completa y de gran exigencia técnica. La Coral respondió al reto con mucha convicción y seriedad. Aunque el madrigal de Fernando Remacha sonó desequilibrado y no siempre con buena afinación, el conjunto fue a más conforme avanzaba su intervención. Para quien esto escribe, los momentos culminantes fueron el Pater noster de González Acilu, interpretado con intensísimo sentido dramático, la obra de Aldave, cantada con innegable sentido de la espiritualidad y, sobre todo, Zauriak de Yolanda Campos, una obra bastante afín al mensaje y a los medios de la composición anteriormente escuchada de Acilu y que David Guindano interpretó con especial atención a los detalles.

En algunos momentos del concierto, el público se mostró algo disperso y frío. Se escucharon más voces y más musiquillas de teléfonos móviles de lo que suele ser habitual. Posiblemente sea éste el precio que los compositores contemporáneos han de pagar por unos días de exposición al gran público. Pero más allá del posible abigarramiento de la propuesta, es cierto que este programa permitía acercarse a una gran variedad de músicas compuestas en los últimos años. Y es éste exactamente el objetivo que debe perseguir un festival de música contemporánea.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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