McMillan Mahler Sinfónica BBC Escocia Donald Runnicles 03/08/2015

Sin excesos

 

Lunes, 3 de Agosto de 2015. Royal Albert Hall de Londres. Orquesta Sinfónica Nacional de la BBC de Escocia. Donald Runnicles, director. Sir James McMillan: Sinfonía número 4, (2015, estreno absoluto, encargo de la BBC). Gustav Mahler: Sinffonía número 5, (1902). Prom 24 de la BBC.

 

Las obras de Gustav Mahler son, a menudo, incomprendidas. Es cierto que, tal como decía Leonard Bernstein, Gustav Mahler tenía una personalidad muy contrastada, y que muchos de esos extremos pueden encontrarse en las sinfonías. Pero precisamente a partir del influjo de las interpretaciones de Bernstein, parece que muchos directores se muestran demasiado dispuestos a enfatizar estos contrastes, de manera que nos encontramos frente a versiones caricaturizadas y poco reflexivas de estas obras.

NO es el caso de Donald Runnicles en el concierto que nos ocupa. Ya desde que el trompeta solista inició su famosa intervención inicial, se anunció una marcha fúnebre de tempi muy reposados pero que avanzó con seguridad y rigor. Asistimos a una interpretación muy bien calculada en los contrastes y en los cambios de tempo, particularmente en un segundo movimiento adecuadamente tempestuoso y grandioso, y en un tercer movimiento en el que el director no tuvo ningún problema en manejar adecuadamente los numerosos Ländler que aparecen. El mismo Adagietto, tantas veces malentendido, recibió una interpretación sobria, pero no carente de emoción ni del lirismo plenamente romántico. Por lo que respecta al Finale, fue una verdadera lección de principio a fin. Tomado sin precipitación, el movimiento no resultó en ningún momento vaciado de su contenido, pero la interpretación tampoco resultó excesivamente académica.

Por otra parte, los miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional de la BBC de Escocia realizaron un trabajo formidable a lo largo de toda la interpretación. A Mahler le gustaba llevar a sus instrumentistas a un grado de exigencia máximo, y una orquesta que se enfrente a una obra como la Quinta Sinfonía del compositor bohemio tiene que estar, en ese sentido, muy bien preparada. Aunque ninguno de los solistas de la orquesta hizo un trabajo especialmente destacable, (salvo quizá el trompista del tercer movimiento), el sonido de la orquesta en su conjunto sí resultó plenamente mahleriano, lleno de vigor y brillantez. Los promers, particularmente los de la arena, supieron reconocer el esfuerzo de la orquesta y el director con una ovación acorde con el magnífico nivel de la interpretación que se acababa de oír.

La primera parte había conocido el estreno de una nueva sinfonía, la Cuarta, del compositor escocés James McMillan. Este ilustre músico ha sido desde hace unos años uno de los compositores de vanguardia más promocionados, y ciertamente hay razones para ello. La nueva sinfonía es una obra en un extenso movimiento, de más de media hora de duración. Empieza y termina con misterio y expectación, y entre medio se escucha material musical de procedencia muy diversa. Hay disonancias y momentos de claro sentido expresionista, pero ocasionalmente también reminiscencias de la música inglesa de finales del siglo XVI. En algunos momentos, un sector de la sección de cuerda toca separada de los demás instrumentistas, creando la sensación de un consort de violas renacentista, mientras las maderas hacen comentarios burlescos. La obra está formalmente muy bien construida y los músicos de la orquesta la defendieron con evidente convicción, comandados por un Donald Runnicles especialmente inmerso en la obra. Por otra parte, el éxito fue más que notable, y el compositor tuvo que salir varias veces a saludar.

Fue en conjunto un concierto de gran nivel, en donde conocimos una nueva obra que, a buen seguro, tendrá mucho recorrido, y escuchamos una versión de la Quinta Sinfonía de Mahler sin excesos, pero cargada de musicalidad y emoción. ¿Se puede pedir algo más de un concierto?

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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