Mozart Shostakovich Katia Marielle Labéque Sinfónica BBC Semyon Bychkov 31/07/2015

La necesidad del control

 

Viernes, 31 de Julio de 2015. Royal Albert Hall de Londres. Katia y Marielle Labéque, pianos. Orquesta Sinfónica de la BBC. Semyon Bychkov, director. Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para dos pianos y orquesta en Mi bemol mayor, KV 365, (1779). Dimitri Shostakovich: Sinfonía número 7 en Do mayor, Op. 60, (Leningrado), (1941). Prom 18 de la BBC 2015.

 

Los seres humanos tenemos muchas cosas que nos diferencian, pero una de ellas es nuestro mayor o menor afán por controlar las situaciones. Hay personas a las que no les importa la improvisación y se sienten cómodas en situaciones que no controlan completamente. Les gusta la espontaneidad y dejar que todo surja por sí solo. Otras personas, sin embargo, pretenden asegurarse todos los detalles en su vida; a veces, su obsesión llega a un extremo tan considerable que terminan amargando su propia existencia y la de los demás.

El Royal Albert Hall es una sala de conciertos que no fue hecha para ninguno de estos dos extremos de comportamiento. Cuando se ofrece un concierto en el Royal Albert Hall, hay que contar con la acústica de una sala muy resonante que tenderá a confundir y a mezclar determinadas texturas. No obstante, esta resonancia disminuye radicalmente conforme se llena el recinto de público. Un director inteligente debería tener todos estos condicionantes en cuenta y manejar la acústica de acuerdo con sus intereses, sin desentenderse ni obsesionarse con el resultado. Semyon Bychkov no siempre cumplió esta premisa.

No sería justo decir que el tempo que Semyon Bychkov y las hermanas Labéque tomaron para el Concierto para dos pianos de Mozart fuera excesivamente rápido. Sí se puede decir que era un tempo ligero, pero en cualquier otro auditorio distinto al Royal Albert Hall habría sido efectivo. Aquí, sin embargo, las texturas tendieron a confundirse. Por otra parte, fue una interpretación alegre pero muy leve, carente de todo dramatismo. Las hermanas Labéque, con su habitual toque elegante pero más bien frío, no transmitieron a un público que, en realidad, esperaba mayoritariamente a la segunda parte. La propina, una obra con cierto estilo minimalista similar a Michael Nyman, sí fue mejor interpretada; las hermanas Labéque se sentían más cómodas y recibieron abundantes aplausos de la arena.

En la Sinfonía número 7 de Shostakovich, Semyon Bychkov sí consiguió manejar a la orquesta de manera más eficaz, pero lo hizo olvidándose de perfilar algunos aspectos de su interpretación. En conjunto, se trató de una lectura superficial y, en ocasiones, bastante efectista. Al comienzo del primer movimiento le faltó sentido de la tragedia, y al crescendo de la sección central le sobraron un par de accelerandi sospechosamente populistas. En los dos movimientos siguientes se perdió buena parte de la tensión, especialmente en un tercer movimiento que apenas tenía vida. Significativamente, el Finale de la obra, lo más superficial de la composición, sí recibió una interpretación a la altura de lo esperable de un director “especialista” en Shostakovich como Bychkov. Los aplausos de la arena empezaron muy fuertes pero se diluyeron con rapidez.

En conjunto, el concierto que nos ocupa no cumplió con las expectativas de un público que esperaba, al menos, una gran versión de la sinfonía de Shostakovich. Semyon Bychkov, que se ha enfrentado con frecuencia a retos mucho mayores que el que nos ocupa con éxito, no acertó en esta ocasión por no saber cómo controlar en su grado justo unas interpretaciones que, a la postre, resultaron superficiales y vacías de contenido.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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