Pablo Maineti Ernest Martínez-Izquierdo Weill Piazolla 21/03/2013

Reivindicación

 

Jueves, 21 de Marzo de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Pablo Mainetti, bandoneón. Orquesta Sinfónica de Navarra. Ernest Martínez-Izquierdo, director. Kurt Weill: La ópera de cuatro cuartos: Selección de la suite, (1929). Astor Piazzolla: Concierto para bandoneón, cuerdas y percusión, (Aconcagua), (1979). Kurt Weill: Sinfonía número 2, (1934). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2012-2013.

 

Cuentan que, en cierta ocasión, un periodista estadounidense preguntó al director de orquesta Arturo Toscanini por su opinión sobre las sinfonías de Mahler. La respuesta del italiano refleja muy bien la opinión general hasta los años sesenta sobre la música del bohemio, conocido entonces simplemente como un gran director de orquesta: “¿Cómo? ¿Es que Mahler también compuso sinfonías?”. Pues bien, en los casos de Kurt Weill y Astor Piazzolla, ocurre aún algo similar. El alemán está etiquetado como autor de música de cabaret; el argentino, como un gran compositor de tangos. Pero ¿qué hay de las incursiones de ambos en obras de más entidad? El concierto que nos ocupa ofrecía una respuesta muy definida.

Se abría el programa con una selección de la suite de La ópera de cuatro cuartos de Weill. Ciertamente, es música muy conocida, y no sólo entre los aficionados a la música clásica, porque estas melodías han sido versionadas muchísimas veces. En esta ocasión, Martínez-Izquierdo logró obtener de la orquesta la sonoridad adecuada, con las aristas requeridas por la escritura de Weill y pocos miramientos a la vertiente más decadente de la obra. Sin embargo, la interpretación no terminó de despegar por falta de espontaneidad. En todo caso, el resultado fue ilustrativo del estilo de Weill.

Mucho más logrado fue el Concierto para bandoneón de Piazzolla, música muy agradable de escuchar que destila ritmos de tango por todas partes, a tiempos más rápidos o más lentos según los casos. Se contaba con un solista de excepción en Pablo Mainetti, un verdadero artista en este particular instrumento de origen vienés. Su melancólico sonido y su gran musicalidad ofrecieron la visión decadente que esta música pide. Ernest Martínez-Izqierdo se dejó arrastrar, y nos dejó disfrutar de una música extraordinaria en todos los aspectos. De propina, Oblivion del mismo autor, en el mismo arreglo escuchado hace dos semanas; la libertad que se tomó Mainetti al adornar y recrear la música fue realmente emocionante.

La Segunda Sinfonía de Kurt Weill ha sido un descubrimiento para quien esto escribe. La obra se divide en tres movimientos, y bebe del estilo de Paul Hindemith, un compositor de idéntica generación de Weill, de quien se toma el aire antirromántico e iconoclasta de la obra. Hay muchos momentos que recuerdan a la Heroica de Beethoven, como los ritmos de acentos desplazados del primer movimiento o la marcha fúnebre del segundo. Aquí, Martínez-Izquierdo realizó una muy buena interpretación, especialmente de los dos últimos movimientos. El tiempo lento sonó a marcha fúnebre tocada en funeral de tercera, como conviene al carácter irónico de la música, y en el tercero retornó el Weill chabacano y cabaretero. Lástima que el primer movimiento no resultara de una claridad tan manifiesta, algo que se habría podido conseguir con un tempo más amplio. En todo caso, una versión muy interesante de una obra a tener muy en cuenta.

En conjunto, esta velada nos reunió con dos compositores muy conocidos, que están relegados injustamente a la categoría de compositores menores. El éxito final fue importante, y muestra nuevamente que no toda la música del siglo XX ha de ser necesariamente aburrida.

 

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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