Orquesta Conservatorio Navarra Vicent Egea Beethoven Egea Wagner Bizet 03&05/2013

Un gran día que necesita continuidad

 

Viernes, 3 de Mayo de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Navarra. Josep Vicent Egea, director. Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 7 en La mayor, Op. 92, (1812). Josep Vicent Egea: Obertura Baluarte, (2003). Richard Wagner: Los maestros cantores de Núremberg, WWV 96: Obertura, (1868). Georges Bizet: La arlesiana: Suite número 2, (compilada por Ernest Giraud en 1880), (1872). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2012-2013.

 

Desde que se anunció la actual temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra,  esperaba el concierto que nos ocupa con expectación. En cierta medida, parecía lógico que la colaboración entre diferentes instituciones llevara a la Orquesta del Conservatorio al ciclo de abono de la Sinfónica de Navarra, algo que evidentemente es muy positivo para los alumnos del Conservatorio, al añadirles el incentivo de participar en un ciclo ordinario de abono. Sin embargo, esa misma presencia conllevaba la responsabilidad de hacer un buen papel especialmente en términos de respuesta orquestal, algo que teniendo en cuenta la exigencia de las obras en programa, no era precisamente tarea fácil.

En ese aspecto, los resultados finales fueron  realmente conseguidos. Se notó que la Orquesta del Conservatorio ha trabajado mucho y ha pulido sus diferentes secciones. La cuerda sonó con cuerpo y carácter; el metal, dejando al margen pequeñas imprecisiones de las trompas, resultó de gran nobleza y las maderas realizaron un trabajo excepcional, con algunos solistas especialmente destacados.

Vicent Egea planteó la Séptima Sinfonía de Beethoven desde una perspectiva muy actual, en línea con su preocupación de respetar al máximo las indicaciones beethovenianas tradicionalmente desatendidas. Fue una versión construida de un solo trazo, que incidió en la energía vital que caracteriza a la obra. Los tiempos eran objetivamente rápidos, sobre todo en el Allegretto, en donde sin embargo se consiguió que la música no perdiera hondura. Los dos movimientos últimos en especial fueron una gran demostración de virtuosismo orquestal, apenas una muestra de lo que había de venir en la segunda parte.

La Obertura Baluarte, más conocida porque sus primeros compases sirven para anunciar los avisos previos al comienzo de los espectáculos en esta sala, fue tomada igualmente con entusiasmo, pero no se renunció a la vertiente lírica de la obra. En ello tuvieron mucho que ver las intervenciones de las cuerdas altas y del corno inglés. La obertura de Los maestros cantores fue tocada con la profundidad germánica deseable, y con esa mezcla de gravedad, espíritu festivo y melancolía que la música exige. Si Egea hubiese postergado unos pocos compases el accelerando final, habría terminado por redondear una versión que, en todo caso, resultó de gran nivel.

Queda finalmente lo mejor de todo el concierto. La segunda suite de La arlesiana se abrió con una Pastoral que pudo parecer en principio demasiado lenta, pero que acabó ganando al público por la rusticidad del sonido orquestal. La solemnidad del Intermezzo dio paso a un Minueto muy logrado, en el que la solista de flauta hizo un trabajo extraordinario, a la altura de la importancia de ese solo. La Farándula cerró el concierto con brillantez y logró entusiastas aplausos del público, hasta el punto de que hubo de ser repetida.

En conjunto, fue un concierto de gran interés, que demuestra nuevamente el trabajo que, con toda diligencia, se realiza en el Conservatorio Superior y el entusiasmo que caracteriza a las orquestas formadas por músicos jóvenes. Ciertamente, un gran día que debería tener continuación en éste y otros foros, más aún considerando el notable éxito de público.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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