Miserere Eslava Catedral de Pamplona 01/04/2015

La máquina del tiempo

 

Miércoles, 1 de Abril de 2015. Catedral de Santa María la Real de Pamplona. Andrea Jiménez y Noemí Irisarri, sopranos. Hugo Bolívar, contratenor. Thomas Bettinger, tenor. David Ortega, bajo. Coro de la Federación de Coros de Navarra. Jose Antonio Huarte, director del coro. Orquesta Sinfónica Goya. Jesús María Echeverría, director. Hilarión Eslava: Gran Miserere para solistas, coro y orquesta, (1835). Concierto inscrito en el Ciclo Música para un tiempo de oración organizado por el Ayuntamiento de Pamplona.

 

En los últimos años, parece que lo “retro” está más de moda que nunca. En la televisión, abundan los programas que recuerdan los tiempos de la Movida madrileña y Cuentamé cómo paso es una de las la series más exitosas. Los discos de vinilo  están empezando a resurgir, aunque tímidamente, y han circulado algunas grabaciones actuales editadas en el viejo soporte analógico. Y es que, en realidad, la nostalgia nunca ha pasado de moda.

Los aficionados de cierta edad que asistieron al concierto que nos ocupa en la Catedral posiblemente recuerden aquellos tiempos en los que el Miserere de Eslava sonaba año tras año en dicho recinto. En realidad, no es que el Miserere no se haya vuelto a escuchar en Pamplona desde 1992, (si no nos equivocamos, el Orfeón Pamplonés lo hizo alguna vez posteriormente, aunque en el Teatro Gayarre), pero sí es verdad que habían pasado varios años sin que esta obra pudiera oírse en Pamplona.

Y es que el Miserere de Eslava no es una obra fácil. Encontrar el coro, la orquesta y los solistas adecuados no es sencillo, pero es sólo la mitad del trabajo. Nunca ha existido una partitura del todo fiable de la obra, y para el director plantea retos considerables. Las influencias de Bellini parecen evidentes y han sido subrayadas muchas veces; el dramatismo es a menudo de gran efecto. Pero también hay momentos menos logrados en los que  la tensión parece relajarse. Añádase a esto una acústica complicada, como la de la Catedral de Pamplona, y se entenderá la dimensión del reto que se planteaba.

Por fortuna, el director escogido para la ocasión era muy adecuado. Jesús María Echeverría es un músico de gran inteligencia, y supo destacar adecuadamente los rasgos belcantistas de las melodías y la calidez lírica de la obra en su conjunto. Supo manejar la acústica de la catedral y acompañar bien a los cantantes. Ocasionalmente, se dejó llevar por el impulso y aceleró el tempo en las secciones más extrovertidas. Pero es que cualquier decisión a este respecto habría sido conflictiva porque un tempo demasiado lento puede hacer que esta obra se haga pesada. En conjunto, fue un trabajo muy eficaz.

Los solistas no tienen intervenciones extensas, pero sí importantes. El tenor Thomas Bettinger no mostró una voz muy sonora, pero sí la expresividad adecuada en cada momento, algo que también se puede predicar de David Ortega y Hugo Bolívar. La mejor intervención solista la ofrecieron Andrea Jiménez y Noemí Irisarri, que cantaron su dúo mostrando que eran las dos voces más completas del conjunto.

El coro, muy numeroso, había sido preparado por Jose Antonio Huarte, que conoce la obra al dedillo por haberla preparado con el Orfeón Pamplonés  tantos años seguidos. Su actuación fue muy empastada y eficiente. La Orquesta Sinfónica Goya se mostró como un muy buen conjunto, en el que destacaron los solistas de la madera, (particularmente clarinete, oboe y flauta), especialmente cómodos con la lírica concepción de la batuta.

En conjunto, este concierto recuperaba una obra que tiene calidad suficiente para mantener su hueco en las programaciones de la Semana Santa pamplonesa, alternando con otras obras que fueron igualmente tradicionales y que esperan una recuperación, como Las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz de Theodor Dubois. Para muchos, sería el complemento ideal de este trayecto en la máquina del tiempo.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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