Monteverdi Orfeo John Elliot Gardiner 04/08/2015

Reinventando a Monteverdi

 

Martes, 4 de Agosto de 2015. Royal Albert Hall de Londres. La fábula de Orfeo: Leyenda en un prólogo y cinco actos con libreto de Alessandro Striggio el Joven y música de Claudio Monteverdi, estrenado en el Palacio Ducal de la Corte de Mantua el 24 de Febrero de 1607. Krystian Adan (Orfeo), Mariana Flores (Eurídice / Esperanza), Francesca Aspromonte (Música / La Mensajera), Gianluca Buratto (Caronte / Plutón), Francesca Boncompagni (Perséfone), Andrew Tortise (Apolo / Pastor I), Esther Brazil (Ninfa), Gareth Treseder (Pastor II / Espíritu II / Eco), Nicholas Mulroy (Espíritu I), James Hall (Pastor III), David Shipley (Pastor IV / Espíritu III). Coro Monteverdi de Londres. English Baroque Soloists. John Elliot Gardiner, director musical. Prom 25 de la BBC 2015.

 

Los intérpretes que se dicen “históricamente informados” se enfrentan a menudo a un importante dilema. La doctrina musicológica estricta y de la interpretación historicista exigiría, al menos en teoría, que los intérpretes actuales reprodujeran al máximo posible la manera en que la música de las épocas pasadas sonó en su momento, pero no siempre esto es posible ni deseable. En la actualidad, escuchamos las obras de épocas pasadas en lugares muy distintos a aquéllos en los que estas músicas fueron concebidas, lo que hace en muchos casos imposible poder reproducir con exactitud las técnicas interpretativas del pasado, al menos si pretendemos que la música interpretada mantenga su esencia.

Interpretar una obra como el Orfeo de Monteverdi en una sala tan amplia como el Royal Albert Hall es, sobre el papel, un disparate histórico. La primera ópera de Monteverdi que hoy conservamos fue estrenada en una pequeña sala del Palacio Ducal de la Corte de Mantua, (hoy no sabemos cuál), con muy pocos instrumentistas y cantantes. Pretender exportar las técnicas interpretativas que allí se utilizaran a un espacio como el Royal Albert Hall habría sido inviable. Pero John Elliot Gardiner, el director que debía enfrentar esta difícil tarea, teóricamente defiende la recreación del espíritu de Monteverdi. ¿Cómo sería capaz el intérprete británico de lograr tal cosa?

En primer lugar, hay que citar la particular disposición de cantantes e instrumentistas en la sala. Gardiner situó en el escenario principal un conjunto formado por las cuerdas y el grueso del continuo, incluyendo tiorba y órgano di legno. En este plano, se “representaba” buena parte de la ópera, concretamente la que tiene lugar en “el mundo de los vivos”. En un escenario lateral, se encontraban los sacabuches y cornetos, además del realejo; desde allí sonaron las fanfarrias que inauguran la ópera y el tercer acto, y allí se representó el cuarto acto, que tiene lugar en la ópera en el Hades. Aunque formalmente era una interpretación en concierto, sí había bastante “representación”. Así, la Mensajera iniciaba su primera intervención desde el lado opuesto de la arena, y se iba acercando al escenario conforme iba respondiendo a las preguntas de Orfeo; al llegar a su monólogo, ya se encontraba en la escena principal. El Eco cantaba su parte desde una de las gradas laterales superiores de la sala. Los coros de ninfas y pastores, igual que la moresca final, tuvieron coreografía. En fin, Gardiner y su equipo quisieron dotar de mayor dramatismo a esta interpretación y dinamizarla con efectos dramáticos, algo que el público agradeció enormemente.

Por otra parte, John Elliot Gardiner ha cambiado mucho su concepción de la obra. En su grabación de estudio para Archiv, asistíamos a una suerte de Arcadia ideal. Se trataba de una interpretación muy estilizada, poco pasional, aunque técnicamente perfecta. Ahora, Gardiner presenta un concepto más contrastado y teatral, más dinámico. Aunque la orquesta siguió sonando con la misma brillantez técnica de siempre, los coros de pastores y ninfas del primer acto resultaron mucho menos refinados, a veces incluso demasiado toscos y ruidosos. Por el contrario, los cantantes parecían más liberados en los recitativos y mucho más metidos en sus respectivos papeles.

Orfeo no es en general una ópera que requiera grandes voces, con la excepción del protagonista, sino sobre todo un equipo vocal eficaz y completo. A este respecto, Krystian Adan no pareció un intérprete técnicamente perfecto, pero sí supo resolver con eficacia sus pasajes de canto adornado y florido. Los demás cantantes supieron cumplir asimismo con eficacia, aunque Gianluca Buratto resultó quizá demasiado tosco como Caronte y Plutón. Ambas criaturas del Hades tienen que mostrar autoridad en esta ópera de Monteverdi, y por eso mismo no deberían mostrar una maldad tan inmediata desde el primer momento.

En todo caso, el éxito de la función fue indiscutible. Buena parte del público que abarrotaba el Royal Albert Hall aplaudía con el entusiasmo que habitualmente sólo muestran los promers de la arena. Más allá de las pretensiones historicistas, saber reinventar la música al interpretarla incluso con medios o en situaciones tan distintos a los originalmente previstos por el compositor es una gran virtud, a la que un intérprete actual no puede renunciar.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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