Mónica Melcova Órgano de Vera de Bidasoa 21/09/2013

Elogio al buen hacer

 

Sábado, 21 de Septiembre de 2013. Iglesia de San Esteban de Vera de Bidasoa. Mónica Melcova, órgano (Aquilino Amézcoa, 1896). Louis Marchand: Gran diálogo en Do. Domenico Scarlatti: Tres sonatas para teclado. Johann Sebastian Bach: Preludio y fuga en Do menor, BWV 546, (1722). Mónica Melkova: Improvisaciones sobre melodías populares de Vera de Bidasoa. Louis Vierne: Claro de luna, Op. 53 número 5. Juan Bautista Cabanilles: Tiento de batalla de quinto tono. Concierto inscrito en el XXIX Ciclo de Música para Órgano en Navarra 2013, conmemorativo del bicentenario de la Batalla del Puente de San Miguel.

 

Hay instrumentos musicales que, por su historia y su evolución, siempre han llamado la atención de los estudiosos. De ellos, el órgano ha sido siempre el instrumento de teclado que más interés ha despertado, por sus orígenes remotos en el tiempo, su extraordinaria evolución  y la complejidad de mecanismo en su forma actual. En el Ciclo de Música para Órgano de Navarra, que este año celebra su vigesimonovena edición, se continúa una tarea de divulgación de la música dedicada a este instrumento que, aunque siempre ha estado presente en nuestra cultura, es un gran desconocido.

En el evento que nos ocupa, se trataba de dar a conocer un órgano histórico, construido a finales del siglo XIX para la iglesia de San Esteban de Vera de Bidasoa. Un órgano concebido por Aquilino Amézcoa que, frente a las posibilidades limitadas del órgano ibérico tradicional en España, debía servir para interpretar una variedad de repertorio mucho mayor, que incluía las grandes obras del Barroco alemán y, por supuesto, la más moderna literatura para órgano que se escribía entonces. Este órgano se conserva en la iglesia sin ninguna alteración, y la conmemoración del bicentenario de la batalla del Puente de San Miguel fue un hilo conductor adecuado para programar este encuentro.

Se inició la cita con una detallada exposición, a cargo de Berta Moreno, sobre los órganos que precedieron al actual en la Iglesia de San Esteban de Vera, y las circunstancias de la construcción del órgano de Amézcoa. A continuación, Ester San Miguel describió con mucho detalle, y con didactismo innegable, todo el mecanismo interno del instrumento, en una exposición reforzada por imágenes proyectadas en pantalla y algunas ilustraciones musicales.

Finalmente, llegó el concierto propiamente dicho, ofrecido en este caso por la organista eslovaca Mónica Melcova. Para esta ocasión, el repertorio escogido incluía  obras de compositores provenientes de diversas nacionalidades, con los que se quería reflexionar sobre la crueldad de la guerra. Concretamente, se incluía música concebida para el órgano ibérico tradicional, como la de Cabanilles, y obras del Barroco francés, italiano y alemán y del siglo XX. No estando presentes  autores de todas las nacionalidades que intervinieron en la Guerra de la Independencia, la selección musical fue adecuadamente variada y, en general, bien pensada en relación al instrumento del que se disponía.

En cuanto a las interpretaciones, Melcova se mostró en general muy centrada en los estilos. Si en la obra inicial de Marchand tuvo que adaptarse aún a la acústica de la iglesia y sorprendió el uso de la trompetería en la primera de las sonatas de Scarlatti, fue a más en el resto de la actuación. Especialmente conseguido fue el Preludio y fuga bachiano y sorprendentes fueron las dos improvisaciones, de una gran modernidad armónica, en las que las melodías que servían de pretexto terminaron por resultar irreconocibles. Mientras tanto, se presentaban imágenes de guerra que alternaban con otras en las que se  podía apreciar cómo  Melcova usaba los diferentes teclados y  los registros del órgano.

En conjunto, fue una velada que mostró buen hacer por todas partes: el buen hacer de Aquilino Amézcoa al construir el órgano de San Esteban, el de Berta Moreno y  Ester San Miguel en la explicación del instrumento,  el de Mónica Melcova, que mostró gran valía como instrumentista y el de los  técnicos que apoyaron a todas ellas. El Ciclo de Música para Órgano de Navarra merece, ciertamente, nuestra atención.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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