«MÚSICA POR DESCUBRIR» CON LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA EN EL TEATRO MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Música clásica: Xabier Armendáriz

“Música por descubrir”

Martes, 21 de Noviembre de 2023. Teatro del Museo Universidad de Navarra. Amaia Turumbay, flauta. Abel Gordejuela, violonchelo. Xabier Blázquez, trombón. Orquesta Sinfónica de la Universidad de Navarra. Borja Quintas, director. Cecile Chaminade: Concertino para flauta y orquesta en Re mayor, Op. 107, (1902). Joseph Haydn: Concierto para violonchelo y orquesta número 1 en Do mayor, Hob. XVII B número 1: Primer movimiento, (1765). Launy Grondahl: Concierto para trombón y orquesta: Primer movimiento, (1924). Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 5 en Do menor, Op. 67, (1808). Concierto organizado por la Universidad de Navarra.

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Cada vez que acudimos a conciertos orquestales, se pone de manifiesto constantemente la desigualdad con la que se ven tratados, también en el repertorio, los distintos instrumentos musicales. Se pueden contar con los dedos de una mano los conciertos, en cada temporada, donde los solistas son instrumentistas diferentes del piano o el violín. De esta manera, hay un extensísimo repertorio de obras que no se escuchan nunca en concierto, y no por falta de calidad, sino porque al estar escritas para instrumentos menos mediáticos y/o por compositores menos populares, no se programan.

Por eso, es particularmente bienvenida la iniciativa que, desde hace años, realiza la Orquesta de la Universidad de Navarra. Esta formación organiza cada año un concurso donde sus componentes pueden presentarse tocando un concierto destinado a su instrumento, y los ganadores consiguen el derecho a interpretar un movimiento, (a veces incluso la obra completa), con la propia orquesta. Así, hemos podido escuchar en la primera parte de la sesión que nos ocupa una obra íntegra y dos movimientos de concierto. De los tres, sólo el concierto para violonchelo de Haydn es conocido por el público general, pero las obras de Chaminade y Grondahl sí son muy celebradas entre los intérpretes de flauta y de trombón, respectivamente.

Más exactamente, el Concertino para flauta y orquesta de Cecile Chaminade es una breve pieza en un movimiento, que demuestra que la autora aprendió bien los recursos y la armonía de César Franck, el compositor belga fallecido pocos años antes. Fue interpretado por Amaia Turumbay, una flautista de sonido no especialmente denso ni voluminoso pero sí de calidad, que fraseó con calidez durante toda la obra y demostró dominar bien los silencios en la cadencia. El Concierto para violonchelo en Do mayor de Haydn sí es ahora bien conocido de los aficionados, (hasta hace medio siglo no era así), y Abel Gordejuela demostró que posee la técnica y la expresión justa para ofrecer la obra en su plenitud. Por último, el primer movimiento del concierto para trombón de Launy Grondahl no ofrece el estilo neoclásico tan en boga en su momento histórico, pues todavía responde a las características y la escritura propias en cierta medida de la segunda mitad del siglo XIX. Xabier Blázquez ofreció una interpretación de la obra de gran eficacia y cargada de saber hacer. La Orquesta de la Universidad de Navarra acompañó las tres obras con gran propiedad y atendiendo a los estilos propios de cada compositor, bajo la eficaz mano de Borja Quintas.

Advertía el programa de mano de la dificultad que supone para cualquier orquesta la interpretación de la Quinta Sinfonía de Beethoven, la obra con la que se completaba la sesión. El director decidió plantear una interpretación moderna de la obra, teniendo en cuenta las indicaciones de metrónomo de Beethoven, y optó por una versión enérgica y acelerada de la sinfonía. El resultado fue una lectura donde se percibió una incomodidad general entre los músicos de la orquesta, que apenas pudieron detenerse en sutilezas o en atender a cuestiones de fraseo; también hubo algún error de ejecución.  La orquesta recibió fuertes aplausos al final de la interpretación, más que merecidos por el esfuerzo que los músicos individuales tuvieron que realizar.

En conjunto, el interés del concierto fue poder constatar que, en realidad, hay un inmenso repertorio por explorar, si tenemos en cuenta los conciertos no escritos para piano o para violín. Debemos agradecer a la Orquesta de la Universidad de Navarra la oportunidad de que un público más amplio pueda conocer estas obras.

Autor entrada: xabier armendariz

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