Orfeón Pamplonés Douglas Sheldon 02/07/2015

Mejora continua

 

Jueves, 2 de Julio de 2015. Iglesia del Convento de los Carmelitas Descalzos de Pamplona. Andrea Jiménez, soprano. Jose Antonio López y Robin Lee, barítonos. Escolanía del Orfeón Pamplonés. Juan Gaínza, director de la escolanía. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Santiago Blanco, Mikel Arkauz, Juan Luis Novo y Héctor Prieto, trombones. Raúl del Toro, órgano. Douglas Sheldon, director. Johannes Brahms: Canción espiritual, Op. 30, (1856). Gabriel Fauré: Requiem en Re menor, Op. 48, (1893). Anton Bruckner: Dos Aequale para tres trombones, WAB 114 y 149, (1847). Locus iste, WAB 23, (1869). Virga Jesse, WAB 52, (1885). Inveni David, WAB 19, (1868). Felix Mendelssohn: Elías, Op. 70: Wer bis tan das Ende behart, (1846). . Joseph Reinberger: Canción de la tarde. Pablo Casals: O vos omnes, (1932). Felipe Gorriti: Popule meus. Christus factus est. Espirituales negros: Babylon’s falling, (arreglo de Kari Ala Pollánen). My God is a rock, (arreglo de Show y Parker). Concierto inscrito en los actos de conmemoración del sesquicentenario de la fundación del Orfeón Pamplonés.

 

En el mundo empresarial, es muy frecuente utilizar el concepto de mejora continua para destacar la necesidad de no quedarse estancado. Por mucho que las operaciones logísticas de una firma parezcan funcionar con la precisión de un reloj suizo, siempre quedará algún aspecto que pueda funcionar de manera más eficiente. Si esto es aplicable a un ámbito tan organizado y estudiado como el económico, tanto más lo será en un ámbito como el artístico, en donde la perfección absoluta es, por definición, inalcanzable.

Como es bien sabido, el Orfeón Pamplonés está atravesando un período de esplendor, pero hay un repertorio en el que habitualmente no suele dar su mejor nivel: las obras a capella o con acompañamiento instrumental reducido. Esta carencia es natural en un coro cuyas actuaciones se centran en la música sinfónica, pero con buen criterio, se ha optado por preparar entre los actos de conmemoración de los ciento cincuenta años de la fundación del conjunto un concierto conducido por uno de los grandes directores corales de la actualidad, Douglas Sheldon. Esto daba ocasión a que el Orfeón Pamplonés enriqueciera su repertorio y se entrenara en un conjunto de obras indispensables para toda agrupación coral importante.

El eje central del comienzo del concierto era el Requiem de Fauré, una obra muy frecuentada por el Orfeón Pamplonés pero que, a día de hoy, le presenta algunos problemas. La agrupación realizó un gran trabajo en las secciones más expansivas, como en el clímax del Sanctus, y alcanzó algunos momentos líricos muy meritorios, como el comienzo del Domine Jesu Christe. Pero en el Requiem inicial o el In Paradisum final, entre otros, hubo dudas de afinación. La dirección de Douglas Sheldon resultó muy acertada, puesto que supo interpretar la obra con la pausa debida. Raúl del toro realizó un acompañamiento admirable. Andrea Jiménez cantó muy bien el Pie Jesu, aunque sin la pureza infantil deseable, y Jose Antonio López realizó una buena prestación, aunque excesivamente melodramática en el Libera me.

La actuación del Orfeón Pamplonés mejoró con la llegada de los motetes sin acompañamiento instrumental. Con los cantantes ya en la cabecera de la iglesia y no en el coro, afrontó con decisión y entrega un repertorio que la agrupación apenas había frecuentado. En particular, destacó el Inveni David de Bruckner, en el que la sección masculina demostró por qué está tan altamente valorada, y toda la parte final del concierto, que contó con la participación de la escolanía, extraordinaria como siempre. El nivel directorial fue a más. Si al Locus iste y al Virga Jesse les faltó la pausa y el recogimiento que los trombonistas de la Sinfónica de Navarra sí consiguieron en los dos Aequale, Douglas Sheldon mostró más afinidad con el fragmento del Elías de Mendelssohn y supo entender las extraordinarias riquezas de los motetes de Casals y Gorriti. Finalmente, se notó que en los espirituales negros Sheldon estaba en su terreno. Alimentados por el entusiasmo evidente de la escolanía, todos rindieron a su mejor nivel y, como resultado, el Orfeón Pamplonés se mostró mucho más convincente en este repertorio que en sus últimas incursiones.

En conjunto, nos alegramos de percibir que, también sin acompañamiento orquestal, el Orfeón Pamplonés sigue en proceso de mejora continua. Este concierto con Douglas Sheldon es buena demostración.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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