Montalbetti Beethoven Mendelssohn Filarmonía Galicia Sergei Yerokin Jonathan Webb 10/10/2014

De intercambio

 

Viernes, 10 de Octubre de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Sergei Yerokin, piano. Orquesta Real Filarmonía de Galicia. Jonathan Webb, director. Mauro Montalbetti: Cantos de los granos de arena, (2014, obra encargo de la Orquesta Real Filarmonía de Galicia y del Centro Nacional de Difusión Musical). Ludwig van Beethoven: Concierto para piano y orquesta número 5 en Mi bemol mayor, Op. 73, (Emperador), (1811). Felix Mendelssohn: Sinfonía número 4 en La mayor, Op. 90, (Italiana), (1833). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2013-2014.

 

Los intercambios entre las orquesta sinfónicas no son novedad, y mucho menos en España, donde siempre ha habido contactos importantes entre nuestras agrupaciones. Tienen estos intercambios una función doble: permiten a las orquestas exhibirse y presentarse ante públicos a los que no están habituados, y permiten al público habitual de las orquestas disfrutar de otros conjuntos, muchas veces al menos tan bien preparados como la orquesta residente. En nuestro caso, el conjunto invitado era la Orquesta Real Filarmonía de Galicia, que tras algunos años bajo la férrea batuta de Antoni Ros Marbá, acudía a Pamplona junto al director Jonathan Webb. Desde luego, la orquesta gallega demostró estar a la altura.

Se abría el programa con Cantos de los granos de arena del compositor italiano Mauro Montalbetti, una figura poco conocida que merecería una mayor difusión. Encargada para conmemorar la peregrinación que San Francisco de Asís realizó a Santiago de Compostela, la obra muestra un estilo muy homofónico, en donde las teorías de los armónicos encuentran una aplicación práctica, con un sabio equilibrio en el manejo de la “consonancia” y la “disonancia”. En muchos momentos se usan amplios acordes de notas tenidas en la cuerda aguda, que sirven para mostrar la soledad del viandante frente al paisaje desierto en el que camina. Quienes buscaran una melodía definida ciertamente no pudieron encontrarla, pero la obra está muy bien escrita y merecía una acogida más cálida, aunque el final en pianissimo no favorecía una reacción espontánea del público. La actuación de la orquesta y el director fue admirable.

Sergei Yerokin tiene todos los elementos para poder hacer una gran interpretación del Quinto concierto para piano de Beethoven. Tiene un sonido muy maleable, capaz de grandes extremos dinámicos, y no necesita forzar al piano para crear el clima heroico que exige la obra de Beethoven en general y este concierto en particular. Sin embargo, mostró que como intérprete tiene una asignatura pendiente: el manejo del tempo. Muchos pianistas suelen aprovechar los pasajes líricos del primer y el tercer movimiento para adoptar allí tempi ligeramente más lentos, pero Yerokin fue demasiado lejos y nos hizo perder la perspectiva del conjunto de la obra. En las cadencias esto fue particularmente perjudicial, porque el discurso resultaba poco fluido. La propina, posiblemente una transcripción de Liszt de un lied romántico, no ofreció novedad. Jonathan Webb acompañó con brío beethoveniano frente a una orquesta muy inspirada, especialmente por lo que respecta a las maderas.

Dice una antigua tradición que el segundo movimiento de la Cuarta Sinfonía de Mendelssohn fue inspirado por el paso de una procesión de Semana Santa. La veracidad del testimonio es dudosa, pero Webb pareció darla por buena y tomó un tempo demasiado lento. Fue, en todo caso, el único detalle discutible de una interpretación muy bella y caracterizada por su lirismo. En particular, fue muy destacable el Saltarello final, un verdadero reto para la orquesta, y mucho más al endiablado tempo de Webb, que por otra parte es el adecuado para la trepidante música de la que hablamos.

En conjunto, fue un concierto de interés, en donde la Orquesta Real Filarmonía de Galicia demostró un gran  nivel. Demos gracias a los intercambios orquestales, por darnos ocasión de comprobarlo.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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